Entre los barrios más bonitos y más famosos de París, Montmartre es sin duda el más característico. Esta zona de la capital francesa es conocida en todo el mundo por muchas razones, pero la más célebre tiene que ver con los numerosísimos artistas que la habitaron, desde la Belle Époque hasta nuestros días.

Entre los más conocidos habrás visto al menos una obra de Modigliani, Picasso, Renoir, Cézanne, Van Gogh o Soutine, por citar solo a algunos.

¡Pero el ansia creativa de este barrio no se quedó en el siglo XX!

Igual que hace cien años, también hoy la colina de Montmartre de París es un auténtico hervidero. De día te cruzarás con muchísimos artistas callejeros, músicos y pintores que eligen estas calles románticas para actuar entre los turistas. De noche, en cambio, encontrarás todo tipo de diversión en la cercana zona de Pigalle.

En definitiva, este barrio es sin ninguna duda una de las cosas que ver en París.

Pero ¿qué ver en Montmartre, cómo llegar y dónde comer?

Aquí abajo tienes la respuesta a todas estas preguntas, junto con mis consejos personales.

¿Te apetece saber un poco más?

¡Empezamos!

Historia de Montmartre y origen del nombre

Quizá no lo sepas, pero el barrio de Montmartre no siempre formó parte de París. En su día era un pequeño pueblo separado de la capital, y en el siglo XIX se convirtió en el centro de la diversión y de la vida nocturna parisina por un motivo mucho menos romántico de lo que podrías imaginar.

Cierto, el paisaje es maravilloso y los artistas encontraron aquí estímulos e inspiración sin fin. Pero si la colina de Montmartre se puso tan «de moda» fue sobre todo porque el coste de la vida era mucho más bajo que en el centro de París. Eso empujó a generaciones de artistas sin blanca, en los inicios de su carrera, a instalarse aquí, y así hicieron famosa en el mundo entero la vida «bohemia», hecha de bistrós, cabarés, arte y locuras.

¿Y después?

Pues la expansión de la ciudad acabó por absorber también el pequeño pueblo, que hoy constituye el distrito XVIII. Montmartre se anexionó a París en 1860, pero paseando por sus callejuelas notarás todavía detalles sorprendentes.

Aquí siguen estando, de hecho, algunas de las viñas que se cultivaban hace más de cien años, e incluso los locales que acogían los espectáculos de cabaré, como el Moulin Rouge, el Moulin de la Galette o Le Chat Noir.

Una curiosidad: Montmartre es el punto más alto de París. La cima natural de la ciudad está justo aquí arriba, a unos 130 metros sobre el nivel del mar, y también por eso desde el atrio del Sacré-Cœur se disfruta de una de las panorámicas más amplias sobre la capital.

Sobre el origen del nombre Montmartre prevalecen dos hipótesis: según algunos el topónimo derivaría de «Mons Martis», es decir, el monte de Marte, dios romano de la guerra. Se cree que en la colina se levantaba un antiguo templo pagano, del que hoy se ha perdido todo rastro.

Para otros, en cambio, el origen del nombre vendría de «Mont des Martyrs», o sea monte del martirio de san Dionisio (Saint Denis), que según la tradición fue decapitado aquí hacia el 250 d. C. y a quien se dedicó la primera basílica gótica de Francia.

qué ver en Montmartre, las calles del barrio

Montmartre, qué ver

Pasear por Montmartre te dará la posibilidad de respirar todavía un poco de esa atmósfera bohemia que parece no querer abandonar esta colina.

Solo hay un gran PERO…

En verano y en los periodos de mayor afluencia las calles están tan abarrotadas que es casi imposible caminar. Eso, por desgracia, hace que la magia del lugar se aprecie un poco menos, aunque de todos modos te cruzarás con muchísimos artistas callejeros haciendo espectáculos, retratos o paisajes preciosos.

Pero ¿por dónde empezar?

El punto de partida para visitar Montmartre es la Place du Tertre. Es aquí donde encuentras el mayor número de artistas callejeros de todo París, un poco como en nuestra Piazza Navona, rodeada de locales y restaurantes con encanto.

¿Te apetece que te hagan un retrato o comprar una panorámica de París pintada a mano?

En esta plaza seguro que encontrarás algo a tu gusto.

Pero no acaba aquí.

La basílica del Sacré-Cœur

Lo primero que ver en Montmartre es sin duda el Sacré-Cœur.

Este edificio no pasa desapercibido: es perfectamente reconocible desde muchísimos puntos panorámicos de París. Seguro que lo habrás visto si has subido a lo alto de la torre Eiffel o al rascacielos de Montparnasse.

Pero ¿qué tiene de especial esta iglesia?

El Sacré-Cœur es una basílica majestuosa, completamente revestida de piedra de Château-Landon que, como la del Vittoriano de Roma, al contacto con la lluvia libera una sustancia calcárea que la mantiene blanquísima. Las obras empezaron en 1875 según el proyecto del arquitecto Paul Abadie (elegido entre setenta y siete propuestas) en un estilo romano-bizantino insólito para París; el edificio se terminó en 1914 y se consagró en 1919, justo después de la Primera Guerra Mundial.

Dentro, levanta la mirada hacia el ábside: el gran mosaico del Cristo en Majestad es uno de los más extensos del mundo (casi 500 metros cuadrados) e infunde una luz dorada a todo el edificio.

¿Te gustaría subir al punto más alto?

Si quieres disfrutar de una de las panorámicas más bonitas de París, te aconsejo subir a la cúpula del Sacré-Cœur. Se sube a pie por una escalera estrecha de unos 300 peldaños y la entrada cuesta 7 euros, pero desde aquí arriba la vista sobre la ciudad es magnífica.

Fíjate también en las dos estatuas ecuestres de bronce de san Luis y Juana de Arco a los lados del pórtico: son realmente bonitas.

qué ver en Montmartre, la basílica del Sacré-Cœur

Visitar el Espace Dalí en Montmartre

No muy lejos del Sacré-Cœur se levanta el pequeño pero precioso museo dedicado a Salvador Dalí, un artista excepcional y extremadamente excéntrico. Este lugar mágico te transportará directamente al mundo del padre del surrealismo: podrás admirar muchas obras, entre esculturas, grabados y acuarelas menos conocidas.

La originalidad de Dalí te hará descubrir cosas muy interesantes y divertidas.

Una de las obras que más me impactó es el Busto de mujer retrospectivo. Se cuenta que el artista lo expuso con una baguette de verdad en la cabeza a modo de sombrero, y que la baguette se la robó y se la comió el perro del propio Dalí, que la sustituyó entonces por una de bronce.

Si lo tuyo son sus célebres relojes blandos, en algunos de ellos podrás incluso intuir el perfil de su creador.

En definitiva, el universo desconcertante de este personaje ecléctico y el montaje del recorrido te trasladarán a otra realidad, tanto que al salir te resultará raro volver a caer en el caos y en el ir y venir de Montmartre.

Si te gusta Dalí, te recomiendo mucho la visita; algunas de sus obras están incluso a la venta en la galería de arte anexa al museo. Yo sigo soñando con un sofá Labios de Mae West para mi salón.

¿Y tú qué te comprarías?

qué ver en Montmartre, el Espace Dalí

El muro de los «te quiero» y las otras cosas que ver

Si quieres profundizar en la historia de este barrio tan particular, tienes que hacer una parada en el Musée de Montmartre y sus Jardins Renoir, el jardín donde el artista tuvo su taller. Es el museo más antiguo de la colina y cuenta muy bien el Montmartre de los artistas.

Un poco más abajo, en un rincón tranquilo de la place des Abbesses (el Square Jehan-Rictus), verás un corrillo de personas haciéndose una foto delante de una pared azul. Es el muro de los «je t’aime» (Le mur des je t’aime), una de las obras más románticas de París: la frase «te quiero» aparece 311 veces en unos 250 idiomas y dialectos, escrita a mano y reproducida sobre 612 azulejos de lava esmaltada azul, para un total de unos 40 metros cuadrados. La obra la idearon Frédéric Baron y la calígrafa Claire Kito, y se inauguró en el año 2000.

Un detalle que quizá no sabes: las manchas rojas repartidas por el muro son los fragmentos de un corazón roto. El mensaje de la obra es que el amor, al unir todos esos idiomas distintos, puede recomponerlo.

Y luego, por supuesto, es imposible olvidarse del Moulin Rouge, el célebre cabaré a los pies de la colina, y del Clos Montmartre, el pequeño viñedo urbano que todavía se cultiva: cada octubre su vendimia se celebra con la Fête des Vendanges, una fiesta muy sentida en el barrio.

qué ver en Montmartre, un rincón del barrio

Información práctica para visitar Montmartre

Cómo llegar. Como en todos los barrios de París, el metro te lleva a todas partes, o casi. Para llegar a Montmartre en metro puedes coger la línea 2 y bajar en Anvers, o bien la línea 12, parada Abbesses. Desde allí tendrás que dar un pequeño paseo cuesta arriba hasta el Sacré-Cœur, o coger el funicular, que cuesta lo mismo que un viaje en metro (y es gratis si tienes un abono o un pase de varios días).

Yo te aconsejo de todos modos subir a pie: verás muchísimas cosas que de otro modo te perderías.

Horarios y precios. La entrada a la basílica del Sacré-Cœur es gratuita (abierta todos los días, en general de 6:30 a 22:30); la subida a la cúpula cuesta 7 euros (abierta aproximadamente de 8:30 a 20:00 de mayo a septiembre y de 9:00 a 17:00 de octubre a abril). El Espace Dalí abre todos los días de 10:00 a 18:00, con entrada general en torno a los 16 euros (reducida para menores de 25 años).

Cuándo ir. No existe realmente una mejor época para ir a Montmartre: como en el barrio del Marais, siempre encontrarás muchos turistas. Mi consejo es evitar los fines de semana, o al menos no subir en domingo: te arriesgas a hacer cola para entrar en el Sacré-Cœur y a no encontrar sitio en los locales. Si tu tiempo en París es limitado y la única posibilidad es el fin de semana, las mejores horas son de 10:00 a 14:00 y por la tarde de 18:00 a 21:00.

Un consejo más. Las calles de Montmartre son libres y la basílica es gratuita, pero entre callejones, escalinatas e historias de artistas es fácil perderse los detalles. Si quieres entender de verdad el barrio, un tour a pie por Montmartre con guía te lleva entre la Place du Tertre, el muro de los «je t’aime» y el Sacré-Cœur contándote las anécdotas justas.

Mis consejos finales sobre Montmartre

¿Todavía te estás preguntando qué ver en Montmartre?

Montmartre no es mi barrio preferido de París, porque siempre está demasiado abarrotado, pero podría quedarme embelesada en la escalinata mirando la panorámica desde lo alto de la colina durante horas y horas.

Y si aún te queda tiempo para explorar la ciudad, no te pierdas la Sainte-Chapelle con sus vidrieras, el Petit Palais (gratuito) y la renacida catedral de Notre-Dame.