Tengo una noticia estupenda: después de cinco años de obras, Notre-Dame de París volvió a abrir sus puertas el 8 de diciembre de 2024. Si estás planeando un viaje a París, hoy puedes volver a entrar en la catedral y admirarla restaurada, más luminosa que antes.
Y sin embargo recuerdo todavía perfectamente la tarde del 15 de abril de 2019, cuando junto con el mundo entero vi las terribles imágenes del incendio de la catedral de París. Como vivo en la capital francesa, en aquellos meses muchísimos me pedisteis noticias sobre los daños y sobre las obras de reconstrucción.
¿Qué pasó de verdad aquel día? ¿Y cómo consiguieron reconstruirla tan rápido?
Nada podrá sustituir nunca el valor de Notre-Dame, pero justo por eso vale la pena entender qué se perdió y qué se salvó. Y si te gustan las iglesias de París, te recomiendo también la Sainte-Chapelle con sus vidrieras, la basílica de Saint-Denis y las demás iglesias góticas de la ciudad.
Aquí abajo respondo a las 8 preguntas que más me habéis hecho sobre el incendio de Notre-Dame y sobre su renacimiento.
¡Empezamos!
1 – Qué causó el incendio de Notre-Dame
Las investigaciones de la fiscalía francesa descartaron que el incendio fuera provocado: se trató de un accidente. Nunca se identificó una causa única y segura, pero los investigadores la redujeron a las dos hipótesis más probables: un cortocircuito en la instalación eléctrica o un cigarrillo que los operarios dejaron encendido.
El incendio de Notre-Dame se declaró, de hecho, en la zona del tejado, donde llevaban meses en marcha las obras de restauración de la aguja, ya ennegrecida por la contaminación.
Te sorprenderá saber que, antes del 15 de abril de 2019, la catedral de París nunca había sufrido un incendio, y que nadie había llevado nunca la electricidad hasta el tejado precisamente para conjurar ese peligro.
La estructura interna del tejado de Notre-Dame era tan intrincada que resultaba imposible instalar los modernos sistemas contra incendios. Por eso se habían colocado solo sensores de humo y alarmas, además de la presencia constante de algunos vigilantes.
Por desgracia no bastó.

2 – ¿Por qué los bomberos no consiguieron apagar el incendio enseguida?
Mientras miraba las primeras imágenes de Notre-Dame entre las llamas, lo primero que me pregunté fue:
«Pero ¿dónde están los bomberos?»
Parecía que la catedral estaba ardiendo sin que nadie interviniera, ¿verdad?
En realidad los bomberos de París hicieron un trabajo excepcional para evitar lo peor, pero las dimensiones de la iglesia son enormes comparadas con el agua que sueltan las bocas de incendio. Además las escaleras no eran lo bastante altas para llegar hasta arriba, y el viento fuerte desde luego no ayudó a tener un chorro preciso.
Los bomberos parecían pequeñísimos frente a la mole del edificio, y aun así hicieron todo lo posible por salvar Notre-Dame de las llamas, y consiguieron poner a salvo la fachada y las torres.
Pero ¿entonces por qué no usar un hidroavión o un helicóptero?
Estoy segura de que más de uno pensó en esa solución, que sin embargo no era viable por dos razones:
- Echar agua fría sobre las piedras al rojo vivo habría causado gravísimos daños a la estructura portante de Notre-Dame.
- Había peligro para los miles de personas reunidas alrededor de la iglesia.
Se eligió por tanto la única solución posible: combatir el fuego desde el suelo y desde dentro, salvando la estructura piedra a piedra.
3 – ¿Por qué el incendio fue tan violento?
La velocidad con la que se propagó el incendio de Notre-Dame llevó a muchos a buscar explicaciones fantasiosas, pero la realidad es más sencilla. El tejado se apoyaba sobre unos 1300 enormes troncos de roble. Esta gigantesca estructura se había levantado hacia 1220 y sostenía el tejado y la aguja (esta última añadida en el siglo XIX, cuando el arquitecto Viollet-le-Duc restauró la catedral).
Al tratarse de una obra del siglo XIII, la madera estaba ya muy seca.
Piensa que la construcción de una catedral podía durar siglos y que la madera llegaba incluso de las regiones vecinas: algunos de aquellos troncos tenían ya muchas décadas, o incluso siglos, en el momento en que fueron colocados sobre el tejado de Notre-Dame.
Te parecerá increíble, pero hablamos de madera de 800 o 900 años de antigüedad, con algunos troncos tomados incluso de estructuras más antiguas.
¿Has probado alguna vez a prender fuego a leña vieja? ¡Arde con muchísima fuerza y muy rápido!
Por eso el incendio de Notre-Dame se declaró de forma tan violenta. Y si a eso le sumamos el fuerte viento de aquel día y la cubierta de plomo del tejado, el desastre era difícilmente contenible.

4 – ¿Cómo de frecuentes son los incendios en las catedrales?
Por desgracia este tipo de accidentes es mucho más frecuente de lo que imaginas.
Solo en 2018, en Italia, hubo dos que yo sepa: el primero en la Sacra di San Michele, en Piamonte, y el segundo en la iglesia parroquial de Chiampo, en la provincia de Vicenza. Ambos debidos a averías durante obras en el tejado.
En Nantes, por las mismas razones, la catedral ardió en 1972, y la lista podría continuar por desgracia durante mucho rato.
En el pasado estas desgracias eran aún más comunes: la iluminación dependía de las velas y la calefacción de las chimeneas, mientras que los sistemas de seguridad no eran desde luego los de hoy. Bastaba el mínimo error para arriesgarse a ver arder todo.
¿Por ejemplo?
El tejado de la catedral de Pisa ardió en 1595 exactamente del mismo modo que el 15 de abril en Notre-Dame: durante las obras de mantenimiento, un operario olvidó probablemente encendidas algunas herramientas, que prendieron fuego a las vigas.
5 – ¿Cómo era el tejado de Notre-Dame?
La estructura del tejado de Notre-Dame se ha estudiado durante mucho tiempo precisamente por lo extraordinaria que era. La apodaban «el bosque», porque al entrar bajo la cubierta parecía que caminabas por una espesísima arboleda.
Si te gustan los números, te dejará de piedra saber que el tejado estaba compuesto por unas 500 toneladas de madera y 250 toneladas de plomo.
La madera es un material valiosísimo para el estudio de los edificios: gracias a los instrumentos de hoy, una muestra pequeñísima puede decirnos muchísimo sobre su historia. Se pueden descubrir las condiciones atmosféricas en las que vivió el árbol, las herramientas usadas para el corte, la colocación y así sucesivamente.
Pero no es todo.
Gracias a un análisis especial llamado datación radiométrica (el célebre «método del carbono 14», muy usado en arqueología), se puede remontar con bastante exactitud a la fecha en que se cortó la madera. Por eso conocemos con precisión la edad de las vigas destruidas en el incendio de Notre-Dame.

6 – ¿Qué perdimos durante el incendio?
No quiero alimentar polémicas estériles, pero quien dice que no perdimos nada importante se equivoca.
Ante todo perdimos las vigas originales de la iglesia, madera medieval que todavía podía decirnos mucho sobre las técnicas de construcción y sobre la vida en Europa en aquellos siglos.
Los daños a la estructura, por suerte, resultaron más limitados de lo que se temía. En los días siguientes algunos ingenieros dieron la voz de alarma sobre el riesgo de un derrumbe de las bóvedas, dañadas por las altísimas temperaturas y por los pesados chorros de agua; por suerte la catedral se apuntaló rápidamente con un imponente andamiaje y las bóvedas aguantaron.
Además de las vigas, el incendio dañó también obras y mobiliario antiguo. Veamos cuáles.
7 – Las obras perdidas y las salvadas
Es difícil hacer una lista precisa de las obras afectadas por el incendio de Notre-Dame, pero no es cierto que dentro no hubiera nada antiguo o importante.
He oído decir que la iglesia no era más que un revoltijo de restauraciones, construcciones y reconstrucciones. Es verdad, pero todas las iglesias antiguas lo son: Notre-Dame ya fue saqueada y dañada durante la Revolución francesa, y aun así conserva todavía hoy objetos de inmenso valor artístico y religioso.
Por suerte muchísimos tesoros se salvaron: el tesoro de la catedral, la valiosa reliquia de la corona de espinas y las espléndidas vidrieras, todas intactas. Piensa que incluso las estatuas de cobre que decoraban la aguja se habían retirado para restaurarlas apenas unos días antes del incendio.
Pero no todo se salvó.
El gran órgano de Notre-Dame no ardió, pero quedó cubierto por un espeso polvo de plomo tóxico: se desmontó por tanto tubo a tubo, se limpió y se volvió a montar a tiempo para la reapertura. La Pietà de Nicolas Coustou sobre el altar mayor y muchas esculturas se salvaron, mientras que los grandes lienzos necesitaron largas restauraciones.
Una curiosidad: la corona de espinas, después de haber sido puesta a salvo, volvió a Notre-Dame justo con la reapertura de diciembre de 2024, y hoy se expone a los fieles todos los viernes.
8 – La reconstrucción y la reapertura de Notre-Dame
Al principio se había hablado de reconstruir la aguja de forma moderna y distinta, quizá con un gesto arquitectónico contemporáneo. Al final prevaleció la decisión de reconstruirlo todo «como era, donde estaba»: la aguja de Viollet-le-Duc se rehízo idéntica y «el bosque» de vigas de roble se reconstruyó con las técnicas de carpintería medievales, talando más de mil robles por toda Francia.
El presidente Emmanuel Macron se había puesto un objetivo ambiciosísimo: reabrir la catedral en cinco años. Muchos pensaban que era imposible, y sin embargo la meta se alcanzó: Notre-Dame reabrió el 7 y el 8 de diciembre de 2024, con una gran ceremonia y una misa inaugural.
El mérito es también de una movilización extraordinaria: ya al día siguiente del incendio arrancó una recaudación de fondos mundial, que reunió unos 846 millones de euros. La restauración costó aproximadamente 700 millones, y el remanente se usará para una tercera fase de obras en fachadas, arbotantes y coro.
¿Y ahora?
Hoy puedes volver a visitar Notre-Dame de París, y la entrada a la catedral es gratuita (en los periodos de más afluencia conviene reservar online una franja horaria). Si quieres entender de verdad qué pasó, entre el incendio y el renacimiento, te recomiendo un tour guiado de la Île de la Cité con entrada a la cripta arqueológica bajo el atrio.
Notre-Dame es un patrimonio de historia y de arte que pertenece a todos, no solo a Francia. Y verla otra vez en pie, después de aquellas imágenes de 2019, es una emoción que merece el viaje.
