Hay al menos dos cosas que no puedes olvidarte de hacer cuando visitas París. La primera es pasar al menos media jornada en el Museo del Louvre y la segunda es subir a la torre Eiffel. Sí, porque si estás pensando en hacer un viaje a Francia o ya estás paseando por los preciosos bulevares de París, seguro que ya te han entrado ganas de subir a lo más alto de la torre más famosa del mundo, ¿verdad?
¡Me lo imaginaba!
La torre Eiffel es un monumento de finales del siglo XIX que no solo es el símbolo de la capital francesa y de Francia entera, sino que además es el monumento más famoso del mundo, el más visitado e incluso el más reproducido.
Pero ¿cómo es posible que un monumento que tiene poco más de 135 años sea tan famoso?
Desde luego, los franceses han sabido ponerlo en valor. Con los años seguro que habrás visto la torre Eiffel en un montón de películas y de eventos por todo el mundo, e incluso en algunas obras maestras de la animación.
¿Y desde que le instalaron las lucecitas es todavía más bonita, a que sí?
Como vivo en París, he tenido la oportunidad de visitarla decenas y decenas de veces. Cada persona que viene a verme quiere ir sin falta, y en su cima hasta hemos celebrado un cumpleaños.
Pero la historia de la torre Eiffel es muy particular y, si tienes la paciencia y la curiosidad de seguir leyendo, te la cuento enseguida. Si lo que buscas es solo información sobre las entradas para la torre Eiffel y sobre cómo subir sin hacer cola, lo tienes todo en la sección dedicada, más abajo.
En el precioso parque del Campo de Marte te aseguro que te vas a sentir diminuto delante de esta obra maestra de la ingeniería. La torre de París fue durante años el monumento más alto del mundo y todavía hoy no deja de sorprender.
¿Quieres saber por qué?
¡Bien!
En este artículo te cuento todos los números, las anécdotas, la historia de la torre Eiffel y todas las vicisitudes que la convirtieron en el símbolo de París y de Francia entera.
¡Empezamos!
1 – Cómo subir a la torre Eiffel
Antes de contarte algunas de las anécdotas más interesantes, estoy segura de que querrás saber cómo subir a la torre Eiffel.
Quizá todavía no lo sepas, pero tienes dos opciones: afrontar una «escalada» a pie de unos 1.600 escalones, o coger una serie de ascensores que te llevarán con toda tranquilidad hasta la cima.
Los ascensores de la torre Eiffel te llevan a los distintos niveles y la entrada tiene un precio diferente según la planta a la que quieras llegar. Si eres lo bastante valiente como para aventurarte a pie, debes saber que no podrás alcanzar la cima por las escaleras: desde hace algunos años, el acceso a la última planta de la torre Eiffel solo es posible en ascensor, por razones de seguridad.
Pero ¿cuánto tiempo hace falta para visitarla?
Para subir a la torre Eiffel tienes que contar al menos 3 horas, sobre todo por las largas colas que te tocará afrontar, tanto en la taquilla principal como en la entrada de los ascensores. Ya lo sé, parece una eternidad, pero por suerte hay una forma de ir más rápido.
Desde hace algunos años es posible comprar directamente online la entrada con acceso prioritario, así te ahorras al menos la cola de las taquillas.
Una gran ventaja, ¿verdad?
¡Pero hay más!
Si quieres dar una sorpresa romántica o te apasionan los paisajes nocturnos, debes saber que también se puede subir a la torre Eiffel de noche.
En verano el acceso a la torre es posible de 9:00 a 00:45 (con la última entrada poco antes de medianoche), mientras que el resto del año los horarios van de 9:30 a 23:45 para la subida en ascensor, y hasta las 18:30 para las escaleras.
Ahora que ya te he dado toda la información práctica… ¿te apetece conocer todas las curiosidades de este importante monumento de París?

2 – Números y curiosidades de la torre Eiffel
Este dato suele hacernos torcer el gesto a los italianos, que estamos muy orgullosos de nuestros magníficos monumentos, pero la torre Eiffel es el monumento de pago más visitado del mundo. Fíjate que cada año esta altísima señora de hierro recibe a unos siete millones de turistas.
El mérito es sin duda de las magníficas vistas de París, que la convierten en uno de los lugares más románticos del mundo.
¡Pero no es todo!
Su sorprendente estructura, hecha enteramente de metal, la ha convertido en un icono absoluto de la ingeniería moderna, hasta el punto de que en 2007 estuvo entre las finalistas de las «nuevas siete maravillas del mundo» (aunque después no entró entre las siete ganadoras).
¡Y las curiosidades no terminan aquí!
¿Te apetece conocer unos cuantos números?
Pues bien, la altura de la torre Eiffel es hoy de 330 metros, desde que en marzo de 2022 se le añadió una nueva antena (antes era de 324 metros). Y digo «hoy» porque la altura ni siquiera es fija a lo largo del año: el metal del que está hecha se dilata y se contrae con la temperatura, ¡hasta provocar una variación de 15 cm!
El año en que se construyó, la torre se convirtió en la estructura más alta del mundo y lo siguió siendo hasta la construcción del Chrysler Building de Nueva York, en 1930. Fíjate que precisamente por su altura todavía hoy se utiliza como base para antenas de radio y televisión.
El peso de la torre Eiffel ronda las 10.000 toneladas (de las cuales unas 7.300 son solo de hierro), nada mal si pensamos que está compuesta por más de 18.000 piezas metálicas unidas por millones de remaches. Se levantó en poco más de dos años y sorprende no solo por la velocidad con la que se erigió, sino sobre todo porque, durante su construcción, solo un obrero perdió la vida. Un resultado extraordinario, si pensamos en las medidas de seguridad de la época.
¿Y las luces?
Si te estás preguntando cuántas son las lucecitas que parpadean en la torre Eiffel… pues bien, son más de 20.000 bombillas pequeñas que cada noche la hacen brillar con un efecto realmente sugerente. Esas luces se instalaron para el paso al nuevo milenio, el 1 de enero de 2000, y tenían que retirarse al año siguiente. Por suerte gustaron tanto a los parisinos que nunca llegaron a desmontarse.
¡Y por último una cosa en la que casi nadie piensa!
Pero ¿todo ese metal no se oxida?
¡Claro que sí!
De hecho, la torre Eiffel está sometida a un mantenimiento constante y se repinta periódicamente de arriba abajo. A lo largo de los años no siempre ha tenido el mismo color, y a menudo se le da un ligero degradado para que parezca todavía más alta.
Fíjate que hacen falta entre 50 y 60 toneladas de pintura para cubrirla entera.

3 – Construcción e historia de la torre Eiffel
La torre Eiffel de París se ideó para la Exposición Universal de 1889, que celebraba el centenario de la Revolución francesa.
Desde el primer momento fue objeto de grandes críticas, porque se la consideraba antiestética y porque no armonizaba en absoluto con el paisaje de París de la época. La idea original era construir una obra temporal: la torre Eiffel debía desmantelarse al final de la exposición.
Pero ¿entonces por qué sigue ahí?
En un primer momento la salvación de la torre Eiffel llegó gracias a los recientes experimentos en el campo de las telecomunicaciones. La torre no se demolió porque en su cima se instalaron unas antenas que permitían las comunicaciones de radio a grandes distancias.
¿Y después?
Durante la Segunda Guerra Mundial se sabotearon sus ascensores para impedir que los nazis llegaran a la cima y se apoderaran de los aparatos de radio. Los franceses hicieron lo mismo durante la visita de Hitler, que se vio obligado a quedarse a los pies de la torre.
Bueno, a esas alturas ya se había convertido en un símbolo.
Sin embargo, al contrario que casi todos los monumentos de París, la torre Eiffel no siempre ha sido igual con el paso del tiempo. Los franceses la han ido modificando según las necesidades de cada periodo histórico y, quizá, también un poco por moda.
Ahora te lo cuento.

4 – Cómo ha cambiado la torre Eiffel con el tiempo
A pesar de haber sido duramente criticada, esta torre de hierro sigue siendo un símbolo de modernidad y continúa siendo increíblemente actual.
Con los años se ha modificado en varias ocasiones: algunos elementos decorativos originales se simplificaron porque ya no reflejaban el gusto de la época, y el color se cambió varias veces. Aun así, este monumento nunca ha perdido su encanto ni su capacidad de atraer a la gente.
Además de los estudios sobre las ondas de radio, con el paso de los años la torre Eiffel se hizo tristemente conocida también por algunos suicidios y accidentes. El más comentado fue sin duda el del sastre Franz Reichelt. En 1912 se lanzó desde la primera planta de la torre (a unos 57 metros de altura) para probar un prototipo de paracaídas que había fabricado él mismo. Por desgracia, por muy innovador que fuera, su invento no le impidió estrellarse contra el suelo pocos instantes después.
El marketing que rodea a la torre de París es notable también gracias a su forma, facilísima de replicar y de estilizar, que le da otro récord: el de ser el monumento más reproducido del mundo.
Personalmente me parece poco sensato comparar la torre Eiffel y el Coliseo, como he oído hacer más de una vez: son dos obras completamente distintas, y entre ambas pasan casi 2000 años. Son dos obras maestras de la ingeniería, de épocas y contextos distintísimos.
La torre Eiffel es una obra maestra del arte «moderno», una señora de hierro que vela sobre París y que tiene a millones de turistas con los ojos hacia arriba desde hace más de un siglo.
Al fin y al cabo, uno se da cuenta de que está de verdad en París solo cuando se encuentra a sus pies.
5 – Cómo reservar la torre Eiffel y cómo llegar
Para empezar, para llegar a la torre Eiffel puedes coger el metro. Todo París se recorre con facilidad gracias al transporte público y la parada más cercana a la torre Eiffel es Bir-Hakeim, en la línea 6. Como alternativa puedes coger la línea 9 hasta Trocadéro o la línea 8 hasta École Militaire.
¿Cuál es la mejor solución?
Yo te aconsejo bajarte en Trocadéro para disfrutar de la vista de la torre desde lo alto de la plaza y después bajar hasta sus pies. Ten en cuenta que te llevará al menos 15 minutos de caminata, pero merece muchísimo la pena.
Hay una cosa que conviene tener presente: después de los atentados de 2015 ya no se puede transitar libremente por debajo de la torre Eiffel, sino que hay que pasar antes unos controles de seguridad. Eso significa una pequeña cola en los controles, luego en la taquilla y luego en el acceso a los ascensores.
Precisamente por eso, para la compra de la entrada te aconsejo sin dudarlo reservarla online con la entrada sin colas porque, igual que en el Louvre, la cola puede ser larguísima.
6 – Quién construyó la torre Eiffel
En fin, a estas alturas ya habrás entendido que la torre Eiffel deja encantados a los visitantes de París desde hace más de 135 años.
Pero ¿quién hay detrás de esta obra?
¿Quién construyó la torre Eiffel?
El ingeniero que la ideó y la mandó construir fue Gustave Bönickhausen, apodado… adivina: Eiffel.
Aunque era de origen alemán, su familia vivía en Francia desde hacía varias generaciones y un antepasado suyo había añadido la palabra «Eiffel» al apellido, en recuerdo de la región de la que procedían. El Eifel es, de hecho, una preciosa región de Renania y resultaba más fácil de pronunciar para los franceses que el apellido original.
Con el paso de los años, y para disimular los orígenes alemanes de su nombre, Gustave empezó a usar solo el apellido Eiffel.
Pero ¿quién era este hombre y por qué construyó la torre Eiffel?
Nacido en 1832, Gustave Eiffel empezó a trabajar con estructuras metálicas ya en 1856. El uso del metal en arquitectura era muy vanguardista en aquel momento, y los nuevos descubrimientos en el campo de la metalurgia permitieron aprovechar materiales flexibles y a la vez solidísimos.
Con solo 26 años construyó el puente ferroviario de Burdeos, con el que pudo iniciar una serie de experimentos. Una vez fundada su empresa, Eiffel se dedicó al diseño de edificios, viaductos y estructuras que lo hicieron famoso en toda Europa.
7 – Gustave Eiffel: mucho más que un ingeniero
Gustave Eiffel trabajó en España, en Portugal, en Hungría, en Argelia y en muchos otros sitios. Se le conoce sobre todo por la torre Eiffel, pero hay otra obra que contribuyó a realizar y que seguro que conoces al menos de nombre.
Fue él quien diseñó la estructura interna de la Estatua de la Libertad de Nueva York. No todo el mundo sabe que la Estatua de la Libertad es una obra francesa, enviada por barco para celebrar el centenario de la independencia americana.
Se envió desmontada y para montar, al estilo IKEA, por entendernos.
Entre sus otros trabajos célebres está también la estación de Budapest Nyugati, cuya fachada de vidrio y metal representa un ejemplo perfecto de la arquitectura de este periodo histórico.
La mayoría de sus construcciones son puentes, pero hay también un proyecto ambiciosísimo que lo llevó a ser acusado de corrupción: la apertura del canal de Panamá, para el que Gustave Eiffel ideó un ingenioso sistema de esclusas para hacer pasar los barcos.
Por desgracia, los fondos para la construcción del canal llevaron a la ruina a muchos inversores, empresarios y políticos, a causa del llamado «escándalo de Panamá».
Al final Gustave Eiffel fue absuelto, pero su fama se resintió hasta el punto de que decidió dejar los negocios y dedicarse al estudio de la aerodinámica.
¿Te han entrado ganas de descubrir otros rincones de la capital francesa? Échale un vistazo a la Sainte-Chapelle con sus vidrieras, al Petit Palais (¡gratis!) y al bohemio Montmartre: París no deja nunca de sorprender.
