Los Museos Capitolinos están entre los museos más bonitos de Roma. Sus colecciones reúnen estatuaria antigua, una pinacoteca y restos arqueológicos de un valor y una belleza incalculables.

Son, sin ninguna duda, de mis museos preferidos de Roma, junto con los Museos Vaticanos y el Museo de Palazzo Massimo, cerca de la estación Termini.

Pero los Museos Capitolinos tienen un encanto muy particular: será por su posición en lo alto del Capitolio, o porque se levantan donde estaba uno de los templos paganos más importantes de la Roma antigua, pero estoy segura de que te vas a enamorar de ellos.

Si quieres visitar los Museos Capitolinos, prepárate para quedarte con la boca abierta. El museo ocupa dos palacios históricos, el Palazzo Nuovo y el Palazzo dei Conservatori, cuyas fachadas y cuya plaza fueron diseñadas por Miguel Ángel Buonarroti.

Dentro, las salas son suntuosas y todavía hoy se usan para visitas institucionales especiales; a poca distancia está el despacho del alcalde de Roma. La colina Capitolina siempre ha sido el centro del poder de la ciudad: no es casualidad que la palabra inglesa para «sede del gobierno» sea Capitol, en francés Capitole y en italiano Campidoglio.

¿Sabes que los Museos Capitolinos están considerados los más antiguos del mundo?

Fíjate que la primera colección de bronces antiguos la donó en 1471 el papa Sixto IV al pueblo de Roma. Las obras maestras de la antigüedad se volvieron por fin visibles para todos y fueron imitadas y citadas una y otra vez durante todo el Renacimiento (la apertura al público propiamente dicha llegó después, en 1734).

Después de los Museos Vaticanos, los Museos Capitolinos están entre los más visitados de Roma: por eso te conviene comprar la entrada sin colas por internet, así te ahorras la cola en taquilla y ganas un tiempo precioso para la ciudad eterna.

Pero basta ya de preámbulos: aquí abajo tienes las 8 obras de los Museos Capitolinos que tienes que conocer sí o sí.

¿Te apetece saber un poco más?

¡Empezamos!

1 – La Loba Capitolina, Rómulo y Remo

La Loba Capitolina es el símbolo de Roma desde hace siglos. Visitar los Museos Capitolinos sin pararse a admirarla es como ir a París y olvidarse de subir a la Torre Eiffel.

¿Conoces su leyenda?

Se cuenta que la vestal Rea Silvia, hija de un rey destronado por su hermano, tuvo dos gemelos del dios de la guerra, Marte. El tío usurpador ordenó matar a los niños, por miedo a que un día lo destronaran a él. Pero la sirvienta encargada de ahogarlos se apiadó de ellos y los abandonó en una cesta sobre el río Tíber.

Milagrosamente, la cesta encalló en un recodo del río. Allí una loba encontró a los dos recién nacidos y los amamantó durante días, hasta que un pastor se dio cuenta de su presencia y se los llevó a casa. Aquellos dos niños eran Rómulo y Remo, el mítico fundador de Roma y su hermano.

Pero, más allá de la leyenda sobre la fundación de la ciudad, la Loba Capitolina da que hablar por otro motivo.

Formaba parte de la primera donación de Sixto IV de 1471 (llegó al Capitolio desde Letrán) y es, por tanto, una de las obras símbolo del museo. Hoy es seguro que los dos gemelos se añadieron solo en época renacentista, probablemente por Antonio del Pollaiolo.

Una curiosidad: durante siglos la loba se consideró un bronce etrusco del siglo V a. C. Pero los análisis técnicos realizados durante la restauración entre 1997 y 2000 (a cargo de la restauradora Anna Maria Carruba) han desplazado la datación a la edad media, quizá a los siglos XI-XIII: la estatua está fundida en un único bloque, algo que los etruscos no hacían. Es una tesis todavía muy discutida, pero ha puesto en crisis una de las certezas más antiguas de Roma. Sea cual sea su edad, su valor simbólico permanece intacto: la fuerza brutal de una fiera domada por el amor, hasta el punto de dar su propia leche a dos recién nacidos indefensos.

la loba capitolina en roma

2 – La estatua colosal de Constantino

En Roma los llaman er piedone, er capoccione y er ditone. Pocos, entre quienes visitan los Museos Capitolinos, conocen de verdad la historia de estos enormes fragmentos de mármol: son los restos de la estatua colosal de Constantino.

El original estaba en la basílica de Majencio, en los Foros: los restos de aquel edificio imponente todavía se ven cerca del Coliseo. Fue justo aquí donde el emperador Constantino hizo colocar su estatua gigantesca, de más de diez metros de altura, para celebrar la victoria en la batalla del Puente Milvio (312 d. C.).

Era una obra acrolítica: las partes descubiertas del cuerpo, es decir, la cabeza, las manos y los pies que ves en el patio del Palazzo dei Conservatori, eran de mármol, mientras que el resto, el gran torso, era una estructura de madera y ladrillo, quizá revestida de bronce dorado.

Desde la cabeza colosal nos observa la mirada fija y casi ausente del primer emperador que dio libertad al cristianismo. Es precisamente con él cuando empieza la transformación del lenguaje artístico, el lento paso del arte «clásico» al «medieval». Cambian los tiempos y, como siempre, cambian también los modos del arte.

estatua colosal de constantino en los museos capitolinos

3 – La estatua de Carlos I de Anjou de Arnolfo di Cambio

La estatua de Carlos I de Anjou en los Museos Capitolinos es una obra medieval, esculpida en mármol por Arnolfo di Cambio hacia 1277. Procedía del cercano Palazzo Senatorio, donde Carlos había sido senador de Roma, y es importante porque está considerada el primer retrato escultórico de un personaje vivo desde la antigüedad.

Antes de aquello solo había habido intentos esporádicos de reproducir los rasgos de personas reales, y casi siempre en monumentos funerarios. Aquí, en cambio, tenemos el retrato a tamaño natural de un soberano de carne y hueso. Si te fijas bien en el rostro, notarás incluso los surcos de las arrugas: la señal de que algo, en el lenguaje artístico, estaba cambiando de nuevo.

Un detalle que quizá no sabes: la estatua se obtuvo de un fragmento de entablamento de un antiguo edificio romano y en origen estaba pintada con colores vivos y enriquecida con doraduras. Igual que la cabeza de Constantino marcaba el paso del arte clásico al medieval, la cabeza de Carlos I de Anjou marca el regreso del retrato y la cercanía del Renacimiento.

estatua de carlos I de anjou de arnolfo di cambio en los museos capitolinos

4 – El Espinario

Como la Loba Capitolina, también el bronce del Espinario de los Museos Capitolinos formaba parte de la colección donada por Sixto IV. En apariencia es una escultura sencilla, casi humilde en su tema: un joven sentado, con las piernas cruzadas y la cabeza inclinada, en el acto de quitarse una espina del pie.

En realidad es una obra refinadísima y un poco «híbrida». El cuerpo sigue los modelos helenísticos, pero la cabeza es de estilo arcaizante, inspirada en la escultura griega del siglo V a. C.: una combinación ecléctica que los estudiosos datan probablemente en el siglo I a. C. Los análisis han demostrado que cabeza y cuerpo se fundieron por separado, con aleaciones distintas, en la zona del Lacio.

¿Y por qué es tan importante?

Porque el Espinario fue una de las estatuas más imitadas del Renacimiento. Lo encuentras en muchísimas pinturas y frescos del siglo XV e incluso en el célebre relieve (formella) con el que Brunelleschi participó, en 1401, en el concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia.

el espinario en los museos capitolinos

5 – La Buenaventura de Caravaggio

Entre las obras de los Museos Capitolinos hay también dos obras maestras de Caravaggio, custodiadas en la pinacoteca: La Buenaventura y el San Juan Bautista (un joven sonriente abrazado a un carnero). Detengámonos en la primera.

La Buenaventura representa a un joven rico y a una gitana que le predice el futuro. La chica lo distrae con la mirada pícara mientras, con la excusa de leerle la mano, le va quitando el anillo del dedo. Caravaggio pintó el lienzo siendo jovencísimo, entre 1593 y 1595, cuando frecuentaba el taller del Caballero de Arpino: los estudiosos la consideran el prototipo de todas las versiones posteriores de este tema.

La escena es un trozo de vida cotidiana, poco teatral pero intensa: con pocos elementos Caravaggio cuenta el carácter de los dos protagonistas. El joven está relajado, con la mano en la cadera, el rostro lleno y un poco ingenuo, envuelto en telas preciosas. La chica, en cambio, tiene los ojos vivaces y una sonrisa astuta. Y si le miras bien las uñas, las verás sucias.

Una curiosidad: una radiografía de 1977 reveló que Caravaggio pintó La Buenaventura sobre un lienzo ya usado: bajo su pintura se esconde una obra del Caballero de Arpino. El maestro, evidentemente, le había dejado reutilizar un viejo lienzo del taller.

Según el biógrafo Bellori, Caravaggio eligió como modelo a una gitana de verdad que se encontró por la calle, para demostrar que se puede hacer gran pintura partiendo también de temas humildes. Era su manera de trabajar: coger gente del pueblo y volverla eterna.

la buenaventura de caravaggio en los museos capitolinos

6 – La estatua ecuestre de Marco Aurelio

La estatua ecuestre de Marco Aurelio en los Museos Capitolinos es importantísima: es la única gran estatua ecuestre de bronce de la antigüedad que ha llegado entera hasta nosotros. La historia recuerda a Marco Aurelio como uno de los mejores emperadores de Roma, el emperador filósofo, y todo en esta obra transmite equilibrio: equilibrado es el caballo, equilibrados son sus gestos.

El monumento se realizó hacia el año 176 d. C. Pero si ha sobrevivido casi dos mil años, hay un motivo muy concreto.

¿Sabes por qué nunca fue fundida?

En la edad media la mayoría de las estatuas de bronce se fundían para recuperar el metal: refundir una «estatua vieja» costaba mucho menos que extraer bronce nuevo de las minas. La estatua de Marco Aurelio, sin embargo, se creía que era el retrato de Constantino, el primer emperador favorable a los cristianos, y precisamente por esa confusión de identidad se salvó. Documentada en Letrán desde la edad media, fue llevada después al Capitolio y colocada por Miguel Ángel en el centro de la plaza, en 1538.

Allí permaneció hasta 1981, cuando la lluvia ácida y la contaminación amenazaban ya su supervivencia: entonces la estatua fue retirada y restaurada. En 1997 una copia fiel ocupó su lugar en el centro de la plaza (es la que sigues viendo hoy), mientras que desde 2005 el original se expone en la exedra acristalada proyectada por el arquitecto Carlo Aymonino, donde la luz natural lo ilumina cambiando a cada hora del día.

Es todo un espectáculo.

estatua ecuestre de marco aurelio en los museos capitolinos

7 – El Gálata moribundo

El Gálata moribundo es una de esas obras de los Museos Capitolinos que me emocionan cada vez que las vuelvo a ver.

Es una copia romana en mármol de un original en bronce, ejecutado hacia el 220 a. C., quizá por el escultor Epígono. Formaba parte del exvoto que el rey Átalo I ofreció a la ciudad de Pérgamo para celebrar la victoria sobre los gálatas, la tribu celta que amenazaba su reino. De hecho, el guerrero lleva al cuello un torques, el típico collar celta.

Junto al Gálata suicida (hoy en Palazzo Altemps), el Gálata moribundo cuenta un momento de gran intensidad. El guerrero, herido en el costado, se desploma lentamente en el suelo. El cuerpo desnudo y fuerte está tenso por el dolor y por la conciencia de la derrota, el rostro contraído, las armas esparcidas, la sangre que brota de la herida. Es un joven que comprende que va a morir y parece reflexionar, durante un instante interminable, sobre la fragilidad de la vida.

el gálata moribundo en los museos capitolinos

8 – La cabeza de Medusa de Bernini

La cabeza de Medusa de los Museos Capitolinos es una obra atribuida a Bernini, aunque la atribución todavía no está del todo demostrada. Más allá de este pequeño «misterio», la calidad del mármol es innegable.

La gorgona, el terrible monstruo con serpientes en lugar de cabellos, está retratada en el instante mismo en el que se transforma en piedra. Tienes que saber que Medusa petrificaba a cualquiera que cruzase su mirada, hasta que el héroe Perseo la venció con una astucia: le mostró su propia imagen reflejada en un escudo pulido, y la gorgona quedó petrificada por su propia mirada.

Bernini captura en el mármol justo ese momento: Medusa se mira en un espejo imaginario y en sus ojos está toda la angustia de haber sido burlada. La escena está tan bien resuelta que parece suceder de verdad delante de ti. La fuerza de este pequeño busto es increíble; y si además quieres ver las otras obras de Bernini, te recomiendo una visita a la Galería Borghese.

cabeza de medusa de bernini en los museos capitolinos

Información práctica para visitar los Museos Capitolinos

Para visitar los Museos Capitolinos cuenta con al menos tres horas. Tómate tiempo para disfrutar de la estatuaria clásica, desde la Roma etrusco-republicana hasta el bajo imperio, para soñar un poco en la pinacoteca entre las obras de la Roma barroca y para perderte contemplando el panorama de los Foros desde el Tabularium.

No te pierdas la majestuosidad del antiguo templo de Júpiter Capitolino, cuyos cimientos están en la exedra acristalada de Marco Aurelio, proyectada por Carlo Aymonino y abierta al público en 2005. Y busca por las salas otras obras maestras que merecen la pena: la delicadísima Venus Capitolina, el célebre mosaico de las palomas y el Cómodo como Hércules.

Algunos consejos prácticos. La taquilla y la entrada están una al lado de la otra, pero con dos colas distintas: primero sacas la entrada y después te pones en la cola del control de seguridad (se pasa por un detector de metales, así que prepárate con antelación). No lleves navajas ni objetos punzantes, porque no están permitidos.

El museo está abierto todos los días de 9.30 a 19.30 (último acceso a las 18.30). La entrada general para los no residentes cuesta 15 euros, la reducida 9,50 euros (las tarifas suben cuando hay exposiciones temporales en curso). Recuerda que el primer domingo de mes la entrada es gratuita para todos; además, desde febrero de 2026 es gratuita para los residentes en Roma y en la Ciudad Metropolitana, mostrando un documento en taquilla. En los periodos de mucha afluencia conviene de todos modos reservar la entrada por internet para no quedarte en la cola.

¡Buena visita! Y si quieres seguir entre las obras maestras de Roma, te espero entre las salas de los Museos Vaticanos y en la selección de los ocho museos de Roma que valen de verdad la entrada.

estatua de cómodo retratado como hércules en los museos capitolinos