Hay museos que cuentan una época y museos que cuentan a un artista. El Musée Carnavalet cuenta una ciudad: París, de la prehistoria a hoy, con más de 3.800 obras y decoraciones repartidas por dos palacios del Marais unidos entre sí. Hay una piragua excavada en un tronco de roble, el sillón en el que murió Voltaire y el dormitorio de Marcel Proust.

Y luego está el detalle práctico que cambia la visita: las colecciones permanentes son gratuitas y de acceso libre, sin reserva, como en todos los museos municipales de París. Solo se paga la exposición temporal. El museo cierra los lunes y no admite equipaje, únicamente bolsos de mano.
¿Qué hace un árbol excavado del Neolítico en un museo de historia urbana?
¡Empezamos!
Dos palacios, un patio y ninguna cola
El museo ocupa el hôtel Carnavalet, construido entre 1548 y 1560 para Jacques des Ligneris, presidente del parlamento de París, y el hôtel Le Peletier de Saint-Fargeau, anexionado en 1989; se entra por el 23 de la rue de Sévigné. El primero es, junto con el patio cuadrado del Louvre, una de las pocas arquitecturas renacentistas que quedan en París, y la ciudad lo compró en 1866, a propuesta del prefecto Haussmann, para hacer de él el museo de su propia historia.
Antes de subir, párate en el patio: los relieves de las estaciones recorren la fachada, con figuras femeninas encajadas entre las ventanas altas, y arriba una balaustrada de jarrones de piedra.
El recorrido empieza abajo, con la prehistoria, y sube hasta el siglo XX. Las ocho etapas que te propongo siguen ese orden, y si tienes una hora escasa puedes hacer la mitad y volver, total no pagas entrada.
1. La piragua de los Parisii y la cabeza del anfiteatro
Se empieza con una piragua monóxila de roble, es decir, una barca excavada en un solo tronco, conservada a lo largo de más de cinco metros. Apareció en la orilla de un brazo fósil del Sena, junto a un grupo de viviendas neolíticas: en las excavaciones de Bercy de 1991-1992 salieron una decena, y el museo las llama las embarcaciones prehistóricas mejor conservadas de Europa. Al lado hay una estátera de los Parisii, la moneda de oro de la tribu gala que dio nombre a la ciudad.
Un poco más allá hay una cabeza de estatua procedente del anfiteatro antiguo, el que los parisinos siguen llamando Arènes de Lutèce, y un Mercurio de bronce. Es la parte del museo que casi todo el mundo cruza deprisa y que conviene mirar con calma: aquí la ciudad aparece antes de tener este nombre.
2. Los salones La Rivière, pintados por Charles Le Brun
Aquí el museo hace algo que pocos museos pueden hacer: te enseña el interior de una casa que ya no existe. Los salones La Rivière son las decoraciones pintadas por Charles Le Brun para la gran cámara y el gabinete dorado del hôtel La Rivière, que estaba en el número 14 de la place Royale, la actual place des Vosges.
Le Brun llegaría a ser el primer pintor de Luis XIV y el director de Versalles. Aquí lo pillas trabajando para un particular, en una plaza que puedes ir a ver a diez minutos, y la comparación entre el edificio de fuera y la sala de dentro vale por sí sola la etapa.
3. Madame de Sévigné, que vivió en este palacio
Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné, vivió en el hôtel Carnavalet de 1677 a 1694, y el museo conserva de ella tres cosas puestas una al lado de la otra: el retrato pintado por Claude Lefèbvre, una carta a su hija, madame de Grignan, fechada el 2 de febrero de 1671, y su escritorio.
Las cartas de la marquesa son el documento más vivo que tenemos sobre el París del siglo XVII, y verlas junto al mueble en el que se escribieron produce un efecto que ninguna transcripción da.
4. El siglo XVIII: Ledoux, Boucher y el sillón de Voltaire
Tres piezas, en la misma parte del recorrido. Los paneles de madera del Café militaire, el local que abría en la rue Saint-Honoré, se ejecutaron sobre los dibujos de Claude-Nicolas Ledoux, el arquitecto de las barreras de consumos de París. Los paneles decorativos para el salón de Gilles Demarteau son de François Boucher y su taller: una pérgola pintada que convertía una habitación urbana en un jardín.
Y luego está el sillón mortuorio de Voltaire, el mueble en el que murió el filósofo en 1778. El museo lo expone sin teatro, entre los demás objetos del siglo.
5. La Revolución, día a día
La sección sobre la toma de la Bastilla cuenta las jornadas del 12 al 14 de julio de 1789 una por una, y el papel de los barrios del este de París. En la pared está el boceto del Juramento del Juego de Pelota de Jacques-Louis David, el cuadro que nunca terminó.
¿Qué objeto cuenta el 10 de agosto de 1792 mejor que un cuadro?
Más adelante, entre los objetos de la toma de las Tullerías del 10 de agosto de 1792, hay tres que pesan más que cualquier cuadro: un zapato de María Antonieta, arrebatado por uno de los asaltantes, un jarrito de leche encontrado en el dormitorio de Luis XVI y la última orden que el rey escribió al coronel Dürler, que mandaba la Guardia Suiza.
6. El Art nouveau: la joyería Fouquet y el Café de Paris
Dos salas remontan dos interiores parisinos desaparecidos. En la primera están las decoraciones del Café de Paris, el restaurante del número 41 de la avenue de l’Opéra, firmadas por el arquitecto Henri Sauvage y el ebanista Louis Majorelle. En la segunda está la joyería Fouquet, creada en 1901 por Alfons Mucha para el joyero Georges Fouquet.

Detente en el pavo real: es de bronce, la cola trepa por la vidriera amarilla y morada, y la cabeza se asoma hacia la sala como si fuera a bajar. Mucha lo diseñó todo, de las vitrinas al techo de estucos blancos y oro, y cuando la tienda se desmontó la decoración acabó aquí, remontada sala por sala.
7. El dormitorio de Marcel Proust
Es la etapa que casi todo el mundo busca. Los muebles y los objetos vienen de las tres casas parisinas que Marcel Proust ocupó tras la muerte de su madre, y el museo los ha reunido en una sola habitación.

En la penumbra ves la cama de latón con la colcha de raso azul, la mesita al lado y, detrás, un biombo lacado con pagodas y puentes dorados sobre fondo negro. Es el cuarto de un escritor que trabajaba de noche, en la cama, con las ventanas cerradas.
8. La sala de baile Wendel, fuera del recorrido
La última etapa no está en el recorrido cronológico y hay que buscarla. La sala de baile Wendel procede del hôtel Sourdeval-Demachy y la encargó en los años veinte el industrial siderúrgico lorenés Maurice de Wendel al pintor José-Maria Sert. Está en el museo desde 1989.

¿Cómo pintó Sert una sala que cambia de color?
Entra y mira hacia arriba: paredes y techo están pintados como un único paisaje gris, atravesado por enormes drapeados rojos, con un cortejo que trepa por una montaña de figuras. La restauración descubrió cómo trabajaba Sert: hasta tres capas de veladuras aplicadas y trabajadas con un trapo, con polvo metálico, sobre una fina hoja de plata. Por eso la sala cambia de color según dónde te pongas.
Información práctica
Datos verificados el 23 de septiembre de 2026 en la web oficial carnavalet.paris.fr. Los precios y los horarios cambian: vuelve a comprobarlos antes de salir.
Entradas. Las colecciones permanentes son gratuitas y de acceso libre, sin reserva. Se pagan las exposiciones temporales y las visitas con un mediador del museo. Horarios. De martes a domingo el museo abre a las 10:00 y cierra a las 18:00. Las taquillas cierran a las 17:15, que es también la hora del último acceso a las colecciones. Los lunes cierra. Bolsos. Por el plan Vigipirate el control de bolsos es sistemático y no se admiten equipajes: solo entran los bolsos de mano. Si llegas de la estación con la maleta, haz este museo después del hotel. Cómo llegar. La entrada está en el 23 de la rue de Sévigné. Las paradas más cómodas son Saint-Paul en la línea 1 y Chemin Vert en la línea 8. Cuánto tiempo calcular. Las ocho etapas piden dos horas. Como no se paga, conviene partir la visita en dos veces en lugar de correr.
Las exposiciones en curso en el museo, con sus fechas, están en la tabla de exposiciones en París.
A partir de aquí
A cinco minutos a pie está el Musée Picasso, en el hôtel Salé, y por el camino pasas por el Musée Cognacq-Jay, que es el siglo XVIII visto por un coleccionista, y por el Musée de la Chasse et de la Nature. Hacia el otro lado, en dirección a la place des Vosges, están la Maison de Victor Hugo y, en la rue du Temple, el mahJ. Y si las decoraciones del Café de Paris te han picado la curiosidad, la chimenea del mismo local está en el Musée des Arts décoratifs.
Créditos fotográficos: fachada al patio de GFreihalter (CC BY-SA 4.0); pavo real de la joyería Fouquet de Poulpy (CC BY-SA 3.0); dormitorio de Marcel Proust de Adoc (CC BY-SA 4.0); sala de baile Wendel de Chatsam (CC BY-SA 3.0), todas de Wikimedia Commons.