Si estás organizando un viaje a Apulia o ya te encuentras en esta preciosa región, seguro que te estás preguntando qué ver en Alberobello. Es uno de los lugares más característicos de Italia, así que te aconsejo sin ninguna duda pasar al menos un día en la «ciudad de los trulli».

¡El motivo es muy sencillo!

Alberobello se ha convertido en uno de los destinos turísticos más visitados de Apulia: situada en el interior del Valle d’Itria, ofrece un espectáculo único en el mundo gracias a sus preciosos trulli. Estas viviendas tan típicas la convierten en una auténtica «postal»: cada callejón es una emoción por descubrir.

No te preocupes, no necesitarás muchísimo tiempo. Visitar Alberobello en un día es totalmente factible, pero hay algunas informaciones que conviene conocer para optimizar el recorrido entre los trulli, descubrir los más bonitos y disfrutar de sus paisajes.

Pasear entre los trulli es gratis, pero para entender de verdad la historia de los dos barrios te aconsejo participar en un tour guiado a pie: se sale de la terraza del Belvedere y se baja entre los callejones más característicos. El precio es contenido y descubrirás un montón de curiosidades.

¿Te apetece saber un poco más?

¡Empezamos!

Alberobello, qué ver: Rione Monti y Aja Piccola

Alberobello entró a formar parte del patrimonio de la Unesco en 1996, con sus más de 1.500 trulli convertidos en la meta de miles de turistas de todas partes del mundo.

Entre las cosas que ver en Alberobello hay algunas que no te puedes perder de ninguna manera. No puedes decir que has visitado la ciudad sin haber paseado por el Rione Monti y por la Aja Piccola: son los dos «barrios» con la mayor concentración de trulli, donde se encuentran también los más importantes.

¿Por ejemplo?

El trullo más curioso de Alberobello es el llamado Trullo Siamese. Se llama así porque, a diferencia de las demás viviendas, que tienen una sola cúpula por estancia, es el único que tiene dos cúpulas unidas en el centro. Lo encuentras en el Rione Monti, a lo largo de Via Monte Nero: no lo dejes escapar.

También en el Rione Monti se concentra la zona comercial de Alberobello, la que tiene más tiendas de souvenirs. Si buscas un recuerdo, aquí encontrarás seguro algo; y si no quieres comprar nada, entra igualmente en las tienditas para ver cómo es un trullo por dentro: la entrada casi siempre es gratuita.

La zona de Aja Piccola es en cambio la parte más auténtica de Alberobello: menos tiendas, menos turismo y algunas de las vistas más bonitas sobre el centro histórico, como el espléndido Belvedere Santa Lucia. Si te apetece hacer alguna foto o simplemente llenarte los ojos, es el sitio adecuado.

Vista de los trulli de Alberobello enmarcada por una puerta

El Trullo Sovrano

El Trullo Sovrano de Alberobello se encuentra al norte del pueblo, cerca de la Basílica de los Santos Médicos Cosme y Damián, de la que te hablaré dentro de poco.

Es monumento nacional y es el único trullo construido en dos plantas. El interior se puede visitar y alberga una casa museo, pero lo que más te va a impresionar es su cúpula: con nada menos que 14 metros de altura, se encuentra en el centro de un grupo de doce trulli más pequeños.

Si te parece poca cosa, piensa que para levantar una cúpula de estas dimensiones hacía falta una gran habilidad: el trullo está construido con la técnica de la piedra en seco, encajando los sillares sin usar mortero.

¡Aquí van algunas curiosidades sobre el Trullo Sovrano!

Se construyó en la primera mitad del siglo XVIII y fue durante años la vivienda de la familia del sacerdote Cataldo Perta; todo alrededor había trulli más pequeños, habitados por sus colaboradores. La estructura acogió también dos acontecimientos importantes para la historia de Alberobello: en 1785 recibió las reliquias de los Santos Médicos y más tarde se usó como oratorio de la Cofradía del Santísimo Sacramento.

Cuando te encuentres delante, fíjate en los detalles. Alrededor de la ventana central verás unos orificios con doble función: servían para fijar las tablas para la conservación del grano en la planta superior, pero también para pasar los cañones de los fusiles en caso de defensa. Abajo, un pequeño cercado de mampostería delimita el área, con un montadero para facilitar la subida a caballo.

¿Se te habría ocurrido alguna vez?

La entrada cuesta poquísimo (en torno a 2 euros): más que razonable para descubrir esta singularidad arquitectónica.

La Basílica de los Santos Cosme y Damián

A pocos pasos del Trullo Sovrano se encuentra el santuario dedicado a los santos Cosme y Damián, llamados también los Santos Médicos: dos santos taumaturgos que, según la tradición cristiana, obraron muchas curaciones milagrosas, tanto de hombres como de animales. Originarios del Oriente romano (la tradición los hace de Arabia), fueron martirizados durante el imperio romano.

Pero ¿qué tienen que ver con Alberobello?

La devoción popular cuenta que los milagros atribuidos a los dos santos eran tantos que hicieron necesaria una basílica dedicada a ellos. Las obras empezaron en 1882 y terminaron en 1885.

¿Vale la pena visitarla?

Más allá del valor religioso, el Santuario de los Santos Médicos me dejó un poco decepcionada. Sí, porque me habría esperado una iglesia con forma de trullo, y en cambio la estructura es de imponente arquitectura neoclásica, con dos grandes torres de gusto gótico norteuropeo. El interior no tiene nada realmente particular: dos estatuas de madera de los santos, un tríptico de Jesús Maestro y algunas pinturas y taraceas.

¡Pero aquí va una curiosidad!

Se cuenta que los habitantes de un municipio cercano, convencidos de los poderes milagrosos de los santos, decidieron robar sus estatuas. Sin embargo, una vez cargadas en los carros, no hubo manera de transportarlas: los caballos se negaron a moverse a pesar de los latigazos, y se vieron obligados a devolverlas a la iglesia.

La Casa d’Amore y la Casa Pezzolla

Si todavía no estás cansado de pasear por Alberobello, te aconsejo un último esfuerzo para ver la Casa d’Amore y la Casa Pezzolla.

La Casa d’Amore es un edificio completamente distinto de los demás trulli y marca el paso de las construcciones en seco a las primeras casas de mampostería de estilo decimonónico. Fue posible construirla gracias al giro de 1797, cuando Fernando IV de Borbón liberó a Alberobello del dominio feudal, elevándola a ciudad regia. El nombre no tiene nada de romántico: viene de Francesco D’Amore, el ciudadano que la edificó primero.

La Casa Pezzolla es en cambio un espectacular complejo de quince trulli comunicados entre sí. Hoy alberga el Museo del Territorio, que cuenta los orígenes de Alberobello y los usos y costumbres del lugar. La entrada cuesta pocos euros; conviene comprobar los horarios actualizados antes de la visita.

¡Te la recomiendo!

Detalle del tejado de un trullo de Alberobello

Por qué Alberobello se llama así y el origen de los trulli

¡Apuesto a que tú también te has preguntado el porqué de este nombre!

El nombre Alberobello parece derivar del latín Silva Arboris Belli, es decir «bosque del árbol de la guerra», con el que se indicaba el lugar en documentos medievales.

Pero ¿por qué las casas tienen esta forma tan extraña?

La zona empezó a estar habitada de forma estable entre los siglos XVI y XVII, cuando los poderosos condes Acquaviva d’Aragona de Conversano asentaron allí a unos campesinos. Y aquí llega el golpe de genio. En el Reino de Nápoles regía la Pragmatica de Baronibus, una norma que imponía a los señores un impuesto por cada nuevo asentamiento urbano. Para esquivarla, los condes obligaron a los campesinos a construir casas en seco, sin mortero.

El motivo es genial: sabiendo de antemano de la llegada del inspector real, bastaba con sacar la piedra clave (la «chianca») para que la casa entera se derrumbara en un montón de piedras, y volver a levantarla en cuanto el funcionario se marchaba. ¡Un pueblo entero «desmontable» para no pagar impuestos!

Precisamente por esta necesidad de montarse y desmontarse deprisa, los trulli de Alberobello son sencillos, esenciales, enriquecidos solo por los pináculos y por los «misteriosos» signos místicos pintados en los tejados. Alberobello se libró de esta estratagema solo en 1797, cuando se convirtió en ciudad regia.

Los trulli de Alberobello, vista panorámica

Dormir en Alberobello

Si tienes intención de quedarte algún día más y usar Alberobello como base para descubrir los alrededores, dormir dentro de un trullo es una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida: muchas viviendas del Rione Monti y de la Aja Piccola se han transformado en b&b y pequeños alojamientos, a menudo con jardín. Busca alojamiento en el centro histórico si quieres moverte a pie, o justo fuera de las murallas si prefieres más tranquilidad y aparcamiento cómodo.

Cuándo ir a Alberobello

Visitar la ciudad de los trulli es bonito en cualquier estación, pero en mi opinión la mejor época son los meses de junio-julio o septiembre-octubre: la ciudad todavía no está tomada por el turismo y no te arriesgas a hacer cola solo para una foto. El verano es muy caluroso, así que te desaconsejo agosto.

Visitar Alberobello te permite además disfrutar de las preciosas playas de Apulia: entre las más bonitas están Monopoli, Capitolo, la espléndida Polignano a Mare o la ciudad blanca de Ostuni. Y si te gustan los pueblos Patrimonio de la Unesco, un poco más allá te espera también Matera, con sus Sassi.

¿Se puede ir en invierno?

La ciudad es preciosa también en invierno, pero podrías toparte con chaparrones o (rara vez) con algún día muy frío: tenlo en cuenta.

Trulli en Alberobello, panorámica

Cómo llegar a Alberobello

Alberobello se alcanza a través de las clásicas carreteritas de Apulia, entre olivos y muretes de piedra en seco. El espléndido paisaje de la Murgia y del Valle d’Itria hace de marco a esta pequeña ciudad tan característica.

Si te estás preguntando cómo llegar a Alberobello, la ciudad es fácilmente accesible en coche, en tren o en autobús. En coche desde Bari se cogen la SS 100 y la SS 172. El tren (línea Ferrovie del Sud Est) conecta Alberobello con Bari, Taranto y Fasano, con la estación a pocos pasos del centro. En autobús hay varias líneas desde Bari y desde otras ciudades. El aeropuerto más cercano es el de Bari Karol Wojtyła (Palese), a unos 70 km.

En resumen, ya no tienes más excusas para no visitarla.

Mientras paseaba por las callecitas de Alberobello pensaba en la vida de hace cuatrocientos años, cuando los campesinos de este pequeño pueblo nunca habrían imaginado que sus humildes casas se convertirían en el centro de atención de miles de turistas curiosos.

Y a ti, ¿te gustaría perderte entre los callejones de la ciudad de los trulli, o ya has estado?

Detalle de los tejados de los trulli de Alberobello