¿Estás pensando en una escapada a Abruzzo y quieres descubrir por fin qué ver en Sulmona, la famosa «ciudad de los confetti»?
Pues has llegado al sitio adecuado.
Sulmona es famosa en toda Italia por sus confetti (las peladillas), pero pocos saben que es también una ciudad antiquísima, perfecta para una visita de un día. El centro histórico no es grande, pero te aconsejo hacer un recorrido por sus iglesias más bonitas. A lo largo del año, además, hay citas que no te puedes perder: la Giostra Cavalleresca, un torneo a caballo, a finales de julio, y la espectacular «Madonna che scappa in piazza» el domingo de Pascua.
Pero no es todo. ¿Sabías que en Sulmona sigue en pie un acquedotto medievale, un acueducto medieval? Construido en 1256 bajo el rey Manfredo de Suabia, con sus 21 arcos apuntados a lo largo de Piazza Garibaldi, es una de las estampas más bonitas del centro-sur de Italia.
Hasta la ubicación te dejará sin palabras: Sulmona está en el corazón verde de Abruzzo, no lejos del Parque Nacional de la Majella y del precioso lago de Scanno.
¿Quieres saber más?
Antes de contarte qué ver en Sulmona, dos curiosidades. Según la leyenda, la ciudad fue fundada por Solimo, uno de los compañeros de Eneas; pero su hijo más célebre es sin duda el poeta romano Ovidio, que nació aquí en el 43 a. C. y al que está dedicada una estatua en el centro (la ciudad lleva todavía el lema SMPE, «Sulmo mihi patria est», Sulmona es mi patria).
¡Empezamos!

Santa Maria della Tomba
La primera parada de muchos turistas es la fábrica de confetti Pelino; la primera de la que te hablaré yo, en cambio, es la preciosa iglesia de Santa Maria della Tomba.
Es una de las primeras cosas que ver en Sulmona para meterte de lleno en la Edad Media: de origen medieval (siglos XIII-XIV), se levanta, como ocurre a menudo, sobre los restos de un antiguo templo pagano. La fachada románico-gótica es sencilla y limpia, pero no te dejes engañar: párate a observar su bellísimo rosetón y su portada.
Por dentro pierde parte del encanto medieval (la decoración es barroca), pero la división en tres naves sigue marcada por elegantes columnas góticas. Lo más bonito, para mí, sigue siendo justamente la arquitectura antigua.

La cripta de San Panfilo
La catedral de San Panfilo es la meta ideal si eres un apasionado de la Edad Media como yo. Es el primer monumento que te encontrarás viniendo desde la estación y uno de los más antiguos de la ciudad.
Igual que Santa Maria della Tomba, San Panfilo se construyó en época altomedieval sobre edificios más antiguos (quizá un templo de Apolo). Por fuera se parece a Santa Maria della Tomba, con una portada ojival flanqueada por dos leones que sostienen las estatuas de San Pelino y San Panfilo: es todo lo que queda de la antigua estructura medieval, porque el ala derecha y el campanario son añadidos renacentistas.
¿Y entonces por qué merece la pena visitarla?
Porque la cripta de San Panfilo ha sido uno de los lugares que más me han emocionado. Es la parte más antigua de la iglesia: dentro encontrarás un bonito fresco del siglo XIV y un sarcófago del siglo XV. Restaurada a fondo en el siglo XIX, hoy ha vuelto a sus formas sencillas de lugar de recogimiento medieval.
¡No te la pierdas!

El complejo de la Annunziata
Si tanto hablar de Edad Media no te ha cansado, hay un último edificio que te aconsejo: el precioso complejo de la Annunziata, un monumento del siglo XIV (fundado en 1320) formado por la iglesia y el palacio de la Annunziata.
Reformado varias veces, conserva un exterior de verdad característico y mucho más rico en decoración que las dos iglesias anteriores. La parte más antigua, a la izquierda, tiene una preciosa portada gótica con la Virgen y el Niño, coronada por la estatua de San Miguel Arcángel; la sección central, renacentista, tiene columnillas salomónicas, una ventana bífora estupenda y las representaciones de las Virtudes. Fíjate también en la cornisa que recorre la fachada, con putti y figuras sagradas y profanas, y en las siete estatuas: San Gregorio Magno, San Buenaventura, San Agustín, San Jerónimo, San Panfilo (patrón de Sulmona), San Pedro y San Pablo.
Dentro se aloja hoy el museo municipal, con una importante sección arqueológica y obras medievales y modernas, entre ellas el Tabernáculo de Giovanni da Sulmona.
En resumen, la visita es absolutamente recomendable.

Qué ver cerca de Sulmona
A pocos kilómetros de la ciudad hay otros dos lugares que me apetece aconsejarte.
El primero es la ermita de Sant’Onofrio al Morrone, en las laderas del monte Morrone, donde Pietro da Morrone solía retirarse a rezar. Convertido en papa con el nombre de Celestino V, pasó a la historia como el primer pontífice que abdicó, en 1294 (el segundo será Benedicto XVI, en 2013); Dante lo identificó, según la tradición, con «el que hizo por cobardía la gran renuncia». La gruta en la que se retiraba todavía se puede alcanzar por una escalinata exterior, y se cuenta que en una piedra quedó la huella de su cuerpo, con poderes milagrosos contra el reuma. En el oratorio hay algunos frescos medievales con la Crucifixión.
El segundo es el antiguo santuario de Hércules Curino, un yacimiento arqueológico dedicado al semidiós Hércules: ampliado hacia el 89 a. C. con terrazas que recuerdan al santuario de la Fortuna Primigenia de Palestrina o al de Hércules en Tívoli. Queda poco de la estructura antigua, pero podrás ver la gran escalinata y el altar; busca también la pequeña columna con doce versos grabados, atribuidos a Ovidio.
El evento que no te puedes perder: la Madonna che scappa
El evento más importante de Sulmona es la «Madonna che scappa in piazza», la Virgen que corre por la plaza, el domingo de Pascua.
Los habitantes se reúnen en Piazza Garibaldi para una auténtica carrera: la estatua de la Virgen, vestida de negro en señal de luto, es llevada hacia el Hijo resucitado y, en el momento más espectacular, el manto negro cae para dejar paso a un precioso manto verde. Es un mecanismo transmitido de generación en generación dentro de la cofradía. Si quieres asistir, ponte en la plaza a primera hora de la mañana: es una procesión muy sentida, que atrae a miles de visitantes.
¿Y a ti, de Sulmona qué te atrae más, su Edad Media silenciosa o la dulzura de colores de sus confetti?
