El Prado no nació para ser un museo. Carlos III encargó a Juan de Villanueva el edificio para un gabinete de historia natural, y durante la guerra de la Independencia contra Napoleón se alojó en él la caballería: el plomo de los tejados se fundió para hacer balas. El 19 de noviembre de 1819 abrió como museo real de pinturas, con 311 cuadros en tres salas, todos de pintores españoles. Hoy expone más de 1.800 obras, entre cuadros, esculturas y objetos.
El nombre viene del terreno sobre el que se levanta, el Prado de los Jerónimos. Y hay una manera de visitar el museo sin pagar: en las dos últimas horas de apertura la entrada a la colección es gratis para todos, de 18:00 a 20:00 de lunes a sábado y de 17:00 a 19:00 los domingos y festivos.
¿Por dónde se empieza, en un museo que expone más de 1.800 obras?
Ocho obras, por orden de fecha
Por unas pocas: aquí tienes ocho, de la más antigua a la más reciente. Las salas del Prado cambian con cada nuevo montaje, así que no te doy los números: coge el plano en la entrada y busca el título de la obra.

El Prado no es un museo enciclopédico como el Louvre: es la colección de los reyes de España, y refleja sus gustos. Por eso es fortísimo en pintura española, italiana y flamenca, y flojo allí donde los reyes no compraban. Lo que aquí falta lo encuentras en el Museo Thyssen-Bornemisza, al otro lado del paseo.
Fra Angelico, la Anunciación
Es la primera obra de la lista y también la más antigua: Fra Angelico la pintó hacia 1425-1426 para el convento de Santo Domingo de Fiesole. Mira el pórtico con las bóvedas azules y las estrellas de oro, el ángel vestido de rosa y la Virgen con el manto azul. A la izquierda, fuera del pórtico, Adán y Eva son expulsados del jardín.

¿Cómo llegó a Madrid un retablo de Fiesole?
Pasando de mano en mano. En 1611 los frailes se lo vendieron a Mario Farnese para pagar el campanario de la iglesia, y él se lo regaló al duque de Lerma. Acabó en el monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, donde Federico de Madrazo, entonces director del Prado, lo encontró en el claustro alto. La priora lo cedió, y a cambio recibió una Anunciación pintada por el propio Madrazo. Está en el Prado desde el 16 de julio de 1861.
El Bosco, El jardín de las delicias
Es un tríptico de 220 por 389 centímetros. A la izquierda el paraíso, en el centro un jardín lleno de cuerpos desnudos, frutas gigantes y animales, a la derecha un infierno oscuro. Felipe II era un gran admirador del Bosco: compró nueve obras suyas y las tuvo un tiempo en El Escorial. El Jardín entró en el Prado en 1939, en depósito de Patrimonio Nacional.

La fecha no es segura; el museo indica los años 1490-1500. Acércate a la tabla central y mira las figuras una a una: así es como se lee el cuadro.
Tiziano, Carlos V en Mühlberg
Tiziano pintó al emperador en 1548, un año después de su victoria de Mühlberg sobre la Liga de Esmalcalda, los príncipes protestantes alemanes. Delante del cuadro notas enseguida su tamaño: mide más de tres metros de alto. Carlos V va con armadura, con una larga lanza, sobre un caballo oscuro. Detrás de él solo hay un bosque y un paisaje tranquilo: ni enemigos vencidos ni batalla.

Se cuenta que el lienzo, puesto a secar al aire libre, lo rasgó un golpe de viento en la grupa del caballo, y que lo reparó otro pintor, Christoph Amberger. Las radiografías confirman que el daño existe. La armadura que Carlos V llevó en Mühlberg sigue existiendo: forma parte de la Real Armería, la colección de armas de los reyes de España, que pertenece al Palacio Real.
El Greco, El caballero de la mano en el pecho
Te mira a los ojos, y no se sabe quién es. El Greco lo pintó hacia 1578-1580; la hipótesis más aceptada es que se trata de Juan de Silva, marqués de Montemayor. El título con el que lo conocemos se lo puso el escritor Pío Baroja.

Mira el fondo. Antes de la última restauración parecía negro: bajo la suciedad y el barniz oxidado, los restauradores encontraron un gris claro.
Rubens, Las tres Gracias
Rubens tuvo el cuadro en su casa hasta su muerte, en 1640; Felipe IV lo compró cuando subastaron los bienes del pintor. Las tres mujeres están desnudas, unidas por los brazos y por un velo transparente; la del centro está de espaldas, y si sigues las miradas ves que se miran entre ellas.

Cuando llegó al Prado, en el siglo XIX, el cuadro pasó su primera década en una sala reservada, cerrada al público general, junto con los demás desnudos.
Velázquez, Las meninas
Velázquez lo terminó en 1656, y es uno de los cuadros más estudiados del mundo. En el centro está la infanta Margarita, la hija de Felipe IV, con sus damas, las «meninas»; a la izquierda, el propio pintor, delante de un lienzo enorme; en primer plano, un perro.

¿Quién está mirando la escena?
Busca el espejo en la pared del fondo: refleja al rey Felipe IV y a la reina Mariana de Austria. Quizá es el retrato que Velázquez está pintando, quizá los reyes acaban de entrar en la sala: los especialistas no se ponen de acuerdo. En la puerta del fondo, a contraluz, está José Nieto, con los pies en dos escalones distintos.
La sala existió de verdad: estaba en el Alcázar de Madrid, el castillo que ardió en 1734 y en cuyo lugar se levantó el Palacio Real.
Goya, El 3 de mayo
Goya lo terminó en 1814, junto con El 2 de mayo: los dos cuadros cuentan el levantamiento de Madrid contra las tropas de Napoleón y los fusilamientos del día siguiente. Un hombre con camisa blanca levanta los brazos ante el pelotón: de los soldados solo ves las espaldas, nunca las caras.

Manet se inspiró en él para su Ejecución de Maximiliano, y Picasso lo recordó en el Guernica, que hoy está en el Reina Sofía. Durante la guerra civil, en marzo de 1938, el camión que llevaba los dos cuadros hacia Gerona fue alcanzado por el derrumbe de un balcón en Benicarló, y los lienzos se rasgaron; la última restauración es de 2008.
Goya, Saturno
Saturno forma parte de las Pinturas negras, que Goya pintó en las paredes de su casa, la Quinta del Sordo, comprada en 1819. Saturno estaba en el comedor, en la planta baja: imagina comer bajo esa mirada.

A partir de 1874 el restaurador Salvador Martínez Cubells arrancó las pinturas de las paredes y las pasó a lienzo, por encargo del barón Émile d’Erlanger, que había comprado la finca. El barón las expuso en París en 1878 y las donó al Estado español en 1881. Están en el Prado desde 1889.
Información práctica
Datos verificados el 30 de octubre de 2026 en la web oficial museodelprado.es. Los precios y los horarios cambian: vuelve a comprobarlos antes de viajar. La web del Prado no se abre a las comprobaciones automáticas: estas cifras las he leído en las vistas previas de su página en los buscadores y las he comparado con una guía de Madrid actualizada en septiembre de 2026.
El Prado es uno de los tres museos del paseo: los otros dos son el Reina Sofía, con el Guernica, y el Thyssen-Bornemisza. Para ver dónde vivían los reyes que reunieron esta colección está el Palacio Real. Y si Felipe II y el Bosco te han despertado la curiosidad, a cincuenta kilómetros está el monasterio de El Escorial, que él mandó construir.
Fotografías de Wikimedia Commons: la fachada, de Oilisab, CC BY-SA 4.0; las obras son reproducciones de dominio público.