Si sales del Prado con la sensación de que falta algo, tienes razón: una colección reunida por reyes tiene las lagunas de sus gustos, y allí encuentras pocos primitivos italianos, poco Renacimiento alemán y ni un solo impresionista. Cruza el paseo del Prado: el Museo Thyssen-Bornemisza nació de otra colección, la de una familia, y llena esas lagunas. Aquí encuentras el único Van Eyck de España y el único retrato de Enrique VIII pintado por Holbein que se conserva.
Los lunes el museo abre solo de 12:00 a 16:00, pero en esas cuatro horas la colección es gratis para todos, sin entrada. Los demás días la entrada general cuesta 14 euros, e incluye también las exposiciones temporales.
¿Cómo acabó en Madrid la colección privada de un barón que vivía en Suiza?
Dos barones y una colección
La colección la empezó en La Haya, hacia 1928, el primer barón, Heinrich Thyssen-Bornemisza. En diez años reunió buena parte de sus cuadros antiguos, y el momento le ayudó: tras el crac bursátil de 1929, muchas familias europeas y estadounidenses vendían sus obras maestras. En 1932 compró Villa Favorita, a orillas del lago de Lugano.

A su muerte, en 1947, sus hijos se repartieron los cuadros. El segundo barón, Hans Heinrich, pasó años recomprándolos a sus hermanos, y añadió lo que su padre, de gustos más conservadores, había dejado fuera: los impresionistas y el arte moderno.
Si el apellido te hace pensar en la Alemania nazi, ten presente una distinción: la rama de los Thyssen que apoyó a Hitler en sus inicios era la de Fritz Thyssen, no la de los Bornemisza, que vivieron en Hungría, en Holanda y en Suiza.
Por qué Madrid
En los años ochenta el barón buscaba una sede para la colección, y llegaron ofertas de toda Europa y de Estados Unidos, incluida la del Getty de Los Ángeles. En 1985 se había casado con una española, Carmen Cervera, y fue ella quien lo acercó al país.
España aceptó sus condiciones, un museo con el nombre de la familia y la colección unida, y ofreció el palacio de Villahermosa, en el paseo del Prado, reformado por el arquitecto Rafael Moneo. El museo abrió el 8 de octubre de 1992 con los cuadros en alquiler, y en junio de 1993 el Estado compró 775 obras por 350 millones de dólares. En 2004 el museo se amplió para exponer también la colección de Carmen Cervera: la ves en las mismas salas, pero es suya, y el museo la tiene en préstamo.
El Quattrocento italiano
¿Qué hay aquí que no encuentras en el Prado?
Para empezar, un retrato de perfil del Quattrocento florentino: la visita empieza en la segunda planta, con la Edad Media italiana, y baja hacia el siglo XX. Domenico Ghirlandaio pintó a Giovanna Tornabuoni en 1489-1490. Mira la inscripción latina del cartelillo que tiene detrás: al final lleva una fecha, 1488, que es también el año en que murió Giovanna; para los especialistas, el retrato se terminó después. Luego busca el collar de coral colgado y el libro en el estante.

Y luego el cuadro que abre esta página, el Joven caballero en un paisaje de Vittore Carpaccio, hacia 1505. Se considera el primer retrato de cuerpo entero y a tamaño natural pintado en Europa. El muchacho con armadura está de pie en un prado lleno de flores y animales: tómate tu tiempo para buscarlos.
El Renacimiento del norte
Si el Renacimiento alemán del Prado te ha sabido a poco, aquí hay más. Alberto Durero firmó su Jesús entre los doctores escribiendo que lo había pintado en cinco días, en 1506. El niño Jesús está encajado entre los doctores, casi todos ancianos; mira el centro del cuadro, donde sus manos se entrelazan con las suyas.

Luego está Enrique VIII de Hans Holbein el Joven: es el único retrato del rey de mano de Holbein que se conserva. El rey aparece de medio cuerpo, con el sombrero de pluma y el jubón plateado bordado: acércate para ver los bordados.

Y está el Van Eyck: el Díptico de la Anunciación. De lejos te parecerán dos estatuas de piedra en dos hornacinas: están pintadas, en gris.

Caravaggio
Caravaggio la pintó en 1598: es la Santa Catalina de Alejandría. La santa está arrodillada sobre un cojín rojo, junto a la rueda de madera de su martirio, y sostiene una espada.
El lienzo estaba en Roma, en el palacio Barberini. Hacia 1930 el gobierno de Mussolini autorizó su exportación, junto con el Jesús entre los doctores de Durero del que te he hablado un poco más arriba: los dos cuadros pasaron a Suiza, y de allí a la colección de los Thyssen.

De los impresionistas al siglo XX
¿Y los impresionistas, que en el Prado no están?
Están aquí, y en ningún otro museo de la ciudad. Hay Manet, Monet, Degas, Renoir, Pissarro, y Van Gogh, con Les Vessenots en Auvers, de 1890, el último año de su vida.

Bajando, encuentras el expresionismo alemán, la vanguardia rusa y la pintura estadounidense. Muchas obras del siglo XX siguen protegidas por los derechos de autor: por eso aquí no encontrarás sus fotografías.
Información práctica
Datos verificados el 30 de octubre de 2026 en la web oficial museothyssen.org. Los precios y los horarios cambian: vuelve a comprobarlos antes de viajar.
Para el arte español y los grandes venecianos, el vecino es el Museo del Prado; para el siglo XX español y el Guernica, el Reina Sofía. Y para otra colección de familia está el Palacio de Liria de los duques de Alba.
Fotografías de Wikimedia Commons: la fachada, de Luis García (Zaqarbal), CC BY-SA 3.0; las obras son reproducciones de dominio público.