El famoso fresco «La escuela de Atenas» de Rafael es una de las obras maestras más conocidas del Renacimiento italiano. Es una de las piezas más icónicas de este periodo y marca un paso claro entre el arte medieval y el renacentista. Lo encuentras en los Museos Vaticanos, en Roma, en la sala que hoy llamamos Estancia de la Signatura.
Sí, porque mientras durante la Edad Media la religión estaba siempre en el centro de las escenas representadas, durante el Renacimiento se empiezan a poner las bases de una producción artística más centrada en el hombre laico. La escuela de Atenas de Rafael es uno de los mayores ejemplos de ese paso. La obra simboliza el redescubrimiento de los textos clásicos, griegos y latinos, como si quisiera establecer una comparación entre los intelectuales de la época y los del pasado.
Pero La escuela de Atenas esconde también muchísimas curiosidades.
Sí, porque al ejecutar esta obra, Rafael no se conformó con tomar unos modelos cualesquiera: utilizó las fisonomías de algunos de los personajes más célebres de su tiempo y los trasladó en clave «filosófica» según las inclinaciones de cada uno.
¿Y eso qué quiere decir?
Ahora te pongo un ejemplo.
Si te fijas en el personaje de Euclides, aparece representado con los rasgos de su gran amigo Bramante, ocupado en trazar un dibujo geométrico en el suelo. En el centro, en cambio, Leonardo da Vinci hace el papel de Platón y, más abajo, un poco aislado a la izquierda, bajo la apariencia de Heráclito, encontramos a Miguel Ángel Buonarroti.
Este último aparece en una pose bastante enfurruñada, sujetándose la cabeza con la mano, completamente ajeno a todo lo que le rodea.
¿Quieres saber por qué?
Entonces solo te queda seguir leyendo y descubrir todas las curiosidades sobre La escuela de Atenas de Rafael.
¡Empezamos!
La escuela de Atenas: breve explicación de la obra
Antes de aventurarnos en las curiosidades de esta obra maravillosa, me gustaría proponerte un breve análisis del fresco. Como te decía al principio, el tema principal de La escuela de Atenas es el conocimiento del hombre, representado bajo las vestiduras de las personalidades clásicas más importantes.
Pero ¿por qué precisamente este tema?
El encargo le llegó a Rafael de la mano del papa Julio II, que sencillamente quería redecorar sus aposentos privados (las cuatro salas hoy conocidas como Estancias de Rafael). El fresco se pintó entre 1509 y 1511 justamente en la Estancia de la Signatura, que albergaba la biblioteca personal del papa. La idea de fondo era, evidentemente, la exaltación del papado y de la cultura de la Iglesia católica como heredera de la civilización latina y griega.
Por eso Rafael realiza para el pontífice cuatro grandes frescos, que representan las cuatro esferas del conocimiento según la cultura humanista: la Teología, la Filosofía, la Poesía y la Jurisprudencia.
En el fresco «La escuela de Atenas», Rafael celebra por tanto el conocimiento del hombre en su máxima expresión. Toda la escena parece de hecho centrada en una gran discusión y todos los personajes están representados según su pensamiento filosófico.
Si la observas con atención, la obra es una auténtica materialización, en carne y hueso, de las ideas que más han influido en la historia del hombre durante la edad clásica. Por citar solo a los más importantes, en el centro podrás fijarte en Platón y Aristóteles, que señalan uno el mundo de las ideas y el otro la realidad empírica. A su izquierda está Sócrates, con una túnica verde, hablando con algunos interlocutores. Está además Pitágoras, en el acto de escribir en un libro, Euclides, que está haciendo una demostración con el compás y, tumbado en los escalones con su cuenco, el provocador Diógenes.
En total hay 58 personajes y, evidentemente, la obra está dedicada a un público culto, capaz de identificar bien a los sujetos pintados al fresco.
Pero no todo es representación.
De hecho, el espacio en el que se representa La escuela de Atenas es extremadamente real. Parece que estuvieras dentro de un templo de verdad, hasta el punto de que podría estar inspirado en algunos proyectos de Bramante para la nueva basílica de San Pedro.
La perspectiva geométrica es perfecta y está enmarcada, a ambos lados, por las estatuas de Apolo y Minerva. Por supuesto, también la luz y el color están utilizados a la perfección por Rafael y ayudan a dar una gran sensación de armonía a pesar del acalorado debate representado.
Sigue leyendo para descubrir todas las curiosidades sobre La escuela de Atenas…

La escuela de Atenas: Miguel Ángel pintado como Heráclito
Como te decía, en «La escuela de Atenas» se esconden también curiosidades importantes, y algunos estudiosos han visto incluso una crítica abierta de Rafael hacia Miguel Ángel, utilizado como «modelo» para la figura de Heráclito.
Heráclito era definido desde la antigüedad como un filósofo «oscuro» y de pensamiento bastante críptico. Suya es la doctrina de los contrarios, es decir, el choque entre esencias opuestas del ser y de los sentimientos que, sin embargo, necesitan convivir, factores que encajan muy bien con el espíritu solitario y enigmático de Miguel Ángel.
Pero además del aspecto «filosófico», Rafael pone de relieve otros detalles.
Sabemos que Buonarroti, justo en ese periodo, estaba realizando el maravilloso fresco de la Capilla Sixtina. Debes saber que, aunque era riquísimo por los encargos que había recibido, vivía de manera muy pobre. Se dice que no se quitaba nunca las botas, ni siquiera para dormir, y que se las sacaba solo cuando tenía que cambiarlas por un par nuevo. En resumen, las llevaba tanto tiempo que la piel del pie se le quedaba pegada al calzado.
¿No te parece que esa característica está especialmente resaltada?
Si te fijas, en todo el fresco de La escuela de Atenas el único personaje al que se le ven las botas (gastadas) de un modo tan evidente es precisamente Heráclito / Miguel Ángel. En primer plano Rafael pintó por tanto las botas de su antagonista, como para subrayar la peste que soltaban. Además, el modo en que la anatomía de este personaje está definida y pintada recuerda a la pintura del propio Miguel Ángel.
Rafael, por tanto, imitó la manera de pintar de su rival y, aunque lo «homenajeó» dándole un sitio en esta obra importantísima, de algún modo se burló de él por su estilo de vida demasiado sobrio y por su aislamiento de la vida mundana.
Y hay un detalle que lo hace todo aún más fascinante: la figura de Heráclito no estaba en el proyecto original. El gran cartón preparatorio conservado en la Pinacoteca Ambrosiana de Milán no la contiene en absoluto. Rafael la añadió solo después de haber visto (según Vasari, a escondidas) la bóveda de la Capilla Sixtina en la que estaba trabajando Miguel Ángel: quedó deslumbrado y quiso incluir un tributo a su rival, pintado en su mismo estilo potente y escultórico. Homenaje y desafío, todo en una sola figura.
Pero no acaba aquí, porque en la obra se esconden muchos otros personajes famosos.

Leonardo da Vinci representado como Platón
Exactamente en el centro de la escena, justo debajo del arco, se encuentran los que estaban considerados los dos máximos exponentes de la filosofía griega: Platón y Aristóteles. Si te fijas, la figura de Platón se parece muchísimo a uno de los autorretratos de Leonardo da Vinci: en la mano sostiene el Timeo y con el dedo señala el cielo.
En un solo gesto, Rafael consiguió condensar la idea de Platón / Leonardo según la cual la filosofía se basa en el mundo de las ideas trascendentes, el famoso Hiperuranio, pero también en la búsqueda del Bien.
A su izquierda, en clara contraposición, está Aristóteles, con el rostro del menos conocido Bastiano da Sangallo (apodado, mira por dónde, «Aristotile»). Sostiene la Ética a Nicómaco y extiende el brazo hacia abajo, con la palma vuelta hacia el suelo, para indicar precisamente que su investigación se centró en cambio en el mundo real.
Es realmente sorprendente cómo en «La escuela de Atenas» Rafael consiguió condensar con dos gestos, en apariencia tan banales, dos pensamientos filosóficos tan complejos y tan opuestos.

Bramante representado como Euclides y el autorretrato de Rafael
En la parte derecha de «La escuela de Atenas» puedes ver un pequeño grupo de personas que se concentra alrededor de una figura que está trazando un círculo con un compás. Es Euclides (o Arquímedes), que está enunciando un teorema basándose precisamente en las figuras geométricas.
También en este caso el rostro del matemático está tomado prestado de un personaje famoso de la época: se trata de Bramante.
Justo a sus espaldas, y un poco apartado respecto al grupo de alumnos, se encuentra en cambio el autorretrato de Rafael y el de su amigo y colega Sodoma, que trabajó en la pintura de la bóveda, o quizá el de Perugino, maestro de Rafael.

La única mujer en La escuela de Atenas
En un mundo casi completamente dominado por el sexo masculino, Rafael quizá tuvo la audacia de representar también a una mujer.
Se trata de una figura envuelta en una vestidura blanca que debería representar a la filósofa Hipatia. Además de ser una de las cuatro figuras que dirigen la mirada hacia el observador, esta figura está en el centro de un acalorado debate.
Sí, porque no existe ningún texto que la identifique con certeza bajo esas vestiduras y algunos historiadores consideran que el rostro es el de Francesco Maria della Rovere, duque de Urbino y sobrino del papa Julio II.
En definitiva, a día de hoy el misterio sigue sin resolverse.

Dónde admirar La escuela de Atenas
Como te decía al principio, el fresco se encuentra en las Estancias de Rafael, dentro de los Museos Vaticanos de Roma. Es la misma visita que te lleva a la Capilla Sixtina de Miguel Ángel: con una sola entrada admiras por tanto las obras maestras de los dos eternos rivales, a pocos pasos la una de la otra.
Un consejo práctico: los Museos Vaticanos están entre los más visitados del mundo y las colas en la entrada pueden ser larguísimas. Merece mucho la pena reservar con antelación un tour guiado de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina: te evitas la espera y un guía te ayuda a reconocer todos los rostros ocultos que te he contado.
¿Y tú, a cuántos de estos personajes habías conseguido reconocer?
