¿Quieres conocer las curiosidades y las anécdotas sobre la Capilla Sixtina de Miguel Ángel?

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He entrado ahí muchas veces, siempre con el mismo nudo en la garganta cuando levanto la mirada hacia la bóveda. En este artículo te hablo de Miguel Ángel y de su trabajo dentro de la Capilla Sixtina: el hombre que se esconde detrás del artista, los errores técnicos, las venganzas pintadas y los detalles que te ayudarán a mirarla con otros ojos.

Una cosa que conviene tener en mente antes que ninguna otra: Buonarroti no quería en absoluto este encargo. Era escultor y, hasta ese momento, casi nunca había tocado la técnica del fresco. Para pintar la bóveda de la Capilla Sixtina, curva por si fuera poco, tuvo que aprender desde cero un oficio que no era el suyo.

Recuerda algo importante: la Capilla Sixtina se visita solo a través de los Museos Vaticanos, y casi siempre es la última parada del recorrido. Para evitar la cola interminable de la taquilla te aconsejo el tour guiado de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina, con entrada prioritaria.

¿Estás listo para descubrir todas las curiosidades de uno de los lugares más bonitos de Roma?

¡Empezamos!

La Capilla Sixtina antes de Miguel Ángel

Puede que no lo sepas, pero cuando Miguel Ángel llegó con sus pinceles la Capilla Sixtina existía ya desde hacía más de treinta años.

La mandó construir el papa Sixto IV della Rovere entre 1473 y 1481, y es precisamente de él de quien toma el nombre (en origen se llamaba Capilla Magna). Las paredes laterales, las de más abajo, esas que a menudo se miran de pasada, fueron pintadas al fresco por un equipo de artistas extraordinarios: Botticelli, Perugino, Ghirlandaio, Signorelli, Rosselli y Pinturicchio. Son los ciclos con las historias de Moisés y de Cristo, y merecen la misma atención que la bóveda.

Hay un detalle que poca gente conoce.

Según una tradición muy extendida, las proporciones de la capilla (unos 40 metros de largo, 13 de ancho y casi 21 de alto) reproducirían las del Templo de Salomón descrito en la Biblia. Es una idea fascinante, que hay que tomarse por lo que es: una lectura simbólica sugerente, no un dato seguro sacado de los documentos de obra.

Una curiosidad: es aquí, bajo la bóveda de Miguel Ángel, donde todavía hoy los cardenales se reúnen en cónclave para elegir al nuevo papa. Cuando las puertas se cierran, esas son las paredes que los rodean.

frescos de la bóveda de la capilla sixtina con dios separando la luz de las tinieblas

La personalidad de Miguel Ángel Buonarroti

Las curiosidades sobre la Capilla Sixtina están unidas por un hilo doble al carácter de quien la pintó.

Miguel Ángel Buonarroti era una persona difícil y excéntrica. De su temperamento iracundo nos habla Vasari, primer «historiador del arte» antes de que existiera la disciplina y gran admirador suyo. A pesar de las riquezas acumuladas gracias a los encargos, se cuenta que vivía casi al límite, aislado y atormentado.

Muchos relacionan su sufrimiento interior con el hecho de que Miguel Ángel fuera homosexual. En aquella época la homosexualidad se consideraba pecado mortal y él, de fe profundamente católica, quedó obsesionado con ello toda la vida, junto al pensamiento de la muerte y de la salvación del alma.

¿Cómo lo sabemos?

Poco conocidas son las poesías de Miguel Ángel, pero es justo ahí donde el artista nos confía la turbación por el amor hacia un hombre, en conflicto con su fe.

Hay también una anécdota sobre su aspecto descuidado. Se cuenta que los demás artistas de la corte papal se burlaban de él por su mal genio y su escaso cuidado personal, hasta el punto de que Rafael, su rival, lo habría retratado como el filósofo solitario Diógenes en «La escuela de Atenas», calzando las botas gastadas que, según dicen, no se quitaba nunca.

el pecado original y la expulsión del paraíso terrenal en la capilla sixtina

1 – El plan de Bramante y los andamios imposibles

Puede que no lo supieras, pero a Miguel Ángel no le gustaba pintar: prefería con mucho la escultura, el arte en el que de verdad destacaba.

Pero ¿por qué acabó pintando la bóveda de la Capilla Sixtina?

Según el relato de Vasari, fue Bramante quien sugirió al papa Julio II que confiara el encargo precisamente a Miguel Ángel, esperando que fracasara en un oficio que no era el suyo y favoreciendo así a su amigo Rafael. Conviene decirlo con honestidad: esta versión es el testimonio de Vasari, no un hecho documentado, y los historiadores la consideran sobre todo un chisme (Miguel Ángel, por cierto, se había formado justo en el taller de Ghirlandaio, maestro del fresco).

Sea cierta o exagerada la historia, hay un episodio que resulta emblemático. Para llegar a la bóveda, a casi 21 metros de altura, hacía falta un andamio sólido. Bramante propuso suspenderlo del techo con cuerdas, perforando la bóveda. Cuando le preguntaron cómo se taparían después esos agujeros con el trabajo terminado, respondió que ya lo pensaría más adelante.

Aquí va algo que no todo el mundo sabe.

Miguel Ángel, entendiendo que «o Bramante valía poco en esto, o es que era poco amigo mío», ideó un sistema propio: una estructura de madera apoyada sobre ménsulas que sobresalían de las paredes, que no tocaba el suelo ni agujereaba la bóveda. Funcionó tan bien que se usó también después.

Una curiosidad: precisamente porque trabajaba allá arriba de pie y con la cabeza doblada hacia atrás, Miguel Ángel se estropeó la vista y la espalda, y lo contó él mismo en un soneto lleno de ironía amarga.

la bóveda de la capilla sixtina con dios separando la tierra de las aguas

2 – El moho en el enlucido: el primer desastre

Resuelto el problema de los andamios, Miguel Ángel tuvo que vérselas con un enemigo invisible: el enlucido.

En lugar de fiarse de la tradicional mezcla florentina de cal y arena, quiso experimentar con una mezcla de puzolana, un material de origen volcánico. Los primeros intentos fueron un desastre: se equivocó con las proporciones y parte del trabajo empezó rápidamente a llenarse de moho.

¿Te imaginas el desánimo?

Por suerte no se rindió. Con la ayuda de su asistente Jacopo, apodado «el Índigo», ajustó la receta y encontró las proporciones justas, lo que convirtió el fresco de la Capilla Sixtina no solo en uno de los más bonitos de la historia del arte, sino también en uno de los más sólidos desde el punto de vista técnico.

Una curiosidad: es el mismo cuidado por la materia que Miguel Ángel ponía en el mármol. Esa obsesión por la perfección lo acompañó en todo lo que hizo, del cincel al pincel.

la creación de eva en la bóveda de la capilla sixtina

3 – Miguel Ángel no pintó tumbado (ni tampoco acompañado)

Hay una imagen que todo el mundo tiene en la cabeza: Miguel Ángel tendido sobre el andamio, pintando la bóveda con la espalda en el suelo.

¿Y si te dijera que es una leyenda?

En realidad trabajó de pie, sobre sus andamios, con el cuello doblado hacia atrás y los brazos levantados durante horas. Un esfuerzo enorme, que no tiene nada que ver con la cómoda postura tumbada del mito.

También la historia del artista que lo pintó todo él solo hay que tomarla con cierta medida. Al principio Miguel Ángel tenía a su lado un equipo de ayudantes florentinos, pero los consideró inadecuados y los apartó. Siguió sirviéndose, eso sí, de colaboradores para los trabajos más pesados (moler los colores, extender el enlucido, pasar los cartones). La parte artística, la de las figuras, la ejecutó él: y es muchísimo, pero no es cierto que hiciera absolutamente todo en soledad total.

¿Y el papa?

Se cuenta que Julio II, curiosísimo, insistía continuamente en ver el trabajo en marcha. Exasperado, Miguel Ángel fingió marcharse a Florencia, para acabar descubierto por el pontífice que, entrando a escondidas, lo encontró todavía encerrado ahí dentro pintando.

Una curiosidad: la bóveda se desveló el 31 de octubre de 1512, después de unos cuatro años de trabajo. Al día siguiente, por la fiesta de Todos los Santos, el papa celebró allí la primera misa. Miguel Ángel la seguía considerando imperfecta.

vista panorámica de la bóveda de la capilla sixtina

4 – La Creación de Adán y el «cerebro» de Dios

El fresco más célebre de la Capilla Sixtina es sin duda la Creación de Adán, con los dos dedos a punto de tocarse.

Aquí Miguel Ángel hizo algo revolucionario. Antes de él, a Dios se le pintaba casi siempre de frente, envuelto por las nubes, con la mano dirigida hacia abajo para juzgar a los hombres. Miguel Ángel, en cambio, lo representa de perfil, con un cuerpo musculoso y la larga barba blanca, en movimiento, casi como una divinidad clásica.

Pero las sorpresas no acaban aquí.

En 1990, en la revista científica JAMA (Journal of the American Medical Association), el doctor Frank Lynn Meshberger publicó una hipótesis fascinante: el manto y las figuras que envuelven a Dios dibujarían la silueta perfecta de un cerebro humano. Según esta lectura, Miguel Ángel habría querido decir que el don divino al hombre es justamente la inteligencia.

Es una interpretación, no una certeza. Pero la próxima vez que mires ese fresco, prueba a entornar los ojos.

Una curiosidad: Miguel Ángel tenía un conocimiento profundo de la anatomía gracias a las disecciones que practicaba sobre cadáveres de joven, en Florencia. No es tan absurdo que escondiera un cerebro sobre nuestras cabezas.

la creación de adán, detalle de las manos, capilla sixtina

5 – El Juicio Final, Biagio da Cesena y el Braghettone

Casi treinta años después de la bóveda, Miguel Ángel volvió a la Capilla Sixtina para pintar la pared del fondo. Nació así el Juicio Final, realizado entre 1536 y 1541 por encargo del papa Clemente VII y llevado a término bajo Pablo III.

Fue una obra que dio mucho que hablar, y no poco, por la cantidad de cuerpos desnudos.

¿Quieres saber cómo se vengó Miguel Ángel de sus críticos?

El maestro de ceremonias pontificias, Biagio da Cesena, juzgó el fresco indecente, más propio de una taberna que de una capilla. Miguel Ángel se lo devolvió pintándolo entre los condenados en el papel de Minos, juez de los infiernos, con orejas de burro y una serpiente enroscada que le muerde las partes íntimas. Se cuenta que, cuando Biagio se quejó al papa, Pablo III bromeó diciendo que su autoridad no llegaba hasta el infierno.

Pero hay más.

Tras la muerte de Miguel Ángel (ocurrida en febrero de 1564), la Iglesia, al calor del Concilio de Trento, ordenó cubrir los desnudos. El encargo recayó en el pintor Daniele da Volterra, que pintó velos y paños sobre los cuerpos y se ganó por ello el apodo poco halagador de «il Braghettone», el calzonero.

Una curiosidad: en la piel desollada que el mártir san Bartolomé sostiene en la mano, los estudiosos reconocen el autorretrato de Miguel Ángel. Una forma atormentada y desgarradora de firmar la propia obra, dejándose en ella literalmente la piel.

el juicio final en la pared del fondo de la capilla sixtina

Información práctica para visitar la Capilla Sixtina

La Capilla Sixtina no tiene entrada propia: se visita solo a través de los Museos Vaticanos, de los que es el punto de llegada. Esto es lo que necesitas saber.

  • Horarios: los Museos Vaticanos abren de lunes a sábado (los horarios varían según la temporada, así que consulta siempre la web oficial antes de salir). El último domingo del mes la entrada es gratuita, pero la cola a la apertura es larguísima.
  • Cómo evitar la cola: la taquilla es una de las pesadillas de Roma. Te aconsejo de verdad reservar por adelantado el tour guiado de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina con entrada prioritaria: ahorras horas preciosas y una guía te ayuda a leer lo que estás mirando.
  • Dentro de la capilla: rige el silencio y está prohibido hacer fotos. No es una formalidad: sirve para proteger los frescos y para preservar el recogimiento de un lugar que es, ante todo, un espacio sagrado. Deja el móvil en el bolsillo y disfrútala con los ojos.
  • Un consejo: no corras hacia la Sixtina saltándote todo lo demás. Las estancias de Rafael y las colecciones de los Museos Vaticanos merecen tanto tiempo como la bóveda de Miguel Ángel.

Si este viaje por la Sixtina te ha gustado, sigue con las 9 obras imprescindibles de los Museos Vaticanos o con la historia completa de Miguel Ángel Buonarroti. ¡Buena visita!

dios separa la luz de las tinieblas en la bóveda de la capilla sixtina