Esta entrada es distinta de todas las demás que he escrito en este blog de viajes. Castel Santa Maria es para mí un lugar sagrado, que quiero como a ningún otro sitio en el mundo.

Mi familia procede de este pueblecito diminuto de los Apeninos de Umbría, entre Norcia y Cascia. Fue mi primer viaje, con dos meses de vida, y es donde quiero que me entierren, al final de todo.

Es mi refugio, el lugar al que voy a recuperarme cada vez que puedo. Es aquí donde me enamoré y donde pasé algunos de los momentos más bonitos de mi vida. La primera vez que traje aquí a la persona que amo éramos solo amigos, pero nunca podré olvidar cuando me cogió de la mano y me dijo:

«Gracias por haberme descubierto este lugar.»

Era un fin de semana cualquiera de abril y habíamos decidido pasar dos días al aire libre con unos amigos, un fuego pequeño y muchas historias que contar. Durante la noche, la nieve lo había blanqueado todo y había vuelto el valle aún más bonito.

Pero ¿qué hay que ver en Castello?

¿Quieres saber por qué es tan especial?

Te lo cuento ahora mismo.

¡Vamos allá!

Castel Santa Maria: historias de terremotos

Imagina adentrarte en los Apeninos de Umbría.

Sopla un fresco vientecillo de verano mientras el sol sigue lento su camino por el cielo. Hasta donde alcanza la vista no hay más que naturaleza intacta, verde como solo saben serlo los bosques umbros. En el cielo vuelan las águilas y los busardos; en el suelo las liebres te observan con curiosidad, como centinelas mudas.

Imagina ahora encontrar unas cuantas casas encaramadas en la cima de una loma, minúscula frente a los gigantes que la rodean y la protegen como se haría con un cofre secreto.

Pues bien, en este lugar solitario y perdido en el centro de Umbría se levantaba, desde los albores de la civilización, una pequeña aldea.

Nadie sabe exactamente cuándo se asentó el hombre en la loma. Los primeros testimonios ciertos se remontan a la Edad Media, cuando ya era un castro (castillo) bajo el control de Norcia.

Pero ¿por qué se asentaron justo aquí?

Los primeros habitantes de Castel Santa Maria no eran nada tontos y eligieron con sabiduría. La loma sobre la que se levantaba el pueblo es, de hecho, el punto de observación más bajo desde el que se puede controlar todo el territorio de alrededor: los inviernos son duros en la montaña, y elegir un punto más alto habría supuesto una vida todavía más difícil.

Piensa que desde la cima de la montaña la mirada llega hasta Norcia.

¡Pero hay otro motivo!

Alrededor de la montaña de Castello hay un valle grande y verde que te recordará al de la famosísima Castelluccio di Norcia, aunque más pequeño.

En Castel Santa Maria se vivía de la agricultura y del pastoreo, y por los testimonios que he encontrado da la impresión de que los siglos pasaron más o menos todos iguales, al menos hasta 1703.

Como hemos aprendido en los últimos años, Umbría es un territorio fuertemente sísmico: fue precisamente el terremoto de 1703, que devastó toda la Valnerina, el que destruyó el castillo. Se cuenta que mató a 25 de los 75 habitantes y obligó a los vecinos a reconstruir el pueblo un poco más abajo.

En 1979 otro terremoto lo arrasó, esta vez definitivamente.

Después de dos terremotos tan terribles cualquiera se habría rendido, pero los umbros no: tienen la piel dura y el espíritu inquebrantable de sus montañas.

Algunos ancianos del pueblo me contaron que mi abuelo fue uno de los que lucharon por la reconstrucción. Vivía en Roma desde hacía años, pero sus raíces estaban allí y no iba a permitir que desaparecieran.

El pueblo se reedificó en la colina de al lado, porque ya no era posible construir en la montaña que lo había acogido durante tantos siglos.

Con el terremoto de Norcia de 2016, también las casas nuevas antisísmicas resultaron dañadas: y ha llegado de nuevo el momento de reconstruir.

Ahora te explico por qué.

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La Madonna della Neve en Castel Santa Maria

En la pequeña aldea de pastores había un tesoro de enorme valor para la gente del lugar: un santuario de planta octogonal, edificado inspirándose en un diseño que Bramante había realizado para San Pedro. Estaba dedicado a la Madonna della Neve, porque también en Castel Santa Maria, en medio de las montañas, había habido un milagro.

Un hombre, sorprendido por una tormenta, se había quedado atrapado bajo el manto helado. Los habitantes del pueblo consiguieron liberarlo solo tres días después y lo encontraron, increíblemente, todavía vivo: el caminante se había encomendado a la Virgen y había rezado largamente, y salvó la vida.

Gracias a este milagro, a los pies del pueblo empezó la construcción de la iglesia de la Madonna della Neve en 1565. La mano de obra era local y la obra se realizó de forma extraordinaria gracias a las donaciones populares.

Los ocho nichos interiores fueron pintados al fresco por los pintores locales, los Angelucci da Mevale, entre 1570 y 1584. La iglesia sobrevivió a varios terremotos, entre ellos el de 1703, pero no se libró del seísmo del 19 de septiembre de 1979, que destruyó cuatro de sus ocho fachadas e hizo estallar el tejado.

Hay quien dice que fueron precisamente unas obras de restauración las que cargaron demasiado la bóveda y provocaron su derrumbe. Lo que sabemos con certeza es que la iglesia ha permanecido durante décadas en un estado de abandono sustancial.

La Madonna della Neve fue mi tesis de licenciatura, y probablemente uno de los motivos por los que decidí estudiar historia del arte: quería impedir que monumentos así se quedaran a la intemperie. Quería que su historia volviera a contarse, tanto que habló de ella incluso Repubblica.

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Por qué Castel Santa Maria es un lugar increíble

Seguramente porque le tengo cariño al pueblo y a las personas que lo frecuentan, pero creo que gran parte de su encanto se debe al hecho de que alrededor no hay nada.

O quizá sería mejor decir que alrededor está todo.

El pueblo está inmerso en el verde del parque nacional de los Monti Sibillini: hay campos de trigo, liebres, zorros, jabalíes, lobos y ciervos; hay águilas, busardos, halcones, erizos y topos. Hay aire fresco y hay tormentas maravillosas, atardeceres mágicos y noches llenas de estrellas.

La noche de San Lorenzo, en Castel Santa Maria, es un espectáculo único en el mundo: el cielo es tan oscuro que se llega a ver incluso la Vía Láctea.

En Castel Santa Maria está la naturaleza, una naturaleza idéntica desde hace siglos, llena de encanto, de energía y de belleza. Es por eso, creo, por lo que quiero tanto a esas montañas.

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El sueño de reconstruir la Madonna della Neve

Desde hace algunos años me dedico en cuerpo y alma a uno de los mayores sueños de mi vida: reconstruir la Madonna della Neve.

Reconstruir la iglesia hoy, después del terremoto de Norcia, puede parecer que no tiene sentido, pero es todo lo contrario. En un momento en el que tantas iglesias de la Valnerina han quedado destruidas, devolver la vida a una obra de arte puede contribuir a crear un tejido turístico en todo el territorio, sin contar el significado simbólico que asumiría.

Le devolvería la vida al pueblo, podría crear trabajo y volvería a ser un lugar de encuentro, de oración y de peregrinación, como lo ha sido durante siglos.

Pero ¿no es más importante devolverle una casa a quien la ha perdido?

Claro que sí: y por eso nos dedicamos a este proyecto con nuestras solas fuerzas, sin querer restar ninguna financiación a la reconstrucción de Norcia y de los pueblos vecinos.

Y tú, ¿has tenido alguna vez un lugar del corazón tan especial como para querer dedicarle la vida a salvarlo?