Gustav Klimt es uno de los artistas más famosos e importantes del Art Nouveau. Sus obras se han reproducido cientos de miles de veces y su arte ha alcanzado fama mundial. Lo que no todo el mundo sabe es que fue un artista esquivo y silencioso, cuya vida sigue envuelta en un aura de misterio.

«Quien quiera saber más sobre mí, es decir, sobre el artista, el único que merece la pena conocer, que observe atentamente mis cuadros para rastrear en ellos quién soy y qué quiero.»

Esta fue una de las escasas declaraciones que hizo Gustav Klimt, un artista del que sabemos bien poco, a pesar de haber vivido a caballo entre el siglo XIX y el XX. Era muy reservado, muy callado y especialmente celoso de su vida privada.

En resumen, en un mundo como el nuestro, en el que estamos todos superconectados y nos cuesta proteger nuestra privacidad, Klimt desde luego no se habría sentido a gusto.

Pero ¿por qué era tan esquivo?

Una cosa muy interesante que conviene saber es que no se tenía en gran estima. De hecho, creía ser una persona poco interesante y, también por eso, nunca pintó autorretratos. Klimt fue por tanto discreto y tranquilo toda su vida, pero también muy comentado: un halo de misterio envolvía su vida privada.

¿Te apetece saber más sobre Klimt y sobre su arte?

¡Empezamos!

la Dánae de Klimt, la heroína mitológica fecundada por Zeus en forma de lluvia de oro

1 – La vida de Gustav Klimt

La vida y los orígenes de Klimt son importantes para entender el desarrollo de su arte y el uso que hace de los materiales. No te preocupes, no voy a aburrirte demasiado con su historia, pero me interesa destacar algunos detalles para que entiendas mejor a este importante artista del siglo XX.

Gustav Klimt nació en Viena el 14 de julio de 1862 en una familia numerosa. Segundo de siete hermanos (3 chicos y 4 chicas), no fue el único que tomó el camino del arte. También sus otros 2 hermanos varones se hicieron pintores, aunque con resultados modestos. Uno de ellos, Ernst, lo ayudó a menudo en sus obras.

Su padre era orfebre, así que no es casualidad que Klimt experimentara con el uso del pan de oro en sus obras.

Pronto demostró sus inclinaciones artísticas y con solo 14 años obtuvo una beca para la Kunstgewerbeschule, la escuela de artes aplicadas de Viena. Fíjate que apenas unos años después, junto a su hermano Ernst, recibió sus primeros encargos importantes.

A partir de la década de 1880 recibió varios encargos y fue muy prolífico, al menos hasta 1892, cuando la muerte de su padre y de su hermano Ernst lo marcó profundamente y abrió un periodo de crisis y de replanteamiento de su estilo.

Ya desde sus primeros trabajos aparece la originalidad de la mezcla de artes y materiales, entre arquitectura, collage, mosaico, pintura y dibujo, que lo hizo único. El amplio uso que hace del oro está ligado al oficio de su padre y a la fascinación que ejercieron sobre él los mosaicos bizantinos, que pudo admirar en Ravenna en 1903.

En 1897 fue uno de los fundadores de la Secesión vienesa (Wiener Sezession), que se oponía a los cánones académicos, y fue su primer presidente; su brillante carrera lo convirtió en uno de los máximos exponentes del Art Nouveau en toda Europa.

A pesar de ello, a partir de principios del siglo XX sus obras recibieron duras críticas, hasta el punto de marcar el final de la carrera «pública» de Klimt.

Ahora te explico por qué.

Higía, detalle de la alegoría de la Medicina de Klimt

2 – El secesionismo vienés

Como habrás entendido por sus obras, Klimt fue un artista atípico y en fuerte contraste con los rígidos cánones impuestos por la academia vienesa. Quizá por ese motivo participó en el movimiento de la secesión vienesa, junto a un grupo de artistas que tenían el objetivo de llevar el arte más allá de los cánones académicos.

Su crítica a la pintura clásica es evidente ya desde 1894, cuando la universidad de Viena le encargó la decoración del techo del aula magna. El tema debía ser el triunfo de la luz sobre las tinieblas, una clara referencia a la Ilustración y a sus valores.

¿Y qué hizo Klimt en su lugar?

Imagina el estupor de la comisión cuando Klimt presentó una serie de cuerpos desnudos entrelazados, en lugar de temas clásicos y desde luego más sobrios.

Sin embargo, uno de los mejores testimonios del arte de Klimt lo encuentras en el Friso de Beethoven, que el artista realizó para la decimocuarta exposición secesionista vienesa. Esta obra es un conjunto de imágenes visionarias y enigmáticas que simbolizan el camino del hombre frente a las tentaciones del mundo moderno.

De hecho, estas dos obras tan «escandalosas» marcaron el final de la carrera «pública» de Klimt.

el Retrato de Adele Bloch-Bauer I de Klimt

3 – Gustav Klimt y las mujeres

El universo femenino fue estudiado e indagado por este artista quizá más que por cualquier otro. Igual que en el caso de Modigliani o de Boldini, la mayoría de sus obras retratan mujeres: ya sean retratos propiamente dichos, alegorías, composiciones, bocetos o lienzos.

¿Por qué motivo?

Aunque nunca se casó, Klimt estuvo siempre fascinado por la sensualidad y la belleza femenina. Debes saber que en el pasado era bastante normal que algunos artistas no quisieran establecer vínculos matrimoniales. Para ellos ese «contrato» no era más que una distracción, que los alejaba de su arte y de la inspiración, que en cambio debía estar libre de condicionamientos.

Este asunto es uno de los más debatidos de su biografía.

Por las crónicas de la época sabemos que tuvo varias relaciones: la primera con Emilie Flöge, hermana de su cuñada, que fue una de sus musas más importantes y que según muchos es la retratada en «El beso». Después se encariñó con Adele Bloch-Bauer, que puso rostro a algunas de sus obras, entre ellas Judit I.

Su taller, además, estaba siempre frecuentado por bellísimas modelos, a las que Klimt retrató en sus obras y en muchísimos bocetos, aunque sobre la naturaleza de sus relaciones no podemos más que hacer hipótesis.

Ah, y por supuesto también había ricas señoras de la alta sociedad. Igual que ocurría con Modigliani, eran muchísimas las mujeres que deseaban ser retratadas por Klimt.

Él representó a mujeres de toda extracción social, siempre como figuras fascinantes y seductoras, llenas de misterio y de voluptuosidad. Las formas suaves de los cuerpos femeninos están espléndidamente armonizadas en sus cuadros. Al margen de cuántas amantes tuviera, su manera de contarnos a las mujeres sigue siendo mágicamente poética.

En definitiva, la libertad de Klimt en el arte se reflejaba también en su vida privada, obstinadamente desligada de relaciones convencionales.

Judit I de Klimt

4 – Dónde ver las obras de Klimt

Al tratarse de un artista austriaco, muchas de sus obras se encuentran en los museos de Viena más importantes. El famoso beso de Klimt está de hecho en el Museo Belvedere. Aquí encontrarás también el retrato «Judit I» y otras obras importantes del artista, y no solo suyas. Te aviso de que al museo no se llega con la línea de metro, sino que tendrás que coger un tranvía, que te dejará directamente en la colina.

Te aconsejo además comprar la entrada por internet para evitar las colas en la entrada y tener más tiempo para disfrutar de la capital austriaca.

También en Viena se encuentra el Friso de Beethoven. Esta obra es tan grande que el estado austriaco la consideró «no transportable», y por esa razón se hizo una copia para desplazarla en caso de exposiciones en otros países.

El original lo podrás encontrar dentro del Palacio de la Secesión de Viena.

¿Hay también obras de Klimt en Italia?

¡Por supuesto que sí!

El cuadro que representa «Las tres edades de la mujer» se conserva en Roma, dentro de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna. Esta es una de las obras más emblemáticas del artista, en la que se representan todas las fases de la vida de la mujer, desde la juventud hasta la vejez, pasando por la maternidad.

En Venecia, en cambio, podrás encontrar Judit II. La obra se expuso durante la Bienal y fue precisamente en esa ocasión cuando el ayuntamiento decidió comprarla e incorporarla a la colección de su Galería de Arte Moderno de Ca’ Pesaro.

Las tres edades de la mujer de Klimt

5 – Un artista «atípico»

Te sorprenderá saber que Gustav Klimt, un artista famosísimo que realizó obras monumentales llenas de oro y de color, fuera una persona sencillísima.

Al contrario que muchos otros artistas de este periodo histórico, vivía de manera modesta, rodeado de su familia y siguiendo hábitos buenos y sanos. Prefería la soledad y no le gustaba asistir a exposiciones ni a salones. Tampoco le gustaba viajar y padecía una especie de hipocondría que lo llevaba a preocuparse mucho por su salud.

Cada noche cenaba con sus hermanos y después se retiraba a su silencio, acostándose pronto. Era una persona muy tímida y reservada: escribía incluso pocas cartas.

Murió en Viena el 6 de febrero de 1918, tras un ictus y una neumonía ligada a la epidemia de gripe española, en la cima de su fama y dejando varias obras inacabadas en el taller.

La vida de este artista tan esquivo y silencioso nos hace entender de verdad la frase inicial de este post: Klimt dijo con su arte todo lo que no quiso decir con palabras. No podemos más que estarle agradecidos por esta herencia, sus obras son pura emoción.

¿Y a ti, qué obra de Klimt te hace latir el corazón?

Retrato de Sonja Knips de Klimt