Si estás planeando pasar las vacaciones en el Trentino-Alto Adige, hay algunas actividades que tengo que recomendarte sin falta.
He tenido la suerte de visitar el Alto Adige varias veces y me he enamorado literalmente de sus paisajes y de su naturaleza verde e intacta. Uno de los sitios que más me ha gustado de esta región es la preciosa San Candido, rodeada de verde y a dos pasos de Austria, junto con la ciudad de Merano.
Pero esta tierra tiene muchísimo que ofrecer.
Esta es mi experiencia y 7 cosas que hacer en el Trentino-Alto Adige que te recomiendo sin dudarlo.
¿Te apetece descubrirlas conmigo?
¡Empezamos!
1 – Excursión en bicicleta de montaña
El Alto Adige es una de las mejores zonas de Italia si te gusta pasar las vacaciones a lomos de una bicicleta de montaña. Hay carriles bici por toda la región, bien organizados y muy bien cuidados, con indicaciones claras y asfalto en excelente estado.
Si no te ves capaz de hacer 40 km en bicicleta entre San Candido y Lienz como hice yo, también existen recorridos mucho más cortos: incluso podrás visitar muchas ciudades del Trentino-Alto Adige simplemente pedaleando de una a otra.
Me imagino que te habrá surgido alguna duda al pensar en pasar las vacaciones pedaleando arriba y abajo por las montañas, pero las ventajas son muchas: disfrutarás de paisajes que en coche o en tren no descubrirías nunca, respirarás un aire buenísimo y no te sentirás culpable por todas las delicias que probarás entre estas montañas. Y si te gusta la naturaleza intacta, un tour por las Dolomitas y el lago di Braies te llevará al corazón de unos paisajes de quitar el hipo.

2 – Descubrir los lagos alpinos
Nunca he sido una gran aficionada a los lagos: como tengo el título de buceo, siempre he preferido el mar, donde la visibilidad es mejor. No pensaba que un lago pudiera ser tan sugerente, hasta que llegué (¡pedaleando!) al lago di Braies.
El lago di Braies es un auténtico rincón de paraíso encerrado entre las montañas: el agua es purísima y el recorrido a pie resulta relajante y sugerente. No por casualidad se ha elegido como escenario de varias películas y series de televisión. Me quedé encantada con ese espejo de agua en calma que refleja las cumbres de alrededor.
Hay una cosa que tienes que saber antes de salir, porque yo llegué en bicicleta y no me di cuenta: en verano no se sube libremente en coche al valle de Braies. Del 1 de julio al 15 de septiembre, entre las 9 y las 16 horas, para entrar en el valle en coche o en moto hace falta una reserva online en la web oficial prags.bz, que incluye el permiso de tránsito y la plaza garantizada en uno de los cuatro aparcamientos (o bien un permiso de tránsito, que te facilita el hotel si duermes en el valle). Fuera de esa franja se entra sin reservar, pero el aparcamiento no está garantizado. A pie y en bici, en cambio, se pasa siempre y a cualquier hora: los autobuses de línea 439 y 442 también hay que reservarlos online. Datos comprobados en agosto de 2026.
Pero el lago di Braies no es el único que hay que descubrir en el Alto Adige: te recomiendo también el lago di Dobbiaco, el lago di Misurina y, un poco más lejos, el lago di Resia.
¿Por qué precisamente el lago di Resia?
Porque en el lugar donde hoy se encuentra había en su día un pueblecito, Curon, sumergido bajo el agua con la construcción de la presa a mediados del siglo XX. Como testimonio solo queda el campanario de la antigua iglesia, que todavía asoma en mitad del lago. Un espectáculo sensacional en cualquier estación, que a mí me dejó una melancolía profunda.

3 – El parque natural de Dobbiaco
Los zoos siempre me han dado mucha tristeza: de pequeña no entendía por qué todos aquellos animales tenían que estar encerrados en jaulas estrechas.
¿Entonces por qué te recomiendo un parque faunístico en el Alto Adige?
Muy sencillo: el parque natural de Dobbiaco (en la zona ligada al recuerdo del compositor Gustav Mahler, que pasaba aquí los veranos) es completamente distinto de cualquier zoo urbano. Solo hay animales autóctonos de esta zona, libres de moverse por todo el parque: es un poco como hacer un safari a pie en una reserva natural.
Aquí viví uno de los encuentros más bonitos de mi vida: además de cabras, ovejas y ardillas, conseguí acercarme a un precioso gamo que, después de una buena media hora, se fio de mí y comió de mi mano. ¡Incluso los animales más tímidos se vuelven lanzados cuando hay comida de por medio!

4 – Descubrir los tesoros de los pueblos
¿Estás pensando en pasar el verano en el Alto Adige pero tienes miedo de aburrirte?
Que sepas que cada pueblecito tiene su tesoro: en San Candido encontrarás una espléndida iglesia románica, en Dobbiaco un barroco muy particular, y en Lienz y Brunico preciosos castillos medievales.
¡No hay un solo núcleo, entre estas montañas, que no tenga alguna perla que descubrir!

5 – Pasear por la montaña
Desde luego, no se puede ir a los Alpes sin dar un paseo por la montaña. Las vistas desde las cumbres son encantadoras, y para bajar tendrás varias opciones: ¡caminar te parecerá la más sosa!
En algunos recorridos podrás lanzarte hasta el valle a bordo de un fun bob, una especie de trineo sobre raíles divertidísimo. Yo lo probé por primera vez en San Candido y estoy deseando repetir. Hay además muchísimas vías equipadas para el senderismo, aparte de teleféricos y paseos a caballo.
¡Tú eliges!

6 – La cocina
Si los argumentos anteriores no te han convencido, este puede ser el definitivo. Sin extenderme en elogios al speck y a los quesos locales, aquí tienes una brevísima guía de lo que hay que probar:
- Tirtlan: buñuelos rellenos de queso, o bien de requesón y espinacas. ¡Hay que comerlos aún calientes!
- Krapfen: dulces de masa fermentada y frita, rellenos de mermelada o de chocolate. Perfectos para el desayuno.
- Schlutzkrapfen: raviolis pequeños rellenos de requesón y espinacas. ¡Excepcionales!
- Canederli (Knödel): albóndigas de pan con speck y queso, servidas normalmente en caldo. Son quizá el plato típico más famoso de la región.
- Strudel y tartas: en la frontera con Austria no faltan los dulces de la tradición austriaca, como la tarta Sacher y el estupendo strudel de manzana.
¡Para creerlo hay que probarlo!

7 – Relax en la montaña
Bolzano, Merano, Bressanone, San Candido, los animales, las montañas, los castillos… si todo esto todavía no te ha convencido para pasar el verano en el Alto Adige, piensa en que entre estos montes por fin podrás relajarte sin sufrir el calor de la ciudad.
Hay cascadas, lagos y piscinas donde refrescarte, un verdadero paraíso incluso para quien no es aficionado a la montaña: se puede ir de compras, tomar el sol, dedicarse a los numerosos balnearios, dar paseos sin trepar demasiado y descubrir la vida campesina y las tradiciones locales.
Y a ti, del Trentino-Alto Adige, ¿qué te atrae más, el espejo del lago di Braies o una mesa llena de canederli y strudel?

Si las vacaciones en medio del verde son lo tuyo, otro valle que recomiendo es la Valle Imagna, a dos pasos de Bérgamo y mucho menos transitada.
