Cuando pienso en la Valle Imagna, el primer adjetivo que me viene a la cabeza es verde. Verde es su paisaje, sus crestas y el perfil de sus montes. Hay muchísimas cosas que ver, porque el valle reúne varios municipios con un patrimonio histórico y natural realmente notable.
Estamos en la provincia de Bérgamo, en los Prealpes Orobios, a menos de una hora en coche de la ciudad: es uno de esos valles que casi nadie mete en el itinerario y que precisamente por eso se disfruta en paz.
Antes que nada me gustaría hablarte de Rota d’Imagna, donde tuve el placer de volver por segunda vez.
Este pequeño pueblo, dividido entre Rota Dentro y Rota Fuori, fue la cuna del famoso arquitecto Giacomo Quarenghi (1744-1817), uno de los máximos exponentes de la arquitectura neoclásica en Rusia. Nació exactamente en la aldea de Capiatone, hijo de un pintor, y en 1779 fue llamado a San Petersburgo por Catalina II: allí pasó casi cuarenta años y firmó la Academia de las Ciencias, el teatro del Ermitage y el Instituto Smolny, cambiando la cara de la capital imperial. Fíjate que su casa natal, del siglo XVII, sigue en pie: basta con preguntar por Ca’ Piatone.
¿Te gusta el senderismo en plena naturaleza?
¡Perfecto!
De la Valle Imagna salen varias rutas para los amantes del trekking y de la bicicleta de montaña. Además, no muy lejos hay unas cuevas antiquísimas en las que se encontraron restos de asentamiento humano de la Edad del Bronce.
En resumen, si quieres pasar unas vacaciones en contacto con la naturaleza y comer estupendamente, no dejes escapar la ocasión de vivir esta experiencia inolvidable.
¿Te apetece saber más?
¡Empezamos!
Llegar a Fuipiano y descubrir la paz de la montaña
Uno de los lugares más bonitos de la Valle Imagna es Fuipiano, un pequeño municipio asomado justo a las laderas del valle. Las antiguas casas de piedra local y las típicas cabañas de montaña lo hacen delicioso, con ese encanto que solo se encuentra en los pueblos de montaña.
La impresión que tuve fue la de un lugar donde reina una paz y una tranquilidad sin igual. Parece casi que el tiempo se hubiera detenido en la Edad Media y que las pocas casas tuvieran un ritmo propio.
Yo tuve la suerte de visitarlo en un día precioso de sol y, entre el rumor de las hojas al viento y el canto de los pájaros, durante unos minutos la Valle Imagna me hizo descubrir lo que significa de verdad estar en paz con la naturaleza.
Fuipiano está a unos 1000 metros de altitud y se llega por la carretera panorámica que recorre toda la Valle Imagna. Por su posición, tendrás la sensación de estar en un gran balcón desde el que admirar los rincones más bonitos del valle. Es también el punto de partida más cómodo para subir al monte Resegone y para el circuito de los Tre Faggi.
¡Aquí va una curiosidad!
Durante siglos esta cresta fue tierra de frontera entre la República de Venecia y el Ducado de Milán, y desde aquí se controlaba el paso de hombres y mercancías. De aquella historia quedan algunos mojones de piedra que marcaban la línea entre los dos estados, un poco como los que encontré en los Monti Sibillini.
Una verdadera peculiaridad de este lugar son los tejados de piöde. Son tejados hechos con piedra local, trabajada hasta reducirla a lajas de distinto grosor. La costumbre de cubrir las casas con estos materiales ha caído hoy, por desgracia, en gran parte en desuso, pero en el valle todavía hay artesanos que mantienen vivas estas tradiciones antiguas.
¡Una última cosa que ver!
Junto a la carretera hay una pequeña capilla con capacidad para unas veinte personas como mucho. Lo particular de esta construcción es que conserva un antiguo fresco atribuido a la familia Quarenghi, la misma del arquitecto del que te hablaba hace un momento: antes de dar a Europa un maestro del neoclásico, eran una familia de pintores de valle.
¡Pero los tesoros de la Valle Imagna no acaban aquí!

El bosque del Resegone
Este valle toma su nombre del torrente Imagna, que lo atraviesa y desemboca en el río Brembo. La belleza del lugar la dan también las maravillas de la naturaleza: cascadas, arroyos, senderos con paisajes de quitar el hipo y vegetación hasta donde alcanza la vista.
Un sitio que te aconsejo visitar es el monumento natural del valle Brunone, en Berbenno, donde hay importantes yacimientos paleontológicos y fuentes naturales de agua sulfurosa.
Otro lugar maravilloso de la Valle Imagna es el bosque del Resegone, en el monte del mismo nombre, ese de perfil dentado que Manzoni hizo célebre en las primeras líneas de Los novios. Entre sus pequeñas cascadas y sus senderos podrás vivir por fin un momento de paz en estrecho contacto con la naturaleza.
El bosque es el lugar ideal para los amantes de los bosques de montaña y tiene además un gran valor naturalístico. Es la casa de muchísimas plantas centenarias, además de rebecos, corzos y toda la fauna característica de estos ambientes de montaña.
Este bosque de la Valle Imagna es tan rico en biodiversidad que forma parte de una zona de especial protección europea.
Huelga decir que en la Valle Imagna se practica muchísimo turismo deportivo. Las carreteritas de montaña están pobladas cada día por ciclistas, aficionados al senderismo y jinetes.

Santuario de la Cornabusa
Si estás en cualquier punto elevado de la Valle Imagna, seguro que verás los numerosos campanarios que asoman entre el verde del valle. Como puedes imaginar, pertenecen a las muchas iglesias y antiguos santuarios que se remontan a épocas lejanas.
De todos, el que más me impresionó fue el santuario de la Cornabusa, en el municipio de Sant’Omobono Imagna.
Se trata de una iglesia excavada por completo en una cueva natural, ampliada a partir del siglo XVI y todavía hoy lugar de culto muy frecuentado. Desde el santuario de la Cornabusa se puede contemplar toda la Valle Imagna: es un lugar realmente sugerente, porque la naturaleza y la obra del hombre se armonizan a la perfección.
Pero ¿cuál es su historia?
Has de saber que el origen del santuario de la Cornabusa se sitúa en la época de las guerras entre güelfos y gibelinos, entre 1350 y 1440. Se cuenta que algunos habitantes se refugiaron en una cavidad natural, una «corna busa» en dialecto bergamasco, es decir una roca agujereada, precisamente para huir de la violencia.
Con ellos llevaban solo una pequeña Virgen de madera, que dejaron en la cueva en señal de agradecimiento. La leyenda cuenta que años después una muchacha sordomuda sanó ante aquella estatuilla y que, recuperada el habla, pidió que allí se levantara un santuario. De ahí la construcción de la iglesia. La antigua escultura sigue custodiada aquí y cada año atrae peregrinos de toda la comarca de Bérgamo.
Si quieres visitar el santuario de la Cornabusa en la Valle Imagna, ten en cuenta que la temporada alta se abre tradicionalmente el Lunes de Pascua y sigue durante todo el verano, porque en invierno la carretera de acceso puede ser difícil; en los meses fríos la cueva se puede visitar igualmente con horarios reducidos. Consulta la web del santuario antes de subir.
Yo visité el santuario de la Cornabusa un domingo por la mañana, mientras se celebraba la misa. El santuario estaba abarrotado de fieles que rezaban mientras pequeñas gotas de agua caían del techo húmedo. Los rayos del sol calentaban los hombros de los presentes mientras el fresco de la cueva desprendía un olor a tierra, bosque, incienso y serenidad.
¡Me emocioné muchísimo!

La rotonda de San Tomè
Bajando la Valle Imagna por la carretera hacia Bérgamo, en un momento dado verás asomar una pequeña cúpula. Mi intuición de historiadora del arte medieval no podía dejarla pasar: giré la esquina y descubrí un pequeño tesoro.
La rotonda de San Tomè, que está en Almenno San Bartolomeo, a la salida del valle, es un edificio circular del siglo XII en el que se respiran los siglos. Es un monumento no muy grande, de planta central, compuesto por tres cilindros superpuestos. Los cilindros se estrechan según suben y forman, arriba, una linterna con cuatro elegantes ventanas geminadas contrapuestas.
¿Por qué merece la pena visitarla?
La rotonda de San Tomè tiene todas las características de la arquitectura románica: sobriedad, relación con los ciclos solares de las estaciones, rechazo del derroche. Las piedras, más bien desnudas, nos hablan de un tiempo lejano. Fíjate que algunas se reutilizaron de edificios más antiguos y conservan decoraciones de época altomedieval.
Gracias a dos escaleras interiores podrás subir hasta la tribuna y pasear por el deambulatorio.
En las paredes de la rotonda de San Tomè quedan los restos de una Anunciación y de una Virgen entronizada con el Niño. La idea que uno se lleva al entrar es que la estructura debía de estar ricamente decorada con elementos artísticos de gran calidad.
Es uno de los testimonios románicos más bonitos de la zona, curioso por su planta central y por su posición, hoy prácticamente aislada en medio de los campos. Para mí fue amor a primera vista. Una nota práctica: al estar gestionada por voluntarios, tiene horarios de apertura limitados, normalmente los fines de semana, así que compruébalo antes de ir.

Valle Imagna: el puente más alto donde vuelan las rapaces
También junto a la carretera, en un momento dado, se ve una pequeña área de descanso y un sendero escarpado: tengo que dar las gracias a la señora Ilse del hotel Miramonti, porque si no nunca me habría parado y me habría perdido un espectáculo muy sugerente.
Has de saber que, cruzando la Valle Imagna, hay un puente largo: el puente Chitò, que une las laderas de Berbenno y Bedulita salvando el desfiladero del torrente.
De aquí sale un precioso recorrido ciclopeatonal, completamente inmerso en la naturaleza: por un lado lleva a la carretera, por el otro conduce al corazón de un bosque bellísimo.
Pero lo más bonito es el panorama.
Mientras paseaba por el puente, algunas rapaces grandes vinieron a posarse a pocos metros de mí: fue precioso verlas tan cerca y en su ambiente natural. Una emoción indescriptible.

Dónde dormir y qué comer en la Valle Imagna
Durante mi estancia en la Valle Imagna me alojé en un hotel del que me enamoré.
Se llama hotel Miramonti y da directamente al valle y al mar verde de las montañas. El desayuno se toma en una terraza con vistas y las habitaciones son muy bonitas.
El hotel ofrece todos los servicios para relajarse en vacaciones: un spa con hidromasaje, sauna, baño turco, circuito Kneipp y zona de relax. Pero lo que más me gustó fue la piscina climatizada, tanto interior como exterior.
Si hace buen tiempo se puede disfrutar del sol y del paisaje desde las tumbonas o desde los mullidos cojines sobre el césped exterior.
Tuvimos el placer de conocer a la familia que lleva el establecimiento y a la fantástica señora Ornella. Nos contó que construyó el hotel con su madre y sus hermanas en el 64, y que hoy es ella la chef del restaurante Gritti, dentro del hotel.
¡Para mí fue una experiencia preciosa!
Descubrí cómo se preparan en casa los casoncelli y las foiade, probé la polenta taragna y pude verla mientras hacía la tarta Quarenghi: un roscón de su invención a base de higos secos, chocolate y harina de maíz, dedicado al ciudadano más ilustre de Rota d’Imagna.
Merece la pena dedicar unas palabras a la cocina de este valle, porque es el motivo por el que muchos bergamascos suben aquí los domingos: los casoncelli son raviolis rellenos de carne aliñados con mantequilla, panceta y salvia; las foiade son tallarines anchos, servidos a menudo con setas; la polenta taragna se hace con harina de trigo sarraceno y queso de montaña. Añade el stracchino all’antica delle valli orobiche, un presidio Slow Food, y entenderás por qué de aquí nadie vuelve a casa ligero.
En definitiva, los ingredientes de nuestra estancia fueron buena comida, relax y descubrimientos continuos.
Tengo que admitirlo: en la Valle Imagna me dejé un trocito de corazón.
¿Y tú, qué tipo de montaña buscas: la de los senderos y los bosques o la de los pueblos de piedra y las iglesias antiguas?

