El Pont du Gard tiene casi cincuenta metros de alto y se ve de lejos, y por eso va todo el mundo. También por eso casi nadie mira lo que lo convierte en una obra maestra, porque esa parte no se ve en absoluto.

El puente no es un puente. Es el tramo en el que un acueducto tenía que cruzar un valle, y es el único trozo que hubo que construir en altura. El resto, unos cincuenta kilómetros, va bajo tierra o a ras de suelo, y eso nadie lo fotografía.

¿Qué había que resolver, si el agua baja sola?

Cincuenta kilómetros para bajar doce metros

El agua salía de la Fontaine d’Eure, cerca de Uzès, y tenía que llegar a Nimes, la Nemausus romana, donde una alberca de reparto la repartía a las fuentes, a las termas y a las casas. En línea recta son menos de veinte kilómetros. El trazado recorre unos cincuenta, porque tiene que rodear los relieves sin dejar nunca de bajar.

Y ahí está el problema de verdad. En todo el recorrido el desnivel total es de poco más de doce metros, es decir menos de veinticinco centímetros por kilómetro. Algunas fuentes dan una cifra mayor, en torno a los diecisiete metros; en lo que coinciden todas es en el orden de magnitud, y es el orden de magnitud lo que importa. Una pendiente tan pequeña hay que mantenerla constante durante cincuenta kilómetros con instrumentos de nivelación apoyados en un trípode.

En el propio Pont du Gard, cuyo orden superior mide algo menos de trescientos metros, el canal baja unos dos centímetros y medio. En esa longitud es una línea que a simple vista se lee como horizontal. Si te equivocas unos centímetros por exceso el agua se acelera y desgasta el canal; si te equivocas por defecto se detiene y se estanca. El monumento que estás mirando es la parte fácil del trabajo.

el Pont du Gard visto desde aguas abajo, con sus tres órdenes de arcadas

Cómo está hecho

El puente tiene tres órdenes de arcadas superpuestos, y la cuenta es esta: seis arcadas abajo, once en el medio, treinta y cinco arriba. El nivel superior tenía cuarenta y siete en origen, y la diferencia se ha ido cayendo con los siglos.

Los tres órdenes son distintos por una razón estructural. Las arcadas de abajo son pocas y muy anchas porque tienen que salvar el río y aguantar toda la carga; al subir se vuelven más numerosas y más estrechas, y la estructura se aligera a medida que disminuye el peso que ha de llevar. Arriba, sobre la última fila, corre el canal cubierto por el que pasaba el agua, de algo más de un metro de anchura.

La piedra viene de una cantera situada a unos cientos de metros, una caliza local que el tiempo ha teñido de amarillo y de oro. Los bloques mayores pesan varias toneladas y en la parte baja están montados en seco, sin mortero: la estructura se sostiene por peso y por roce, no por adherencia.

Se construyó en el siglo I d. C., y está inscrito en el patrimonio mundial de la UNESCO desde 1985.

las arcadas del Pont du Gard vistas desde abajo, con el puente carretero adosado

Las piedras que sobresalen, y por qué nadie las quitó

Al acercarte a las pilas verás unas ménsulas de piedra que sobresalen de los bloques a intervalos regulares, en toda la altura. Parecen un desperfecto o un trabajo dejado a medias, y son lo más instructivo del monumento.

Son los apoyos de los andamios. Los constructores los sacaron de los propios bloques en vez de levantar un andamio desde el suelo, que a esa altura y sobre un río habría sido una segunda obra. Al terminar no los cortaron, y la razón es práctica: un acueducto se mantiene, y esos apoyos permiten volver a montar los andamios cada vez que hace falta.

Míralas, porque cuentan algo que los monumentos suelen esconder: aquí el método de construcción se quedó a la vista, y quienes lo levantaron no consideraron necesario borrarlo.

las ménsulas de piedra que sobresalen de las pilas del Pont du Gard, apoyos de los andamios romanos

El puente carretero del siglo XVIII adosado al romano

Mirando el monumento desde aguas abajo se nota que el orden inferior es más ancho que los otros y lleva una calzada plana. Esa parte no es romana.

Entre 1743 y 1747, según un proyecto del ingeniero Henri Pitot, se adosó al flanco de las arcadas bajas un puente carretero, para hacer pasar los carruajes donde antes se vadeaba. Es la razón por la que hoy se cruza el Gardon caminando al lado del monumento y no por debajo.

En rigor es un añadido que altera el monumento, y hay buenas razones para verlo también como su salvación: una ruina inútil se desmonta para reutilizar sus piedras, un puente en servicio no. El Pont du Gard atravesó la edad moderna porque servía para algo.

el puente carretero del siglo XVIII adosado al orden inferior del Pont du Gard

Por qué dejó de funcionar

El acueducto no fue destruido: se obturó.

El agua de la Fontaine d’Eure es muy calcárea, y al pasar por el canal depositaba carbonato de calcio en las paredes. Con los siglos ese depósito creció hasta reducir la sección de paso, y en algunos tramos la capa tiene decenas de centímetros. Las concreciones todavía se ven en el canal.

Después del siglo III el mantenimiento se espació, y el caudal con él. El acueducto siguió en uso parcial bastante tiempo, luego se abandonó y sus piedras sirvieron de cantera a los alrededores. El puente se salvó porque era demasiado útil como paso.

Una curiosidad: el depósito calcáreo no es solo una avería. Es también un archivo, porque se acumuló en capas estacionales como los anillos de un árbol, y estudiarlo ha permitido establecer durante cuántos años corrió el agua de verdad.

El río, que es la mitad de la visita

Hay algo que las guías históricas se callan y que la fotografía deja claro de inmediato: bajo el puente se baña la gente.

El Gardon corre por una garganta de roca blanca, con agua verde y pozas profundas, y en verano sus orillas son una playa fluvial. Se nada, se sale en canoa, se tumba uno en las losas de piedra. Es un uso del monumento que choca con el tono de yacimiento arqueológico, y es, a mi juicio, la manera correcta de pasar aquí un día: se llega por la mañana, se mira el puente, se baña uno y se vuelve a mirar con la luz del final de la tarde, que es la que mejor le queda.

Atención: el Gardon es un río mediterráneo, así que en verano va bajo y tranquilo pero en otoño puede crecer deprisa. Las condiciones de baño están señalizadas en el sitio y hay que leerlas, no deducirlas de que ya haya gente en el agua.

la garganta del Gardon vista desde lo alto del Pont du Gard, con el agua verde y las rocas blancas

Información práctica

Datos verificados el 8 de agosto de 2026 en la web oficial pontdugard.fr. Los precios, los horarios y el calendario de espectáculos cambian: vuelve a comprobarlos antes de viajar.

Ver el puente no cuesta nada. La web declara que el acceso es libre y gratuito, y que solo se pagan el aparcamiento y las visitas guiadas. Es el dato más útil de esta página y casi nadie lo escribe. Aparcamiento. Cuesta 9 euros por vehículo, sea cual sea el número de personas y el tiempo que te quedes. Si llegas a pie o en bicicleta no pagas nada. Los espacios museísticos. El museo, el cine, la sala de juegos y la exposición temporal cuestan 8 euros para los adultos y 6 euros para las personas en desempleo. Son gratuitos para los menores de 18 años, para los estudiantes en la modalidad familiar y para las personas con discapacidad. Visitas guiadas y audioguía. La visita guiada cuesta 15 euros para los adultos, 13 la reducida y 6 euros para los niños de 4 a 17 años. La audioguía cuesta 4 euros por persona. Horarios del sitio. En enero, febrero, noviembre y diciembre abre 9.00-17.00. En marzo y octubre abre 9.00-18.00. De abril a junio y en septiembre abre 9.00-19.00. En julio y agosto abre 9.00-20.00. En verano se vuelve por la noche. Del 15 de mayo al 20 de septiembre de 2026 el monumento está iluminado cada tarde al anochecer, y del 4 de julio al 30 de agosto de 2026 hay un espectáculo de luz y sonido a las 22.30, de unos veinte minutos. Estas fechas vienen del calendario difundido por la web y por los organismos turísticos del Gard: confírmalas antes de organizar la velada. La exposición del verano de 2026. Del 29 de mayo al 1 de noviembre de 2026 hay una exposición dedicada a Robert Combas, con unas cuarenta obras sobre la antigüedad y la mitología. Cómo llegar. El sitio tiene dos entradas, margen derecha y margen izquierda, con más de 1.400 plazas de aparcamiento en total. Desde Nimes y desde Uzès hay menos de treinta kilómetros, desde Aviñón algo más. Cuánto tiempo. Dos horas bastan para el puente y el museo. Con un baño en el Gardon es un día. A qué hora ir. Al final de la tarde, cuando la piedra pasa del amarillo al naranja y el sol rasante recorta cada bloque. A mediodía en verano la luz cae a plomo, la caliza está blanca y plana, y no hay sombra en ninguna parte.

El Pont du Gard se entiende mejor si se ve junto con el punto de llegada del agua: qué ver en Nimes cuenta la ciudad a la que ese acueducto abastecía, y el anfiteatro de Nimes es el mejor conservado del mundo romano. Si el viaje sigue hacia los Pirineos, Carcasona y Collioure son las etapas siguientes.