Saintes no es una parada que aparezca en los itinerarios, y está a una hora de La Rochelle y a hora y media de Burdeos. Tiene un arco romano del 18 d. C., un anfiteatro de los más antiguos del imperio y una catedral con el campanario cortado por la mitad.
El arco, sin embargo, no está donde se construyó, y esa es la cosa más interesante que se puede contar de la ciudad.
¿Por qué iba alguien a mover un arco romano veintiocho metros?
El arco de Germánico, y cómo se salvó
El arco se levantó entre el 18 y el 19 d. C., a costa de un notable local, Caius Julius Rufus, y se dedicó al emperador Tiberio, a su hijo adoptivo Germánico y a su hijo Druso. Los nombres todavía se leen en la inscripción.
No era un arco de triunfo en el sentido habitual. Estaba a la entrada del puente romano sobre la Charente y funcionaba como puerta de la ciudad: quien llegaba a Mediolanum Santonum, la Saintes romana, pasaba por debajo al entrar. Tiene dos vanos, uno por sentido de circulación, y eso solo se entiende sabiendo para qué servía.
El puente romano se derribó en el siglo XIX por las obras de los muelles, y el arco habría caído con él. Lo salvaron dos personas: Prosper Mérimée, entonces inspector de monumentos históricos, y Victor Hugo, que pasó por Saintes en septiembre de 1843. A propuesta de Mérimée el arco fue desmontado y vuelto a montar veintiocho metros más allá, en la orilla, donde sigue. La restauración se completó en 1851.
Vale la pena mirarlo sabiendo esto, porque cambia lo que se ve. No es un monumento en su sitio: es un monumento que alguien decidió conservar, en una época en la que la alternativa normal era tirarlo. Lo mismo había pasado en Jumièges en esa misma década, y en Carcasona pocos años después, siempre con Mérimée de por medio.


El anfiteatro, que es más viejo que el Coliseo
Fuera del centro, en una hondonada natural que los constructores aprovecharon para ahorrarse terraplenes, está el anfiteatro galorromano. Podía albergar unos quince mil espectadores.
Lo que cuenta es la fecha. Es de la primera mitad del siglo I, es decir, de una generación antes del Coliseo, que es del 70-80 d. C., y es uno de los más antiguos del mundo romano. Quien conozca el anfiteatro de Nimes o el Coliseo encontrará aquí algo más rústico y menos ingenieril: parte del graderío apoya directamente en la ladera en lugar de sobre una estructura de sustrucciones, que es justo la solución que los anfiteatros posteriores abandonan.
Está en ruinas, y nadie va a Saintes buscando un monumento íntegro. Se va a ver cómo se construía antes de que la fórmula estuviera afinada.
La catedral del campanario truncado
En el centro, la catedral de Saint-Pierre se reconoce de lejos por una razón rara: su campanario se corta de golpe, con una cúpula baja en lugar de la aguja.
No quedó así por decisión. La iglesia sufrió graves daños durante las guerras de religión, en 1568, y la reconstrucción posterior nunca repuso la aguja prevista. Lo que se ve hoy es, por tanto, un edificio interrumpido, con el muñón cubierto como se pudo.
La portada merece una parada porque conserva lo mejor de la escultura: las arquivoltas se desarrollan en varias roscas concéntricas llenas de figuras, y las gárgolas sobresalen por encima. A muchas cabezas las han picado, y eso también es 1568.
Dentro, la nave es alta y en buena parte clara, con bóvedas de crucería y pilares fasciculados. No es una catedral que asombre, es una catedral que se lee: las cicatrices de lo que ocurrió están ahí, y no están escondidas.


La Abbaye aux Dames, al otro lado del río
Pasando a la otra orilla se llega a la Abbaye aux Dames, y el cambio de estilo es rotundo: aquí se retrocede dos siglos respecto a la catedral.
Es una abadía románica, fundada en la primera mitad del siglo XI como monasterio femenino, y el detalle no es de costumbres: la dirigían abadesas salidas de la nobleza que administraban un patrimonio considerable. Educaban a las hijas de las familias aristocráticas, lo que la convertía además en una escuela.
En lo arquitectónico, lo que hay que mirar es el campanario, cuyo cuerpo alto es poligonal y va cubierto por un cono de piedra escamado, y la fachada, con sus roscas de arquivoltas de medio punto esculpidas, que es el románico saintongés, la manera local.
Hoy la abadía es una cité musicale: alberga una academia y una temporada de conciertos, así que puede tocarte encontrarla ocupada por ensayos. No es un problema, muchas veces es lo contrario.

Cómo encadenarlos
Saintes se hace a pie, y el orden que aconsejo sigue el río en vez de la cronología.
Se empieza por el arco, que está en el muelle y no cuesta nada. Se cruza el puente y se sube al centro para la catedral, también gratuita. Desde ahí se vuelve hacia el río para la Abbaye aux Dames. El anfiteatro queda más arriba y más afuera, a unos veinte minutos a pie del centro, y es la parada que conviene dejar para el final, o soltar si el tiempo aprieta.
Media jornada basta para todo. Un día entero permite además el museo arqueológico y sentarse en los muelles, que es una forma legítima de pasar el rato en una ciudad que vive de su río.
Información práctica
Datos verificados el 8 de agosto de 2026 en saintes-tourisme.fr y en la web de la Abbaye aux Dames. Los precios y los horarios cambian: vuelve a comprobarlos antes de viajar.
Lo que no se paga. El arco de Germánico está al aire libre en una plaza pública y se ve gratis a cualquier hora. La catedral de Saint-Pierre es de entrada libre. Son dos tercios de aquello por lo que se viene aquí. Anfiteatro galorromano. La entrada general cuesta 4 euros y los grupos a partir de 15 personas pagan 3 euros cada uno. La entrada es gratuita para los menores de 18 años, para los estudiantes y para las personas en desempleo. De abril a septiembre existe un Pass Patrimoine de 8 euros que junta el anfiteatro y tres museos, y es la fórmula que sale a cuenta si te quedas el día. Horarios del anfiteatro. Del 1 de julio al 31 de agosto abre de martes a viernes 10.00-18.00, y sábado y domingo 10.00-12.30 y 13.30-18.00. Del 1 al 30 de septiembre abre de martes a sábado 10.00-12.30 y 13.30-17.30. Atención: para los demás meses los horarios publicados no están igual de claros, así que llama o mira la web si vas fuera de temporada. Abbaye aux Dames. La visita histórica cuesta 13 euros la general y 10 euros la reducida, la temática 15 y 12 euros. La audioguía cuesta 9 euros la general y 6 la reducida. Es gratis por debajo de los 6 años. Es el monumento más caro de la ciudad, así que decide antes si te interesa. Cómo llegar. Saintes está en la línea de tren entre La Rochelle y Burdeos, con enlaces directos a ambas: algo menos de una hora de la primera y alrededor de hora y media de la segunda. En coche queda en el eje entre las dos. Cuánto tiempo. Media jornada para el arco, la catedral y la abadía. Un día con el anfiteatro y el museo. Una advertencia honesta. Saintes es una ciudad pequeña y tranquila, y sus monumentos son notables pero no espectaculares. Se va si gusta el romano de provincias y el románico, o porque uno está de paso: como desvío de dos horas desde la autopista rinde mucho, como destino en sí, menos.
Si el viaje sigue hacia el sur, el Pont du Gard y el anfiteatro de Nimes son los dos monumentos romanos que cierran el discurso empezado aquí. Hacia el norte, en Normandía, la abadía de Jumièges cuenta otro rescate del siglo XIX.