¿Buscas un sitio en la costa francesa que no sea solo una playa con un casco antiguo detrás? Collioure es un puerto de dos mil quinientos habitantes en la Côte Vermeille, a media hora de tren de Perpiñán y a veinticinco kilómetros de la frontera española, y en el verano de 1905 dos pintores inventaron allí el fovismo.

Llegué una tarde de septiembre, con la mar gruesa entrando en la bahía y el sol marchándose detrás de las Alberas. Esperaba un pueblo bonito y encontré algo más interesante: un lugar que se ha dado cuenta de que fue pintado y ha construido su relato sobre ese hecho, con doce marcos de bronce dorado clavados en el paseo marítimo. Si te gusta esta forma de recorrer el sur de Francia, en el sitio tienes también qué ver en Nimes y qué ver en Carcasona, a un par de horas de carretera de aquí.

¿Y qué se ve de verdad en Collioure, más allá de las casas de colores de las fotografías?

El verano de 1905, cuando Matisse y Derain inventaron el fovismo

Henri Matisse llegó primero. A principios de julio de 1905 se le unió André Derain, que entonces tenía veinticinco años, y ambos trabajaron codo con codo durante unas nueve semanas sobre el mismo motivo: la bahía, las barcas, el campanario, las montañas detrás del pueblo.

Lo que ocurrió en esas semanas fue un cambio de regla. El color dejó de describir lo que veía el ojo y empezó a construir el cuadro: una sombra podía ser verde, una barca rosa, el mar naranja, no por capricho sino porque la relación entre los colores sostenía el lienzo mejor de lo que lo habría hecho el parecido. Matisse volvió a París con quince lienzos, cuarenta acuarelas y un centenar de dibujos; Derain con una treintena de lienzos y unos cincuenta apuntes.

El resto ocurrió en octubre, en el Salón de Otoño del Grand Palais. Sus obras colgaban en la sala VII junto a las de Vlaminck, Manguin, Camoin y Marquet, y en el centro de la sala había un busto de mármol de gusto quattrocentista firmado por Albert Marque. En el suplemento de Gil Blas del 17 de octubre de 1905 el crítico Louis Vauxcelles escribió la frase que dio nombre al movimiento: «Donatello chez les fauves», Donatello entre las fieras. Fue un insulto y acabó siendo una etiqueta de historia del arte.

De los lienzos pintados aquí, el más conocido es La ventana abierta, Collioure, hoy en la National Gallery of Art de Washington: una ventana sobre el puerto, con las barcas reducidas a manchas de rosa y de verde. Le Faubourg de Collioure, de Derain, está en el Centro Pompidou. En Collioure no queda ni un original: el pueblo conserva el motivo, no los cuadros, y por eso el camino del fovismo del que hablo más adelante no es un premio de consolación.

la costa rocosa de Collioure al atardecer, con el mar agitado y las montañas en el horizonte

El Château Royal, cinco siglos de frontera

El castillo real ocupa el promontorio que separa las dos playas, y su mole cuenta la historia del pueblo mejor que cualquier panel. Una fortificación está documentada aquí desde 1207; en el siglo XIII fue residencia de verano de los reyes de Mallorca y después pasó a la corona de Aragón, que tomó Collioure por las armas en 1344. Desde el siglo XVI fue la frontera meridional de España, guarnecida frente a Francia.

En 1642 los franceses tomaron la plaza fuerte, y el tratado de los Pirineos de 1659 movió la frontera: Collioure pasó a ser francesa, y una fortaleza española vuelta contra Francia se convirtió en una fortaleza francesa vuelta contra España. Aquí entra en escena Vauban, y aquí la historia del castillo se vuelve la del pueblo. Para levantar las obras defensivas se demolieron ciento treinta casas, y el 1 de febrero de 1673 se arrasó también la iglesia medieval fortificada, que quedaba dentro del recinto.

El castillo siguió siendo militar hasta 1922, cuando fue declarado monumento histórico; desde 1952 pertenece al Departamento de los Pirineos Orientales, que lo abre al público y organiza exposiciones dentro. Subiendo de noche por la rampa empedrada que bordea las murallas se ve lo que ningún plano transmite: la fábrica continúa la roca sin solución de continuidad, y no se distingue dónde acaba el escollo y dónde empieza el baluarte.

la muralla del castillo real de Collioure vista desde abajo a la hora azul, iluminada por una lámpara

Notre-Dame-des-Anges y el campanario que era un faro

La iglesia nueva se construyó a partir de 1684, al borde del agua, porque la antigua había sido demolida para despejar el castillo. El campanario, en cambio, no lo construyeron: reutilizaron la torre de señales del puerto, la que hacía humo de día y fuego de noche para marcar la entrada de la bahía. La cúpula de estilo toscano que la remata se añadió en 1810.

El resultado es la silueta de todas las postales de la Côte Vermeille, y nace de un ahorro: el campanario redondo de Notre-Dame-des-Anges es redondo porque fue un faro, no porque un arquitecto lo dibujara así.

La razón de verdad para entrar está dentro. El retablo del altar mayor se encargó al escultor catalán Josep Sunyer, que se comprometió en octubre de 1698 a realizarlo en cuatro años: el basamento se colocó en abril de 1699, el primer cuerpo en abril de 1700, el segundo en diciembre de 1701, y el dorado no se terminó de pagar hasta 1724. Es uno de los grandes retablos barrocos catalanes, todo pan de oro, y la penumbra de la nave lo esconde: hay una máquina de monedas y con un euro se encienden las luces.

Atención: la iglesia está en medio de una restauración de seis millones de euros iniciada en 2020, que afecta al campanario, a las fachadas, a la estructura y a los retablos. El campanario ya está libre de andamios y las fachadas se han rehecho, pero las obras del edificio continúan y el final está anunciado para 2027. La oficina de turismo indica que en julio y agosto la iglesia solo abre para las misas (dato verificado el 7 de agosto de 2026): llama antes de contar con ello.

Los doce marcos del paseo marítimo

Caminando junto a la bahía encontré un marco de metal de mi altura, clavado en el muelle y vuelto hacia el pueblo. Dentro no había nada: por el hueco se veían el castillo a la izquierda y el campanario a la derecha, con el agua en medio, y un señor esperaba su turno para hacer la foto.

No es una instalación temporal. Se llama Points 2 vue, es de 1995 y es obra del artista Marc-André 2 Figueres: doce esculturas-marco de aluminio y bronce dorado, de 220 centímetros de altura, cada una de las cuales encuadra el campanario de Collioure en una composición distinta. Ponen en escena una idea sencilla: el paisaje no es un dato sino un recorte, y cambiar de marco cambia el cuadro. Según un reportaje de France 3 Occitanie, a través de esos marcos se hacen unas cuatro mil fotografías al día.

Una curiosidad: los marcos están vacíos a propósito, y no hay que confundirlos con las reproducciones del camino del fovismo, que son lonas impresas con una obra de Matisse o de Derain. Los primeros te hacen componer la imagen; las segundas te la muestran ya compuesta.

uno de los marcos de bronce dorado de Collioure encuadrando el castillo y el campanario a la hora azul

El chemin du fauvisme, donde los cuadros vuelven a su sitio

El chemin du fauvisme, el camino del fovismo, es un circuito urbano gratuito y de acceso libre, creado en 1994. Por las calles del pueblo hay instaladas reproducciones de obras que Matisse y Derain pintaron aquí en el verano de 1905, cada una en el punto exacto donde el pintor plantó el caballete. Te pones delante de la lona, levantas la vista y tienes en el mismo campo visual el motivo y su traducción en color.

Sobre el número de reproducciones las páginas de la oficina de turismo no coinciden: una cuenta diecisiete y otra veinte. Digamos una veintena, y no es una cifra que necesites para caminar.

Funciona mejor de lo que parece, y no por razones sentimentales. Delante de Le Faubourg de Collioure se ve que Derain no exageró los colores del pueblo: desplazó las relaciones, y el tejado que en el cuadro es naranja en la realidad es rosa sucio. Es una diferencia que las palabras no explican y que el sitio enseña en tres segundos.

El cuaderno Le Fauvisme, la couleur comme absolu se compra por 6 euros en la oficina de turismo; hay visitas guiadas de abril a Todos los Santos, y una aplicación municipal para quien prefiera ir por su cuenta.

El Mouré y la costa al norte

Detrás de la playa de Boramar, la que da a la iglesia, empieza el Mouré: el viejo barrio de pescadores, callejuelas empinadas que suben entre fachadas de colores plenos, y la parte de Collioure que mejor aguanta la hora punta de agosto, sencillamente porque va cuesta arriba.

Siguiendo el paseo marítimo hacia el norte se sale del pueblo y se llega a las rocas. Desde allí las casas parecen apoyadas sobre la piedra sin cimientos, con las contraventanas verde agua, un color que aquí se repite y que no es una coquetería de los restaurantes. Es el lugar donde más rato me quedé, y también el mejor para la puesta de sol, porque el sol cae detrás de las montañas y la luz vuelve sobre el pueblo en vez de darte en los ojos.

Cuenta con que, cuando sopla la tramontana, el mar entra en la bahía con olas de verdad: las fotos de abajo son de una tarde de septiembre en la que la playa era inutilizable y el pueblo estaba bellísimo.

las casas del barrio del Mouré de Collioure sobre las rocas, al atardecer, con el mar agitado

una casa almenada de Collioure sobre las rocas, con contraventanas verde agua y las olas rompiendo

Machado, la Retirada y el castillo convertido en campo

En enero de 1939, mientras terminaba la Guerra Civil, medio millón de personas cruzaron los Pirineos hacia Francia. Es la Retirada, y Collioure queda justo en el camino.

El poeta Antonio Machado salió de Barcelona el 22 de enero con su madre y algunos familiares, llegó aquí agotado y enfermo, y murió el 22 de febrero de 1939 en la pensión Quintana. Su madre murió tres días después, el 25 de febrero. Están enterrados juntos en el cementerio viejo, y esa tumba se ha convertido en lugar de peregrinación: cuando pasé estaba cubierta de flores y de notas dejadas por visitantes españoles.

La pensión Quintana es hoy el Espace Antonio Machado, un pequeño museo dedicado a su exilio; de junio a septiembre abre de miércoles a domingo, 10.00-13.00 y 14.00-18.00, y la entrada cuesta 1 euro. El cementerio es de acceso libre, 9.00-17.00.

Esos mismos meses el castillo se convirtió en el camp spécial de Collioure, un campo disciplinario para los republicanos españoles, en unas condiciones que la exposición permanente instalada hoy en su interior, De l’exode à l’exil (1936-1945), califica de inhumanas. Conviene verlo en el orden correcto: primero la exposición, después las salas, porque el mismo edificio que parece un decorado de postal fue un lugar de internamiento hace ochenta años.

Las anchoas, y una visita gratuita que vale media hora

La anchoa de Collioure es lo segundo por lo que el pueblo es conocido, y no es folclore para turistas: la salazón está documentada aquí desde hace siglos y dos casas familiares la siguen practicando. La casa Roque trabaja desde 1870 y es la salazón de anchoas francesa más antigua todavía en activo; la casa Desclaux desde 1903.

En Roque la visita al antiguo taller, en la primera planta de la tienda, es gratuita y dura unos veinte minutos, degustación incluida. Se entra de lunes a viernes, 8.15-11.45 y 14.05-16.45, sin reservar si no vas en grupo. Te explican el ciclo real: salazón en barril y maduración de seis a doce meses, tres como mínimo, y fileteado a mano. El taller moderno no se visita, por razones de higiene.

Lo que hoy no se puede visitar

Dos cosas que ves de lejos y en las que no puedes entrar, para que no montes el día alrededor de ellas.

El fuerte Saint-Elme, la fortaleza del siglo XVI que domina el pueblo desde la cresta y que se reconoce en todas las fotos panorámicas, es de propiedad privada y está cerrado a la visita desde 2023 por obras. No se ha anunciado ninguna fecha de reapertura. Se ve muy bien desde fuera y los senderos que suben hasta él siguen practicables.

Al campanario de Notre-Dame-des-Anges no se sube. La restauración exterior está terminada y el ayuntamiento ha dicho que lo abrirá a las visitas cuando acaben las obras de la iglesia, con un dispositivo de seguridad propio: por ahora es una intención, no una fecha.

Información práctica

Datos verificados el 7 de agosto de 2026 en los sitios oficiales ledepartement66.fr, tourisme-collioure.com y anchois-roque.fr. Los precios y los horarios cambian: vuelve a comprobarlos antes de salir.

Castillo real, entradas. La entrada general cuesta 9 euros. La reducida cuesta 7 euros y vale también para grupos a partir de quince personas. Castillo real, horarios. Julio y agosto: 9.30-18.30. Abril, mayo, junio, septiembre y octubre: 10.00-18.00. De noviembre a marzo: 10.00-17.00. El último acceso es 45 minutos antes del cierre, y el castillo cierra el 1 de enero, el 1 de mayo, el 15 y el 16 de agosto y el 25 de diciembre; la página del Departamento da el cierre hasta el 31 de diciembre. Castillo real, gratuidad. La entrada es gratuita para los menores de 18 años, para los ciudadanos de la Unión Europea de 18 a 25 años, para quienes buscan empleo, para los beneficiarios de la renta mínima francesa y para los grupos escolares. De octubre a junio también se entra gratis el primer domingo de mes. Castillo real, visitas guiadas. Están incluidas en la entrada y salen a las 10.30 y a las 14.30. Gratis. El camino del fovismo, los marcos Points 2 vue, el cementerio con la tumba de Machado y la visita a la salazón Roque no cuestan nada. El Espace Antonio Machado cuesta 1 euro. Cómo llegar en tren. Collioure está en la línea TER Perpiñán-Cerbère, con aproximadamente un tren por hora y más frecuencia en julio y agosto. La estación está en el pueblo, a pocos minutos a pie del puerto, y es con diferencia la forma más sencilla de llegar. Cómo llegar en coche. Desde Perpiñán hay unos treinta kilómetros. El centro tiene aparcamientos de pago con un máximo de seis horas y una zona azul con una hora gratuita, y en temporada alta se llena pronto. Conviene dejar el coche en el aparcamiento de Cap Dourats, en la route de Madeloc, y tomar la lanzadera gratuita, que pasa cada media hora: de junio a septiembre circula de 10.00 a 23.30 y en mayo solo los fines de semana hasta las 19.30. Cuánto tiempo. El pueblo se recorre a pie en media jornada. Con el castillo, el camino del fovismo y la salazón hace falta un día entero, y la tarde es el mejor momento para el paseo marítimo. Cuándo ir. En agosto el centro está lleno y aparcar es un problema. Mayo, junio y septiembre dan el mismo mar con la mitad de gente.

Si después de Collioure sigues hacia el sur, la frontera está a veinticinco kilómetros y Girona a hora y media en coche; si subes hacia el norte, la etapa natural es Carcasona. El panorama completo está en qué ver en Francia más allá de París.