Al final de via di Porta San Sebastiano, donde el tráfico se para y empieza la Via Appia, dos torres redondas aprietan un arco alto. Es Porta San Sebastiano, la puerta más grande y mejor conservada de las murallas aurelianas, y dentro de sus torres hay un museo en el que se entra sin pagar.

El museo te cuenta el recinto defensivo de Roma con maquetas, paneles y modelos, y ocupa las habitaciones que han sido, por este orden, un puesto militar, un piso privado y una sala expositiva. Lo mejor, sin embargo, no está en las salas: es el adarve sobre las murallas, cuatrocientos metros de paso de ronda en lo alto del recinto. Y aquí está el problema, porque desde el 15 de junio de 2026 el adarve está cerrado por obras de instalaciones, y el museo todavía no ha anunciado cuándo reabre.

Seis cosas merecen el rodeo igualmente, y la primera es la puerta.

¿Qué hacía el secretario del Partido Nacional Fascista dentro de una puerta de las murallas?

Empezamos.

La puerta: cinco fases en setecientos años

Las murallas aurelianas se construyeron entre el 271 y el 275 d. C. por el emperador Aureliano, cuando Roma entendió que ya no estaba a salvo. Por aquí pasaba la Via Appia, y la puerta se llamaba Porta Appia: el nombre actual le viene de la basílica de San Sebastiano, más adelante en la misma carretera.

La puerta que ves no es la del siglo III. El museo distingue cinco fases constructivas: cada vez que la amenaza cambiaba, la puerta se recrecía, se reforzaba, se estrechaba. Las torres semicirculares, el revestimiento de mármol del arco, el patio interior entre las dos cortinas son añadidos posteriores, y puestos en fila cuentan setecientos años de miedo.

Mira la altura de las torres desde fuera antes de entrar, y después cuéntalas otra vez desde dentro del patio. El salto de escala entre la estructura romana y los recrecimientos medievales se ve a simple vista, y es la lección que el museo te da gratis antes incluso de la taquilla.

1. El grafito de San Miguel, y la noche de 1327

En la jamba interior de la puerta hay una imagen grabada: el arcángel Miguel matando al dragón, con una inscripción en latín al lado.

Lee la inscripción que hay al lado, porque lleva una fecha: año 1327, indicción XI, penúltimo día de septiembre, es decir, la víspera de la fiesta de san Miguel. Aquel día, en la puerta, los romanos güelfos y gibelinos se enfrentaron a las tropas de Roberto de Anjou, rey de Nápoles, que intentaba ocupar la ciudad. Alguien grabó al arcángel para dar las gracias por que el ataque no pasara.

Búscalo con calma, porque es pequeño y no tiene una luz propia. Después párate un segundo en lo que tienes delante: no es un monumento encargado, es una señal dejada a mano por alguien que estaba allí, en el punto exacto en el que ocurrió, hace siete siglos. En Roma este tipo de testimonios se cuentan con los dedos.

el grafito medieval en la jamba de porta san sebastiano, con el arcangel con nimbo y las alas desplegadas que clava la lanza en un dragon enroscado y la inscripcion gotica grabada al lado

2. La casa de Ettore Muti

Y aquí es donde la puerta deja de ser un monumento. Entre 1940 y 1943 la puerta se concedió a Ettore Muti, secretario del Partido Nacional Fascista, «para uso de estudio y vivienda».

No fue un uso simbólico: dentro se hicieron obras de verdad. Se rehicieron los forjados hundidos, tanto en el ático encima del arco de entrada como en las torres, recreando la división en dos plantas; se restableció la cubierta de bóveda de cañón de la primera planta del cuerpo central; y la reconstrucción de los forjados supuso tapiar algunas ventanas.

¿Por qué esto cambia la manera de mirar las salas?

Porque las habitaciones que atraviesas no tienen la forma que conocieron los soldados de Aureliano: tienen la forma que alguien les dio en los años cuarenta para vivir en ellas. Los suelos que pisas, la división en plantas, las ventanas que faltan donde esperarías una aspillera son todas decisiones de aquella obra. Un monumento antiguo que conserva las modificaciones hechas para sacar de él un piso es algo raro, y este museo no las esconde.

3. Las maquetas del recinto defensivo

En la tercera sala están las maquetas de reconstrucción de las murallas y el mapa de todo el recinto defensivo de Roma, y son el motivo por el que este museo merece la pena incluso con el adarve cerrado.

¿Para qué sirve una maqueta de una ciudad que se ve todos los días?

El premio es la escala. Las murallas aurelianas miden diecinueve kilómetros y dan la vuelta a la ciudad: quien vive en Roma ve trozos de ellas cada día, en Porta Pinciana, en San Giovanni, bajo el Testaccio, sin verlas nunca como una sola cosa. La maqueta las vuelve a juntar, y ahí entiendes que esos fragmentos dispersos son una única obra, la más grande que tiene Roma.

Busca en el mapa el punto en el que estás y después sigue el trazado con el dedo hasta el Tíber. Es la manera más rápida de entender por qué ciertos barrios tienen la forma que tienen.

4. La maqueta del Bastione Ardeatino de Sangallo

Entre las maquetas expuestas hay una que salta un milenio: el Bastione Ardeatino, proyectado por Antonio da Sangallo el Joven.

Es la fortificación del siglo XVI construida para adaptar las murallas antiguas a las armas de fuego, y la comparación con el resto del museo es instructiva. Una muralla alta sirve contra las escalas y las torres de asalto; contra la artillería es un blanco, porque cuanto más alta es más superficie ofrece a la bala. El baluarte moderno hace lo contrario: es bajo, grueso, inclinado, y esconde las piezas de artillería.

A Sangallo te lo encuentras dos veces el mismo día si te mueves por el centro: la fachada del palacio que acoge el Museo Barracco se le atribuye. El mismo arquitecto dibujaba el frente de un palacio privado y el sistema defensivo de una capital.

la via appia vista desde lo alto de porta san sebastiano, la calle recta que se aleja entre los muros de los jardines y los pinos pineos, con una casa roja a la izquierda

5. La sala de la torre occidental

La primera sala del recorrido está montada dentro de la torre occidental, y es el espacio en el que mejor se entiende qué significa estar dentro de una estructura defensiva en vez de mirarla desde fuera.

En el suelo hay un mosaico de tres colores con un tigre que muerde a un ciervo. El museo lo expone sin declarar su fecha en sus propias páginas, y esto conviene saberlo antes de oírlo contar como antiguo: en una puerta habitada en los años cuarenta, un mosaico «a la antigua» no es una hipótesis descabellada, y varias fuentes lo asignan a las obras de aquel periodo. Si te interesa el punto, pregúntaselo al personal, que es el camino más corto.

Mira en cambio la fábrica de alrededor, que es indiscutible. El grosor de los muros, la curvatura de la torre y el tamaño de los vanos cuentan la función del edificio sin necesidad de carteles.

6. El adarve, que ahora no se recorre

Esta es la cosa por la que en tiempos normales se viene, y hay que decir con claridad que ahora no se puede hacer.

Desde la sala más alta se sale al paso de ronda, cuatrocientos metros de pasillo a lo largo de las murallas aurelianas, del Bastione Ardeatino a Porta San Sebastiano. Se camina dentro de una galería cubierta marcada por torres, con tramos de pavimento original bajo los pies y, en un punto, un fresco medieval con una Virgen con el Niño: una imagen devocional pintada en un muro militar, porque allí arriba pasaban los guardias y aquellas eran sus jornadas.

El adarve está cerrado desde el 15 de junio de 2026 por la realización de obras de instalaciones, y a la fecha en la que escribo el museo no ha publicado una fecha de reapertura. La terraza de la torre tampoco es accesible. Antes de salir, abre la página de avisos del museo o llama al 060608: si el adarve ha reabierto, esta visita cambia completamente de peso.

la galeria cubierta del adarve sobre las murallas aurelianas, una sucesion de arcos de ladrillo que se estrechan hacia el fondo, el muro macizo a la izquierda y el suelo de tierra batida

el tramo descubierto del paso de ronda en porta san sebastiano, con las almenas de ladrillo a la izquierda, la barandilla moderna a los dos lados y al fondo una torre cuadrada con la puerta de reja

Información práctica

Datos verificados el 18 de septiembre de 2026 en la web oficial museodellemuraroma.it. Los horarios y las condiciones cambian: vuelve a comprobarlo antes de salir.

Entradas. La entrada es gratuita para todos, y no hace falta reservar si vienes solo o en pareja. Las visitas guiadas en varios idiomas se compran aparte, con reserva. Cómo se visita. El museo admite veinte visitantes a la vez y cinco por sala, y la visita dura como máximo cincuenta minutos. No son reglas de fachada: los espacios son estrechos, y en las horas punta del fin de semana puede tocar esperar turno. Horarios. De martes a domingo 10:00-16:00, con la última entrada una hora antes del cierre. El museo permanece cerrado los lunes, el 1 de mayo y el 25 de diciembre. El 1 de enero abre 11:00-16:00. Accesibilidad. La entrada es solo parcialmente accesible y no hay ascensor: el recorrido sube por las torres con escaleras antiguas. Hay aseos para personas con discapacidad, y hay servicios para las personas ciegas y con baja visión. Cuidado con las páginas viejas. En la web del museo sigue colgada una página de 2006 que anuncia la reapertura del adarve y da las tarifas de entonces, 3 euros la general y 1,50 la reducida, con el horario 9:00-14:00. Son datos de hace veinte años: hoy la entrada es gratuita y el horario es el escrito aquí arriba. Cómo llegar. El museo está en via di Porta San Sebastiano 18. La parada de metro B más cercana es Circo Massimo, a unos veinte minutos a pie por viale delle Terme di Caracalla; los autobuses 118 y 218 pasan más cerca. Desde las Termas de Caracalla se llega caminando en un cuarto de hora. Cuánto tiempo calcular. Las salas piden cuarenta minutos, que es casi el tope permitido. Con el adarve abierto calcula hora y media.

A partir de aquí

La puerta se abre a la carretera que es la verdadera continuación de esta visita: la guía es Via Appia Antica: 5 cosas que descubrir, y el museo es el sitio adecuado para empezarla, porque explica por dónde se salía.

Si te interesa cómo se defendió Roma en los siglos siguientes, la fortaleza de los papas es Castel Sant’Angelo, y al arquitecto de las maquetas de este museo te lo vuelves a encontrar en la fachada del Museo Barracco. El mapa completo de las colecciones de la ciudad está en Museos de Roma: los 8 imprescindibles.

Créditos fotográficos: el frente de la puerta es de Falk2 (CC BY-SA 4.0); la galería del adarve es de Lalupa (CC BY-SA 3.0); el grafito, el tramo descubierto del paso de ronda y la vista de la Via Appia son de Lalupa y de dominio público, todas desde Wikimedia Commons.