Amor y Psique de Canova es una de las obras maestras más famosas de este extraordinario artista neoclásico. Esta escultura en mármol blanco fue realizada entre 1787 y 1793, y retrata el momento en que los dos amantes se reencuentran tras una larga y difícil separación.

He tenido la oportunidad de admirar Amor y Psique en el Louvre de París en más de una ocasión, y cada vez me ha transmitido una dulzura tal que me habría quedado mirándola durante horas. La posición de los amantes está estudiada al detalle: quedan inmovilizados para siempre un instante antes de su famosísimo beso.

Aquí abajo te cuento la historia, el mito y algunas curiosidades sobre Amor y Psique de Canova. Y también te digo dónde encontrarla, exactamente, dentro del museo más grande del mundo.

¿Preparado para descubrirlo todo?

¡Empezamos!

Quién era Antonio Canova

Pero ¿quién era, exactamente, el hombre capaz de hacer respirar el mármol? Antonio Canova (1757-1822) era un chico de Possagno, un pueblecito del Véneto, convertido en la auténtica estrella del arte de su tiempo: lo llamaban «el nuevo Fidias», como el mayor escultor de la antigua Grecia. Nada mal, para alguien que había empezado tallando la piedra en el taller de su abuelo.

Tenía una sola obsesión: que sus estatuas no parecieran nunca de piedra. Y aquí, créeme, lo consiguió como nunca antes.

La leyenda de Amor y Psique

La historia que inspiró esta obra se narra en las Metamorfosis de Apuleyo, una de las novelas más famosas de la época clásica (siglo II d. C.). Al tratarse de un texto latino, los protagonistas tienen nombres romanos: Venus (la Afrodita griega) y su hijo Amor (el griego Eros, para los romanos también Cupido).

Se cuenta la historia de Psique, una joven tan hermosa que atrajo sobre sí la envidia de la diosa Venus. Para castigarla, la diosa envió a su hijo Amor a que la hiciera enamorarse del hombre más feo y rudo del mundo. El joven dios, sin embargo, se pinchó por error con una de sus flechas mágicas y se enamoró perdidamente de la muchacha.

Llevado por la pasión, Amor desobedeció a su madre y llevó a Psique a un palacio encantado, donde la visitaba cada noche haciéndole jurar que nunca miraría su rostro.

La chica, intrigada por la extraña prohibición e instigada por sus hermanas, rompió el juramento y espió las facciones de su amante a la luz de una lámpara de aceite. Amor, al darse cuenta de la traición, la abandonó a la más absoluta desesperación.

Venus sometió entonces a Psique a numerosas y difíciles pruebas para poder reconquistarlo. La última fue bajar hasta los infiernos para pedirle a Prosérpina, esposa de Plutón, un poco de su belleza. La diosa le entregó una ampolla que contenía un líquido somnífero, que hizo caer a Psique en un sueño profundo. Cuando Amor supo de las crueles pruebas que su amada había superado por él, bajó a los infiernos y la despertó con un beso.

Es precisamente este el momento que Canova decidió inmortalizar: el beso entre Amor y Psique, sorprendidos en el instante en que se estrechan en un eterno abrazo de delicada pasión.

Una curiosidad que pocos conocen: en griego psyché significa alma. El mito, entonces, no es solo una historia de amor: es la alegoría del alma humana que, tras mil pruebas y sufrimientos, se reúne por fin con el Amor. Por eso sigue emocionando hoy.

amor y psique canova

El momento del beso: qué representa la obra

Lo primero que notarás, cuando te encuentres frente a Amor y Psique de Canova, es que el artista representó el despertar de Psique como en una instantánea.

El momento del beso es tan intenso porque es la primera vez que los dos pueden mirarse a los ojos. Los amantes rebosan amor, ternura y alegría por haberse reencontrado: la tensión, la dulzura y el deseo se adivinan en cada gesto.

Amor le rodea la cintura y le sostiene delicadamente la cabeza, mientras ella echa la cabeza hacia atrás y lo abraza.

Míralo bien: hay un equilibrio que te llena de paz, aunque no sepas explicarte enseguida por qué.

Haz una prueba. Detente y sigue las líneas: la pierna estirada de él, la rodilla doblada de ella, los brazos que se entrelazan, la roca sobre la que está tendida la joven. Las alas desplegadas de Amor y las piernas de los dos amantes dibujan una gran X, y tu mirada acaba siempre allí, en el punto exacto en que esas líneas se cruzan: el beso.

¡Y no acaba aquí!

También el entrelazado de los brazos te empuja hacia los dos rostros, cerrándolos en un círculo con el que la bella Psique enmarca el rostro de su Amor. No es casualidad: Canova calculó cada línea para que tú, mires donde mires, vuelvas siempre a ese momento. Es aquí donde su búsqueda de la belleza perfecta toca su punto más alto.

amor y psique de canova visto de lado

Las dos versiones de Canova

No todo el mundo sabe que de Amor y Psique existen varios ejemplares, pero solo dos fueron esculpidos por la mano de Canova. El primero se conserva en el Louvre de París, el segundo en el Hermitage de San Petersburgo.

¿A quién estaban destinados?

La primera versión fue encargada en 1787 por el coronel escocés John Campbell. La obra, sin embargo, nunca llegó a Escocia: fue comprada por Joaquín Murat, cuñado de Napoleón, y llevada a Francia. La segunda versión, en cambio, fue encargada por el príncipe ruso Nikolái Yusúpov, que había sido enviado para convencer al escultor de trasladarse a la corte de San Petersburgo. Canova se negó y se quedó en Italia, pero aceptó esculpir una segunda versión, que partió después hacia Rusia.

Ojo con no confundirlas con las copias: esas existen de verdad, pero fueron realizadas por el taller y por sus alumnos. Adamo Tadolini, uno de los mejores entre ellos, recibió del maestro el permiso para esculpir varias: un auténtico «sello de calidad» de la época.

amor y psique canova, detalle del momento del beso

Los secretos de la obra que te sorprenderán

La escultura de Amor y Psique de Canova me sorprendió sobre todo por dos motivos.

El primero es el tamaño: en fotografía parece enorme e imponente, mientras que en persona mide unos 155 × 168 cm. Lo bueno es que esto te permite rodearla por completo y observarla desde cualquier ángulo: hazlo, porque cada punto de vista regala un detalle nuevo.

El segundo es que el mármol parece vivo: las carnes se ven blandas, nada que ver con la piedra fría. La pose lánguida, un poco teatral, y la belleza idealizada típica del Neoclasicismo se funden en la intensa expresividad de los rostros.

La piedra está espléndidamente pulida, brillante y blanquísima. En aquella época se exaltaba a propósito la blancura de las esculturas, porque se creía que las antiguas estatuas griegas eran blancas: para imitarlas, se intentaba que el mármol fuera lo más claro posible.

Pero ¿era realmente así?

¡No! Hoy sabemos que la escultura clásica era, al contrario, muy colorida. No sé tú, pero a mí imaginar Amor y Psique todo pintado me produce un efecto raro. ¡Por suerte Canova no tenía forma de saber que las estatuas antiguas estaban llenas de pigmentos!

Si quieres ver otro ejemplo de su maestría pero no puedes llegar hasta París, te aconsejo visitar la Galería Borghese de Roma: allí encontrarás la espléndida Paulina Borghese retratada como Venus. Te aseguro que los pliegues del colchón de mármol parecen de verdad.

amor y psique de canova

Dónde admirar Amor y Psique en el Louvre

Encontrar la obra dentro del Louvre es más fácil de lo que crees, si sabes adónde ir. Amor y Psique está en la planta baja del ala Denon, en la gran Galería Miguel Ángel dedicada a la escultura italiana: la misma sala acoge, entre otras cosas, la versión de pie del mismo tema, en la que Amor y Psique aparecen erguidos.

El único obstáculo real, en el Louvre, es la cola. Es el museo más visitado del mundo y en temporada alta se puede esperar más de una hora solo para entrar. Mi consejo es reservar con antelación la entrada sin colas para el Louvre: así te ahorras la fila en taquilla y dedicas todo el tiempo a lo que de verdad importa, las obras maestras.

Si estás organizando la visita, en mi artículo sobre cómo evitar la cola en el Louvre encuentras todos los trucos (entradas alternativas, días menos concurridos y jornadas de acceso gratuito).

La curiosidad más romántica: el beso de Flaubert

Amor y Psique impresionó profundamente a los intelectuales de su tiempo. Hubo quien la criticó por ser todavía demasiado «barroca» y quien, al contrario, la elogió sin reservas.

A algunos les inspiró incluso sentimientos arrebatadores. Es el caso del escritor Gustave Flaubert, que confesó:

«No miré nada del resto de la galería; volví allí varias veces y, la última, besé bajo la axila a la mujer desfallecida, que tiende hacia el amor sus largos brazos de mármol. ¡Y el pie! ¡Y la cabeza! ¡Y el perfil! Que se me perdone: después de mucho tiempo fue mi único beso sensual; pero era algo más todavía, besaba la belleza misma.»

Una obra maestra capaz de hacer perder la cabeza a uno de los mayores escritores de todos los tiempos: si pasas por París, concédete tú también unos minutos delante de Amor y Psique. Y luego, para organizar la visita sin estrés, echa un vistazo a mi guía sobre cómo evitar la cola en el Louvre.