Procida es una de las islas flegreas menos concurridas y más infravaloradas del golfo de Nápoles. Es más pequeña y más salvaje que las demás, y por eso es menos famosa que Capri o Ischia. Y sin embargo fue ella, en 2022, la primera isla italiana en convertirse en Capital Italiana de la Cultura, con un lema precioso: «la cultura no aísla». Es un lugar encantador que descubrí a pie, despacio, saboreando cada paisaje, cada rincón y cada vista al mar.
Para visitar Procida tendrás que coger el barco en Pozzuoli y, en poco más de media hora, llegarás a su pequeño puerto lleno de color, hecho de casas bajas y fachadas de mil tonos.
Mientras visites Procida te darás cuenta de que una de las cosas más bonitas de la isla son los paisajes. La vegetación es realmente exuberante, en todos los jardines hay flores y árboles frutales, el casco urbano tiene los colores cálidos del Mediterráneo y, alrededor, el mar te mece con el ritmo lento de sus olas.
¿Te apetece saber más?
Aquí tienes mi experiencia en Procida y las 5 cosas que debes conocer antes de ir.
¡Empezamos!
1 – Visitar Procida a paso de paseo
Como te decía, la isla no es muy grande, así que podrás visitar Procida a pie sin problema. Te aconsejo recorrer todo el perímetro de la isla, para descubrir las playas más bonitas donde bañarte y los paisajes más sugerentes donde hacer alguna foto.
Hacen falta unas cuantas horas para bordear entera la isla de Procida, pero te aseguro que merece muchísimo la pena. Mi único consejo es que lleves crema solar y una gorra, porque en verano el sol pega de verdad.
Algunas calas y grutas, eso sí, no se ven desde el sendero: para esas, la forma más bonita es una vuelta en barco alrededor de la isla, que además te enseña las casas de colores de la Corricella y el Palazzo d’Avalos directamente desde el agua.
Si no te gusta caminar, ¡no te preocupes! En Procida se pueden alquilar bicicletas y motos.
Durante tu paseo seguro que te fijas en que, junto a Procida, hay una segunda islita unida por un puente. Es la isla de Vivara, y estoy más que segura de que te entrarán ganas de explorarla: ¡te cuento por qué!

2 – Descubrir Vivara
La isla de Vivara es una reserva natural estatal, unida a Procida por un largo puente peatonal de 362 metros que sale del puerto de la Chiaiolella (hasta 2014 fue incluso el puente colgante más largo del mundo). Aquí está prohibida cualquier construcción nueva: la única vivienda es una antigua casa señorial del siglo XVII, mandada levantar por la familia D’Avalos, que era la propietaria de la isla.
¿Por qué motivo?
Al ser un área protegida, Vivara se visita solo con un guía naturalista autorizado y con reserva previa (a través de la web oficial vivararns.it), en grupos pequeños. Los horarios cambian entre verano e invierno y a veces se suspende el acceso por obras de mantenimiento, así que comprueba siempre antes de ir.
Hay varios senderos que podrás explorar junto al guía, y el tour de Vivara dura alrededor de una hora y media.
No te dejes engañar por su tamaño reducido: la isla de Vivara es muy importante desde el punto de vista naturalista, porque son los restos de un antiguo cráter volcánico, en su día unido a la isla de Procida.
Este entorno ha permanecido intacto y todavía hoy guarda plantas raras, numerosos animales salvajes y hallazgos arqueológicos importantes.
Te aconsejo visitar Vivara sobre todo si te gusta pasear en plena naturaleza o hacer snorkel cerca de la costa. Es una experiencia realmente única.

3 – Las casas de colores de Procida
La historia de Procida tiene orígenes antiquísimos. Sabemos que estuvo habitada desde el siglo XV a. C., probablemente por colonos llegados de Micenas, y que después fue ocupada por los romanos.
Si estás pensando en visitar Procida, seguro que has visto fotos de sus casas de colores.
Hoy el núcleo habitado principal lo forman la Corricella y la Terra Murata, herederos de los asentamientos medievales de la isla. Y lo más característico son precisamente las típicas casas de colores de Procida.
Pero ¿por qué son tan coloridas?
Los tonos pastel, todos distintos, los usan desde hace siglos los pescadores para reconocer su propia casa incluso en mar abierto.
¿Se te habría ocurrido?
El barrio de pescadores de la Corricella, con sus casas que parecen trepar sobre el agua, es también el escenario de algunas escenas de Il Postino (1994), estrenada en España como El cartero (y Pablo Neruda), la última película de Massimo Troisi, premiada con el Óscar. Arriba, en cambio, la Terra Murata es el punto más alto de la isla: aquí están la abadía de San Michele Arcangelo y el Palazzo d’Avalos, una antigua cárcel borbónica hoy visitable, que fue uno de los lugares símbolo del año como Capital de la Cultura.

4 – Dónde alojarse y dónde comer en Procida: mi experiencia
Para visitar Procida nos alojamos en el Tirreno Residence, en via Faro. Es un conjunto de pequeños estudios independientes dentro de un jardín de ensueño. Hay nevera y fogones, así que puedes cocinar, o simplemente prepararte una buena ensalada mixta sin tener que ir al restaurante.
Me enamoré especialmente de este sitio por dos motivos.
El primero es su precioso jardín, pero sobre todo la estupenda terraza que da al mar. Si hace buen tiempo podrás disfrutar de un desayuno único, con cruasanes recién hechos, capuchino y zumo de naranjas del árbol del jardín, directamente en la terraza panorámica… ¿se puede despertar uno mejor?
Y si te estás preguntando dónde comer en Procida, aquí va mi consejo.
Nos quedamos dos noches y cenamos siempre en el restaurante «la locanda del Postino», donde se rodaron algunas escenas de la última obra maestra de Massimo Troisi. El pescado, recién capturado, estaba delicioso, y los raviolis caseros de berenjena y provola hay que copiarlos sí o sí.
Con nuestra vuelta a la isla a pie pudimos comprobar que todos los restaurantes tenían más o menos los mismos precios: se puede comer a orillas del mar un primero y un segundo por unos 30 euros por persona.

5 – Cómo llegar a Procida
Para llegar a Procida tendrás que coger el ferry.
Hay varias conexiones con tierra firme, por ejemplo desde los puertos de Nápoles (Calata di Massa y Molo Beverello) y desde Pozzuoli. Nosotros embarcamos justo en este último, y el tiempo medio de trayecto es de unos 40 minutos.
Te aconsejo llegar al puerto en transporte público, tren o autobús, porque solo encontrarás aparcamientos de pago y la tarifa es realmente cara.
Además, en temporada de verano intenta reservar los billetes para Procida al menos unos días antes o te arriesgas a quedarte en tierra y a estropearte las vacaciones.
Procida es así: pequeña, auténtica, sin prisas. Se recorre en un día, pero es de esos sitios que se te quedan dentro mucho tiempo.
¿Y a ti qué te atrae más: las casas de colores de la Corricella, la naturaleza salvaje de Vivara o una cena de pescado a orillas del mar?
