Si estás a punto de viajar a Lisboa o ya te encuentras en la capital de Portugal, hay algunas maravillas que no te puedes perder de ninguna manera. Como todas las capitales de nuestra querida Europa, también en Lisboa encontrarás monumentos y tradiciones con más de 2000 años de historia. Y aquí respirarás una atmósfera preciosa, entre lo romántico y lo melancólico, que te emocionará en cada esquina de la ciudad.
Sí, porque Lisboa tiene mucho en común con ciudades como Nápoles, Barcelona, Bari y las demás perlas del Mediterráneo. Y como ellas vive de tradiciones populares que a menudo desembocan en el folclore.
¿Has oído hablar alguna vez del fado?
Es una música que viene de lejos, nacida en los barrios populares de Lisboa a principios del siglo XIX y hoy Patrimonio Inmaterial de la UNESCO (desde 2011). Solo escuchando sus notas melancólicas, la célebre saudade portuguesa, descubrirás hasta el fondo el alma verdadera de esta ciudad.
Y eso no es todo.
La identidad de Lisboa se esconde también en sus barrios más característicos, como Alfama, Bairro Alto, Belém y Chiado. Es aquí donde te cruzarás con la gente del lugar, enfrascada en sus quehaceres cotidianos.
¿Te apetece saber un poco más sobre Lisboa?
En este post te cuento 8 cosas que hacer y que ver en Lisboa, qué probar y algún que otro truco práctico que te vendrá de maravilla.
¡Empezamos!
1 – Castillo de São Jorge
El castillo de Lisboa es uno de los lugares más sugerentes de la ciudad. Fue dedicado a San Jorge por el rey João I, que se había casado con una princesa inglesa, Felipa de Lancaster, muy devota del santo (también era una manera de sellar la antigua alianza entre Portugal e Inglaterra).
Este castillo medieval se reformó varias veces a lo largo de los siglos y representa el corazón de la vida militar de Lisboa, el último baluarte de la ciudad durante los asedios. Sin embargo, fue abandonado tras el gran terremoto de 1755, que lo dañó gravemente. Si no conoces ese episodio no te preocupes: al final del artículo encontrarás un breve resumen de la historia de Lisboa que te ayudará a entender mejor la ciudad.
En los años cuarenta del siglo XX la ciudadanía decidió restaurarlo y sacar a la luz los antiguos cimientos del palacio real (la Alcáçova).
Hoy puedes volver a subir a las torres de la ciudadela y recorrer los bastiones, disfrutando de una de las vistas panorámicas más bonitas sobre Lisboa. Te recomiendo también una vuelta por el pequeño museo del castillo y por la câmara escura, una cámara oscura que proyecta en tiempo real una vista de 360° sobre la ciudad. Cuenta con al menos dos horas: es una parada que no te puedes saltar.

2 – La catedral y las iglesias más importantes
Visitar Lisboa significa también entrar en su profunda tradición católica. A lo largo de los siglos sus habitantes levantaron numerosas y espléndidas iglesias que aún hoy dan testimonio de su fe.
Entre las iglesias que visitar en Lisboa está Santa Luzia, con unos azulejos magníficos que cuentan la historia de la ciudad, la iglesia de Santa Engrácia (hoy Panteón Nacional) y, por supuesto, la catedral.
La catedral Sé de Lisboa se empezó a construir en 1147 por Afonso Henriques, que acababa de reconquistar la ciudad a los árabes y la mandó erigir simbólicamente en el lugar de la mezquita principal. El sitio tenía una tradición secular: antes de la mezquita se alzaba una iglesia visigoda, levantada a su vez sobre un monumento romano. Si te preguntas por qué se llama Sé, es la abreviatura de sedes episcopalis, la sede episcopal.
Al ser antiquísima, la catedral de Lisboa mezcla estilos muy distintos: la fachada de dos torres almenadas es románica, el claustro es gótico, algunas capillas son barrocas. Después del terremoto de 1755 fue reconstruida y reformada en parte.
Una curiosidad que a los lisboetas les encanta: justo al lado de la Sé, en 1195, nació san Antonio, sí, el que nosotros conocemos como «de Padua», pero que aquí es el patrón de la ciudad y se celebra por todo lo alto cada 13 de junio. La iglesia de Santo António está a pocos pasos, donde se encontraba su casa natal.


3 – El Mosteiro dos Jerónimos
Este es uno de los monumentos más bonitos de Lisboa y una de las obras maestras absolutas del estilo manuelino. Si quieres visitar la ciudad como se merece, no te lo puedes perder de ninguna manera.
El Mosteiro dos Jerónimos se construyó para celebrar el regreso de Vasco da Gama de su histórica ruta hacia las Indias, y se financió en buena parte con un impuesto sobre las especias y sobre el comercio que llegaba de las nuevas rutas (el llamado «impuesto de la pimienta»). El estilo toma el nombre del soberano Manuel I, que fue su mecenas, y funde la tradición gótica, la renacentista y los motivos marineros (cuerdas, nudos, esferas armilares, elementos exóticos).
Las obras empezaron alrededor de 1501 y se prolongaron durante casi un siglo. Se levantó en Belém, lejos del centro, porque aquí, según la tradición, Vasco da Gama había pasado en oración la noche anterior a la partida. Los primeros arquitectos fueron Diogo de Boitaca y, desde 1517, João de Castilho (más tarde intervinieron Diogo de Torralva y Jerónimo de Ruão).
En su interior reposan los monumentos funerarios de Manuel I y de su esposa y, sobre todo, las tumbas de Vasco da Gama, del poeta nacional Luís de Camões y de Fernando Pessoa (cuyos restos se trasladaron aquí en 1985). La bóveda de la iglesia te dejará con la boca abierta: parece poblada de árboles, de tanto como los pilares y los nervios se ramifican hacia arriba.
La parte que más me gustó, sin embargo, es el claustro de dos niveles, decorado de forma soberbia, y el refectorio cubierto de azulejos. Recuerda: la entrada a la iglesia es gratuita, mientras que el claustro se visita pagando. En 1983 el monasterio fue inscrito, junto con la Torre de Belém, en el Patrimonio Mundial de la UNESCO.


4 – Los museos de Lisboa
Te he hablado de los museos que ver en Lisboa en un post dedicado, porque son muchísimos y muy bonitos, desde el Museo Nacional de Arte Antiguo al fabuloso Museo del Azulejo, de la Fundación Gulbenkian al MAAT. ¡Ve a leerlo para montarte el itinerario perfecto!

5 – Visitar Lisboa a pie
Lisboa tiene un solo defecto: ¡es toda cuesta arriba!
Recorrerla a pie es agotador, pero también es la mejor manera de conocerla. Entre los barrios más bonitos para pasear está la antigua Alfama, un laberinto de callejuelas y escalinatas como no había visto nunca: subidas empinadísimas y bajadas resbaladizas que te dejan sin fuerzas, pero que te regalan rincones maravillosos. Si no te ves capaz de caminar tanto, puedes coger el histórico tranvía 28, ese amarillo que traquetea entre los callejones (ojo con los carteristas, que lo tienen en el punto de mira porque va lleno de turistas); pero mi consejo sigue siendo hacerla a pie.
Otra zona para vivir a pie es el Rossio, con el largo paseo por la rua Augusta, llena de restaurantes y tiendas, que termina bajo el arco triunfal del mismo nombre y en la Praça do Comércio, abierta al río.
La forma de Lisboa es peculiarísima, porque la ciudad se asoma justo donde el río Tajo (Tejo en portugués) se encuentra con el océano Atlántico. El paseo más bonito es, sin embargo, el de la ribera de Belém, del Mosteiro dos Jerónimos a la Torre de Belém (espléndida fortaleza manuelina del siglo XVI). Por el camino te cruzarás también con el Padrão dos Descobrimentos, el monumento a los descubrimientos: en su proa no está Cristóbal Colón, un error muy común, sino el Infante Dom Henrique, Enrique el Navegante, el príncipe que financió y organizó las primeras expediciones portuguesas (aunque él casi nunca navegó en persona).
Durante mi visita hice más de 20 km al día a pie y por la noche estaba destrozada: pero si de verdad quieres vivir Lisboa, creo que es la mejor manera.


6 – La parte moderna
No todo el mundo conoce la Lisboa más moderna, en el barrio del Parque das Nações. Esta zona al este de la ciudad se construyó para la Exposición Universal de 1998, y con ese motivo toda la zona se rehabilitó, un poco como pasó con la exposición universal en Bruselas.
Al llegar a la estación do Oriente, notarás enseguida las arquitecturas futuristas de Santiago Calatrava; paseando admirarás las dos torres São Gabriel y São Rafael (hoy residencias de lujo) y podrás subir al teleférico, que va bordeando el río. Aquí se encuentra también el Oceanário, uno de los acuarios más grandes de Europa y una parada perfecta si viajas con niños.
¡Una parada que no te puedes perder!

7 – Los miradores más bonitos
Hay varios puntos desde los que merece la pena admirar Lisboa. Uno es el precioso Elevador de Santa Justa, un ascensor de hierro neogótico proyectado por Raoul Mesnier du Ponsard (durante mucho tiempo se le tuvo por alumno de Eiffel) e inaugurado en 1902: desde su terraza se asoma uno a las ruinas góticas del Convento do Carmo, la iglesia sin techo que quedó destapada por el terremoto de 1755 y que hoy es museo arqueológico.
También desde el arco de la rua Augusta se sube a disfrutar de un panorama espléndido.
Pero los miradores son muchos más: en Lisboa hay más de 30 miradouros repartidos por la ciudad. Yo me enamoré del miradouro de Santa Luzia, sobre la Alfama, y del de São Pedro de Alcântara; te dejo a ti el placer de descubrir los demás.

8 – Qué comer en Lisboa
La cocina portuguesa está buenísima y no se puede visitar Lisboa sin probar alguna delicia típica. Esto es lo que no te puedes perder:
- Pastel de nata: pequeños flanes de hojaldre con crema caramelizada por encima. Los más célebres son los Pastéis de Belém, que se siguen haciendo con la receta secreta de los monjes de los Jerónimos.
- Bacalhau: el bacalao, servido de mil maneras (se dice que existen 365 recetas, una para cada día del año).
- Pastéis de bacalhau: una especie de croquetas de bacalao, excepcionales.
- Chouriço: los típicos chorizos ahumados.
- Sardinhas assadas: sardinas asadas, protagonistas de las fiestas de san Antonio en junio.
- Vinho verde: un vino blanco joven y ligeramente burbujeante, mi preferido. ¡Ojo, que de todas formas lleva alcohol!

Historia de Lisboa: lo que conviene saber para entender la ciudad
Si quieres visitar Lisboa, hay algunos apuntes históricos que te ayudarán a entenderla a fondo.
La ciudad tiene orígenes antiquísimos: nació como Olisipo, ya entonces un centro de intercambios gracias a su posición privilegiada sobre el Tajo. Con los romanos se convirtió en el municipio de Felicitas Julia (bajo Julio César). En el 711 la conquistaron los árabes, que la mantuvieron durante más de cuatrocientos años y dejaron huellas profundas, sobre todo en la maraña de callejones de la Alfama. Solo en 1147, con el asedio dirigido por Afonso Henriques y la ayuda de los cruzados, la ciudad volvió a ser cristiana.
Con la época de los grandes descubrimientos geográficos, Portugal se convirtió en una de las potencias de Europa y Lisboa en un puerto en plena efervescencia, donde confluían las riquezas de África, de Oriente y del nuevo continente.
Pero ¿cuándo empezó la decadencia?
El punto de inflexión fue el terremoto del 1 de noviembre de 1755: una sacudida devastadora, seguida de un tsunami y de un incendio enorme, arrasó buena parte de la ciudad y monumentos como la iglesia do Carmo. La reconstrucción, dirigida por el marqués de Pombal, dio vida a la racional Baixa Pombalina que vemos hoy. Poco después, la invasión napoleónica obligó a la corte a exiliarse en Brasil (1807). En 1908 el regicidio del rey Carlos I abrió una época de inestabilidad, que culminó en la dictadura del Estado Novo de Salazar, caída solo con la pacífica Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974.
¿Y hoy? Lisboa se ha transformado en una capital europea vivísima en lo cultural y en lo artístico, entre museos nuevos y los barrios de vanguardia del Parque das Nações.
Información práctica sobre Lisboa
Las tres atracciones de pago más importantes son el castillo de São Jorge (~15 €), el Mosteiro dos Jerónimos (18 €, aunque la iglesia es gratis) y la Torre de Belém (15 €, no los 8 que leerás por ahí: ese era el precio de hace unos años); todos abren de 9:30 a 17:30 y cierran los lunes. Dado que Lisboa es toda cuestas, tranvías históricos y trenes hacia Belém, la solución más cómoda es la Lisboa Card (24/48/72 horas): incluye el transporte público ilimitado y la entrada gratuita o con descuento a decenas de monumentos, Jerónimos y Torre de Belém incluidas.
Y ya que estás aquí, no te quedes solo en la ciudad: a media hora de tren te espera la Sintra de cuento con sus palacios, y más al norte el convento de Cristo de Tomar, joya templaria. Para el arte en la ciudad, en cambio, empieza por los museos de Lisboa.
¿Y tú, qué rincón de Lisboa te ha robado ya el corazón?