He tardado meses en escribir sobre el castillo de Tomar, porque hablar de él no me resulta nada fácil.
Mi madre deseaba muchísimo ir, pero no llegó a tiempo: se marchó antes. Era una apasionada de los templarios y de todas las leyendas que rodean a esta orden de monjes guerreros, y siempre viajó buscando sus lugares más simbólicos. Tomar, sin embargo, no llegó a visitarlo.
Estaba aterrorizada ante la idea de visitar el castillo de Tomar, por las reacciones emocionales que podía tener, pero al mismo tiempo sentía que debía hacerlo, un poco por ella y un poco por mí misma.
Pensando poco en los templarios y mucho más en el significado que tenía aquel viaje, decidí salir de Lisboa para visitar Tomar.
Si tú también estás a punto de ir a Tomar para descubrir los secretos de los Caballeros Templarios, has de saber que el casco antiguo de esta ciudad de Portugal es uno de los más bonitos de la región. No solo podrás visitarlo todo a pie, sino que además podrás pasear junto al río y relajarte ante el espléndido panorama de la Mata Nacional dos Sete Montes.
¡Pero eso no es todo!
Seguro que has oído hablar del bellísimo Convento de Cristo. Es el antiguo cuartel general de los templarios pero, más allá del encanto esotérico, es un lugar maravilloso porque encontrarás en él una mezcla perfecta de estilos arquitectónicos: elementos románicos, góticos, renacentistas y el fastuoso estilo manuelino, típicamente portugués.
¿Quieres saber más?
En este post te cuento cómo fue mi viaje y qué ver y qué hacer en Tomar para descubrir los monumentos más bonitos de esta ciudad.
¡Empezamos!
Llegar al castillo de Tomar
Cuando llegué a Tomar, con mi vestido largo blanco de flores, me pareció haber desembarcado en otro mundo. Dejado atrás el bullicio de Lisboa, alrededor de la estación de Tomar no había absolutamente nada.
El sol a plomo, un viento ligero. Ni autobuses, ni coches, ni habitantes. Tampoco tenía conexión a internet, ni idea alguna de cómo llegar al famoso Convento de Cristo.
¿Y ahora qué?
Vi la punta de un campanario a lo lejos y me dirigí hacia allí.
Estas antiguas estructuras siempre se construyeron para señalar los núcleos habitados, marcar el tiempo y destacar los lugares sagrados. Es curioso cómo, en la época de Google Maps, una travel blogger perdida en la desolación se agarra a un vestigio medieval como un campanario para encontrar el camino.
Pero del castillo de Tomar, ni rastro.
¿Cómo se puede no ver un castillo?
Giro, sigo las cruces templarias en las aceras, giro otra vez, me adentro en las calles desiertas de Tomar.
Y entonces lo veo.
El enorme castillo de Tomar, ceñido por murallas, encaramado en la colina: imperioso, majestuoso, bellísimo. Subo feliz por la cuesta. Hace calor, pero una brisa ligera hace soportable el sol.
Cuando cruces las antiguas murallas del castillo de Tomar te asaltará una emoción poderosa: ruinas medievales, muros de mil años que se mezclan con otros más recientes, las formas limpias del siglo XII que se alternan con el fastuoso estilo manuelino.
En resumen, un lugar único en el mundo.
Ahora te cuento qué hay en su interior.

El Convento de Cristo y sus maravillas
Visitar Tomar y el Convento de Cristo será como descubrir un tesoro escondido. En el centro encontrarás una preciosa iglesia octogonal, la Charola: no solo era el corazón del monasterio, sino que además tenía una forma de profundo significado simbólico. Retoma, de hecho, la de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén (y la de la Cúpula de la Roca), los lugares que los templarios estaban llamados a proteger.
Pero ¿qué hay que ver?
Este lugar es asombroso porque en él conviven estilos de épocas muy distintas. La Charola románica es de la segunda mitad del siglo XII, mientras que la enorme nave es del siglo XVI. Y eso no es todo: encontrarás esculturas románicas junto a decoraciones de estilo manuelino, llamado así por el soberano Manuel I, que también fue gran maestre de la Orden de Cristo.
Cuando entres en el castillo de Tomar, fíjate en los detalles.
Las partes más sugerentes son los claustros, en particular los renacentistas. Pero la verdadera obra maestra es la famosa ventana manuelina (la janela do Capítulo), esculpida hacia 1510: un derroche de cuerdas, nudos marineros, algas y esferas armilares que parece petrificar el espíritu de un pueblo de navegantes. Es la pieza escultórica más fotografiada de Portugal.
Entre las cosas que hacer en Tomar te recomiendo también un largo paseo por las murallas, desde donde todavía podrás ver las estancias en las que se reunía la orden.
Pero la belleza de este monasterio está toda en el silencioso recogimiento que se respira: un rincón de historia que solo espera ser explorado, que se lee en las piedras y se saborea al ritmo perezoso de un día de finales de julio en el interior portugués.

Historia del Convento de Cristo y los templarios
El Convento de Cristo está estrechamente ligado a la historia de los caballeros templarios. El castillo fue fundado hacia 1160 por Gualdim Pais, maestre provincial de la orden, como bastión defensivo del joven reino cristiano frente a los moros.
Si ya has leído algo sobre esta orden, sabrás que los caballeros templarios fueron suprimidos violentamente a principios del siglo XIV, hasta el punto de que sus miembros más importantes acabaron quemados vivos.
Son muchas las leyendas sobre los templarios, pero la verdadera razón de la abolición fue mucho más pragmática de lo que imaginas.
¿Es decir?
Oficialmente los motivos fueron políticos y económicos. La orden se había vuelto tan rica y poderosa que se ganó la enemistad del rey de Francia Felipe IV el Hermoso, que codiciaba sus riquezas; y la ambigüedad de ser a la vez monjes y guerreros se prestaba a la acusación. En 1312 el papa Clemente V disolvió oficialmente la orden.
En Portugal, sin embargo, las cosas fueron de otro modo.
El rey Dinis no podía permitir que estos guerreros fueran perseguidos también en su tierra: los templarios habían combatido junto a los soberanos portugueses en la expulsión de los moros, ayudando a Afonso Henriques (Alfonso I) a fundar el Reino de Portugal. En la práctica, la corona estaba en deuda con ellos.
¿Y qué hizo entonces Dinis?
Sencillamente los salvó cambiándoles el nombre. En 1319 obtuvo del papa Juan XXII la creación de una nueva orden, la Orden de Cristo, que heredó hombres, tierras y riquezas de los templarios portugueses. El Convento de Cristo se convirtió en el cuartel general de esta «continuación» de los templarios con otro nombre.
¡Aquí va una curiosidad!
La famosa cruz roja sobre campo blanco que distinguía a las naves y carabelas portuguesas era precisamente el símbolo de la Orden de Cristo. Y no es casualidad: Enrique el Navegante, el príncipe que puso en marcha las grandes exploraciones portuguesas, fue gran maestre de la orden. En cierto sentido, las carabelas que descubrieron el mundo zarparon bajo la cruz de los herederos de los templarios.
¿Lo sabías?

Qué más hacer en Tomar
Entre las cosas que hacer en Tomar, no te olvides de visitar también el pequeño centro urbano.
Desde el Convento de Cristo se llega atravesando un parque o siguiendo la carretera principal. Por el camino te encontrarás además con la graciosa capilla renacentista de la Ermida de Nossa Senhora da Conceição.
El centro de Tomar es peculiar sobre todo desde el punto de vista urbanístico. Como la pequeña ciudad de Troyes en Francia, que tiene forma de tapón de champán, tampoco aquí las construcciones se dispusieron al azar.
¿Adivinas qué forma tiene?
¿Qué trazado es más adecuado para una ciudad templaria que el de la cruz? Se dice que el viejo plano reproduce precisamente esa forma.
Te aconsejo buscar la plaza principal, Praça da República, y empezar tu exploración desde allí, para descubrir los callejones y los rincones más bonitos. Otro rincón encantador es el Parque do Mouchão, junto al río, donde encontrarás también un molino de agua perfectamente conservado.

Qué comer en Tomar
Todo viaje que se precie debe terminar con algo que llevarse a la boca, así que no te olvides de probar las especialidades del lugar.
Esta región de Portugal es famosa por tres dulces que encontrarás prácticamente en todas partes: los típicos dulces de almendra, los hechos con calabaza y las famosas Fatias de Tomar. Estas últimas son verdaderamente especiales y están ligadas al propio convento: piensa que la peculiar olla para prepararlas se vende casi en exclusiva aquí.

Cómo llegar a Tomar e información práctica
Tomar fue la última etapa de mi viaje por Portugal, y quizá una de las más bonitas.
Si estás haciendo un recorrido parecido al mío y quieres saber cómo llegar a Tomar desde Lisboa, lo más práctico es coger el tren en la estación de Santa Apolónia: en Portugal el transporte público funciona bien y el tren a Tomar sale más o menos cada hora.
Había nubes cuando salí. Después de ocupar mi asiento, apareció el rótulo destino Tomar. Lo sé, en portugués destino quiere decir simplemente «lugar al que se va», pero me impresionó igualmente. Sonreí y disfruté del paisaje que corría al otro lado de la ventanilla.
Alguna información útil, que conviene volver a comprobar siempre antes de salir:
- Horarios del Convento de Cristo: por lo general abierto todos los días salvo el lunes; de octubre a marzo 9:00-17:30 (última entrada 17:00), de abril a septiembre 9:00-18:30 (última entrada 18:00).
- Entrada: 15 €, con un 50% de descuento para los mayores de 65 y para los 13-24 años. El precio se ha más que duplicado en los últimos años (era de 6 €), así que desconfía de las guías que siguen dando la cifra vieja. Patrimonio de la UNESCO desde 1983.
- Ojo con las obras: por un trabajo de conservación algunas zonas tienen el acceso limitado, entre ellas la terraza sur y partes del Claustro Principal y del Claustro da Lavagem (verificado en agosto de 2026 en la web de Museus e Monumentos de Portugal).
- Un pequeño truco: si tienes miedo de perderte, no te sientes cómodo con el portugués o simplemente quieres disfrutar del viaje sin preocupaciones, también puedes reservar un tour organizado desde Lisboa. Muchos incluyen también el castillo de Almourol, una fortaleza construida en mitad del río Tajo, accesible solo en barca: el panorama desde sus baluartes es inolvidable.
Y tú, ¿te gustaría seguir las cruces templarias hasta el Convento de Cristo, o ya has tenido la suerte de perderte entre sus piedras?


