El estuco es yeso, arena y polvo de mármol. Cuesta poco, se trabaja deprisa y durante siglos ha servido para imitar lo que no se podía pagar: si no tienes dinero para el mármol, haces estuco y lo pintas de blanco.
En Palermo, entre 1680 y 1730, un hombre tomó ese material de recurso e hizo con él unas salas que el mármol no habría podido hacer. Giacomo Serpotta no imitó la escultura: aprovechó que el estuco se modela con los dedos mientras está fresco, y llenó paredes enteras de figuras a tamaño natural, niños que trepan por las cornisas y cortinajes que parecen tela de verdad.
Son tres oratorios, todos a diez minutos a pie unos de otros, y casi ningún itinerario de dos días los incluye. Para mí son lo más sorprendente de Palermo, y este artículo explica por qué.

Qué es un oratorio, y por qué hay tantos
¿Por qué Palermo tiene tantos oratorios que casi nadie conoce? Un oratorio no es una iglesia: es la sala de reunión de una cofradía, es decir de una asociación de laicos que se juntaba para rezar, hacer beneficencia y, muy concretamente, pesar algo en la ciudad.
En Palermo, entre los siglos XVII y XVIII, las cofradías eran decenas, ricas y en competencia entre sí. Cada una quería la sala más bella, y la sala no debía parecerse a una iglesia: debía parecerse a un salón nobiliario, con los bancos a lo largo de las paredes y un cuadro de altar al fondo.
De ahí viene la libertad de Serpotta. No estaba decorando un lugar de culto bajo el control de un obispo: estaba amueblando la sala de representación de un grupo de caballeros, y podía permitirse las niñas semidesnudas, los putti que hacen travesuras y los cortinajes de teatro.

Quién era Serpotta
Giacomo Serpotta nació en Palermo el 10 de marzo de 1656 y murió allí el 27 de febrero de 1732. Venía de una familia de estucadores, trabajó casi siempre en la ciudad y con toda probabilidad nunca salió de Sicilia.
Es un dato que conviene tener presente al mirar sus salas, porque su elegancia es la de la escultura romana de su tiempo, que él no había visto: la conocía por estampas y dibujos, y la rehízo con yeso.
Trabajó casi solo para las cofradías, a lo largo de cincuenta años: el oratorio de Santa Cita lo ocupó mucho tiempo, el de San Lorenzo entre 1699 y 1706, el del Rosario de San Domenico hacia 1710-1717.
La técnica, que es la razón por la que parece mármol
¿Por qué estas figuras parecen mármol y no yeso? Porque en buena parte ni siquiera son yeso desnudo.
Serpotta usaba una técnica de acabado, la allustratura, que consiste en extender sobre la superficie todavía húmeda una mezcla finísima de polvo de mármol y cal, y después pulirla largamente con una espátula. El resultado es una piel lisa y ligeramente translúcida que refleja la luz como el mármol pulido.
La ventaja del estuco, sin embargo, no era el coste: era la rapidez. El mármol se quita y no se vuelve a poner, y cada figura pide meses. El estuco se añade, se corrige, se modela con las manos mientras sigue húmedo. Por eso Serpotta podía permitirse decenas de figuras por sala, cada una en una postura distinta, y por eso sus putti tienen piernas que sobresalen en el vacío y paños que vuelan: cosas que en el mármol se romperían.


Santa Cita: la batalla de Lepanto hecha de yeso
El Oratorio del Rosario de Santa Cita es aquel en el que la mano de Serpotta está más suelta, y la pared de entrada es lo que deja sin palabras.
En el centro hay un enorme relieve con la batalla de Lepanto, la victoria de la flota cristiana sobre los otomanos en 1571, que para una cofradía del Rosario era su propia fiesta: la tradición atribuía esa victoria al rezo del rosario. Están las galeras, el humo de los cañones, los cuerpos en el agua, todo en blanco, todo saliendo de la pared.
Alrededor corre el repertorio completo: teatrini, pequeñas escenas encajadas en la pared como escenarios en miniatura, con sus telones de estuco recogidos por putti; estatuas alegóricas femeninas sentadas en las cornisas, con los atributos de las virtudes; y decenas de niños que trepan, duermen y juegan con los festones.
Mira los putti uno por uno: ninguno hace lo mismo que otro, y varios miran directamente hacia ti.


San Lorenzo, y el sitio vacío en el altar
El Oratorio de San Lorenzo está considerado el más equilibrado de los tres: los estucos son de 1699-1706, y aquí Serpotta alterna el blanco con el oro con una mesura que en los otros dos no busca.
Las paredes cuentan las historias de san Lorenzo y de san Francisco en ocho teatrini, con las estatuas alegóricas entre uno y otro y putti por todas partes. Pero aquello por lo que esta sala es conocida en todo el mundo no es de Serpotta, y ya no está.
¿Qué falta en esta sala? En el altar estaba la Natividad con los santos Lorenzo y Francisco de Asís de Caravaggio, pintada en 1600. En la noche del 17 al 18 de octubre de 1969 fue robada, cortada del marco, y nunca se ha recuperado. Sigue hoy en la lista de los diez robos de arte más importantes del mundo según el FBI, y sobre su destino se han recogido decenas de versiones contradictorias, casi todas de procedencia mafiosa y ninguna verificada.
Desde el 12 de julio de 2015 el altar tiene una reproducción a tamaño real, realizada por Factum Arte a partir de las fotografías históricas y de los análisis científicos, y colocada en una ceremonia con la presencia del presidente de la República.
Hay que mirarla sabiendo lo que es. No es el cuadro, y es lo más cercano al cuadro que se puede ver: la sala de alrededor, en cambio, sigue entera.


El Rosario de San Domenico, y el Van Dyck que se fue a Génova
El tercero, el Oratorio del Rosario de San Domenico, tiene los estucos más tardíos, 1710-1717, y es aquel en el que Serpotta trabaja junto a un cuadro de primer orden en vez de ocupar su lugar.
En el altar está la Virgen del Rosario con santos de Antoon van Dyck, de 1628. La historia del cuadro dice mucho sobre el siglo XVII: van Dyck estaba en Palermo cuando estalló la peste de 1624, huyó a Génova y terminó allí la pintura, enviándola después a Sicilia.
Alrededor, Serpotta despliega sus estatuas alegóricas, y aquí son las más célebres: figuras femeninas de pie, con paños que caen como tela mojada, apoyadas en ménsulas como si estuvieran esperando a alguien. Entre ellas está la Caridad, la más fotografiada de toda su obra.



Cómo visitarlos, y en qué orden
Los tres oratorios están todos en la zona entre la Vucciria y la via Roma, dentro de un radio de diez minutos a pie, y se visitan en media hora cada uno.
El orden que aconsejo es Santa Cita, San Domenico, San Lorenzo: se empieza por la sala más exuberante, se pasa a la del Van Dyck y se acaba con la más equilibrada, que es también aquella sobre la que pesa la historia del robo.
Atención: esta es la parada que se pierde con más facilidad, porque los oratorios cierran el martes y tienen un horario más corto en invierno. Conviene organizar la visita alrededor de la pausa de mediodía en vez de dejarla para el final del día.
Si estás construyendo el itinerario, los oratorios ocupan el final de la tarde del primer día en Qué ver en Palermo en 2 días.
Información práctica
Datos verificados el 3 de septiembre de 2026 en los canales del circuito de arte sacro que gestiona las visitas. Los precios y los horarios cambian: comprueba antes de salir, y en particular el horario de invierno, que es cuatro horas más corto.
Entradas. Una entrada de 6 euros comprende el Oratorio de Santa Cita y el Oratorio del Rosario de San Domenico, con reducida de 5; cada uno de los dos por separado cuesta 4 euros. El Oratorio de San Lorenzo tiene taquilla propia: 3 euros la entera y 2 la reducida. Los tres forman parte de un circuito en el que la entrada de una sede da derecho al acceso reducido en las demás.
Horarios. Santa Cita y el Rosario de San Domenico abren, del 1 de marzo al 31 de octubre, todos los días salvo el martes, de 10.00 a 13.30 y de 14.00 a 18.00; del 1 de noviembre al 28 de febrero, también salvo el martes, de 9.00 a 13.30 y de 14.00 a 17.00. El Oratorio de San Lorenzo tiene un horario propio y abre todos los días de 10.00 a 18.00, con el único cierre del 25 de diciembre y el 15 de agosto.
Dónde están. El Oratorio de Santa Cita está en la via Valverde, el Oratorio del Rosario de San Domenico en la via dei Bambinai, el Oratorio de San Lorenzo en la via dell’Immacolatella, junto a la iglesia de San Francesco d’Assisi. Entre el primero y el último hay diez minutos a pie.
Cuánto tiempo pide. Media hora por oratorio, una hora y media los tres con los desplazamientos.
Créditos fotográficos: estucos de Giacomo Serpotta en los oratorios de Santa Cita, San Lorenzo y del Rosario de San Domenico, y altar del Rosario, fotografías de Fabrizio Garrisi; Caridad de Davide Mauro; Virgen del Rosario de van Dyck, fotografía de Effems (CC BY-SA 4.0). Todas de Wikimedia Commons.