La magnífica rosaleda de Bagatelle en París se encuentra no muy lejos del centro histórico de la capital francesa, dentro del Bois de Boulogne. Es un auténtico oasis de paz que te llena los ojos de belleza y te embriaga el alma de perfumes.
Aunque no está muy bien comunicada con el metro, este pequeño rincón de paraíso compensa cualquier esfuerzo.
La rosaleda de París es el lugar ideal para los amantes de las flores y de las rosas. Si tú también esperas cada año con impaciencia la llegada de la primavera, la rosaleda de Bagatelle es imperdible.
Y si te gusta, no te pierdas tampoco el jardín japonés Albert-Kahn: te lo recomiendo muchísimo.
¡Empezamos!

La historia de la rosaleda de Bagatelle: un castillo de récord
La historia de Bagatelle nace de una apuesta entre dos personajes de la nobleza francesa.
La propiedad empezó a tomar la forma que tiene hoy durante el reinado de Luis XVI, cuando la compró su hermano menor, el conde de Artois (el futuro Carlos X). Cuando la reina María Antonieta visitó la finca, lo desafió a reconstruir el castillo antes de que ella volviera de un viaje, pocas semanas más tarde, apostando cien mil libras a que no lo conseguiría.
¿Y cómo acabó la cosa?
El conde encargó el proyecto al arquitecto François-Joseph Bélanger, que dibujó los planos en dos días; después novecientos obreros trabajaron día y noche y el castillo se levantó en solo 64 días. Costó una fortuna, pero estaba listo cuando la reina regresó.
Bagatelle ganó así la apuesta y desde entonces se ganó el apodo de «folie», las pequeñas casas de recreo de la Francia del siglo XVIII. El parque de alrededor se le confió al jardinero escocés Thomas Blaikie, que lo diseñó en estilo anglochino, muy de moda en aquella época.
Por desgracia la Revolución francesa interrumpió la vocación galante de este lugar, aunque no por mucho tiempo.

La rosaleda de Bagatelle después de la Revolución francesa
En 1835 la propiedad pasó a manos de un inglés adinerado, el marqués de Hertford, que transformó los jardines según la moda romántica y los enriqueció con paseos y rincones pintorescos.
Pero ¿y la rosaleda propiamente dicha?
Llegó más tarde. En 1905 fue el ayuntamiento de París el que compró la finca y la abrió al público, encargando su arreglo al conservador de los jardines de la ciudad, Jean-Claude Nicolas Forestier, que creó aquí la célebre roseraie: hoy cuenta con unas 10.000 rosas de más de 1.200 variedades.
Una curiosidad: desde 1907 Bagatelle acoge cada año el Concurso internacional de rosas nuevas, el primero del mundo en su género y todavía hoy uno de los más prestigiosos. Las rosas premiadas aquí dan la vuelta a las rosaledas de todo el planeta.
Hoy la rosaleda de Bagatelle está integrada en el Bois de Boulogne, el parque más grande de la capital francesa.

Qué ver en la rosaleda de París
A pesar del nombre, en la rosaleda de Bagatelle no hay solo rosas.
El jardín ofrece varios paseos, pequeñas cascadas, estanques, un huerto botánico y grandes praderas donde tumbarte y aprovechar los buenos días de primavera.
Entre sus avenidas te cruzas con liebres, pavos reales, patos y gatos que pasean tranquilos y hacen el ambiente todavía más agradable.
Además, en los antiguos pabellones y en el castillo se montan exposiciones temporales e iniciativas de todo tipo.

Información práctica para visitar Bagatelle
Cómo llegar. Para llegar a Bagatelle desde París puedes coger el autobús 244 en Porte Maillot (adonde llegas con la línea 1 de metro o con el RER C) y bajarte en la parada «Bagatelle – Pré-Catelan». Te desaconsejo quedarte hasta tarde: después del atardecer el Bois de Boulogne cambia de ambiente y no es el sitio más agradable para pasear.
Entradas y horarios. De principios de octubre a finales de marzo la entrada es gratuita; de abril a septiembre, en plena floración, se paga una pequeña entrada (alrededor de 2,70 euros, reducida 1,55 euros, gratis para los menores de 7 años). Los horarios siguen las estaciones: de 9:30 hasta las 17:00 en invierno, las 18:30 en primavera y otoño, las 20:00 en verano.
¿Eres un amante de las flores y de la calma como yo? Entonces te enamorarás también del jardín japonés Albert-Kahn y de la recogida Place des Vosges, otros dos rincones verdes de París que adoro.

