A Tarragona se va por los romanos. Anfiteatro sobre el mar, circo, murallas, foro: la ciudad es patrimonio de la UNESCO por su conjunto arqueológico, y las guías construyen el itinerario sobre eso. La catedral queda al final de la lista, entre las cosas que ver si sobra tiempo.

Entré con esa expectativa y me encontré ante un retablo de alabastro que es una de las mejores cosas que ha producido el gótico europeo. Y descubrí que es el primer capítulo de una historia que se cierra a cuatrocientos kilómetros de allí.

¿Qué une un retablo de Tarragona con uno de Zaragoza?

Un hombre, un escultor, dos catedrales

La historia cabe en dos nombres y dos fechas.

El retablo del altar mayor de Tarragona lo encargó el arzobispo Dalmau de Mur i Cervelló y lo ejecutó entre 1426 y 1434 el escultor Pere Johan, en alabastro policromado. Dalmau de Mur fue arzobispo de Tarragona de 1419 a 1431, y en 1431 fue promovido a la sede de Zaragoza, donde permaneció hasta 1456.

Y aquí está el asunto. Ya en Zaragoza, Dalmau de Mur quiso un retablo para su nueva catedral, La Seo, y llamó al mismo escultor. El retablo mayor de La Seo, el de dieciséis metros que se tiene por obra capital del gótico tardío europeo, arranca precisamente en 1434 de la mano de Pere Johan.

Las dos obras no son, por tanto, dos obras maestras independientes que se parecen por casualidad: son el mismo comitente y el mismo escultor en dos tiempos, primero en Cataluña y luego en Aragón. Si has visto el retablo de La Seo y te has preguntado de dónde venía esa manera, la respuesta está aquí, y tiene ocho años más.

El retablo de santa Tecla

La obra está dedicada a santa Tecla, patrona de la ciudad, y se lee por registros.

Abajo corre la predela, con seis escenas de la Passio Theclae, es decir del martirio de la santa, y su detalle es la parte más fina de todo el trabajo. En el centro está la figura de la titular. Encima se despliegan las historias de la infancia y la pasión de Cristo, y entre las hornacinas se reconocen los escudos de los comitentes, el de Dalmau de Mur y el de su antecesor Pere Sagarriga.

El alabastro hace lo que hace siempre: al ser translúcido no refleja la luz sino que la retiene, y las figuras parecen encendidas por dentro. Sobre los registros se levanta una espesura de pináculos dorados, finísimos, que llevan el ojo hacia la bóveda del ábside: ese contraste entre la piedra clara y el oro es el efecto por el que la obra existe.

Vale la pena acercarse y luego alejarse. De cerca se leen las historias, de lejos se entiende la arquitectura: son dos obras distintas en el mismo objeto.

el retablo mayor de alabastro de Pere Johan, con sus pináculos dorados y las historias de santa Tecla

Un templo romano, una mezquita, una catedral

La catedral está en el punto más alto de la ciudad, y no es casualidad: ahí se encontraba el recinto sagrado de la Tarraco romana, con el templo de Augusto.

Cuando se empezó a construir la iglesia cristiana se empleó una cantidad de sillería romana reaprovechada, y en el claustro quedó integrado uno de los ángulos del temenos, el muro que cerraba el área de culto antigua. Entre el templo y la catedral, sin embargo, hubo un tercer edificio: la mezquita de la ciudad musulmana. De ella queda, reutilizada en la fábrica, una inscripción árabe fechada en el año 960.

Si la secuencia te suena es porque ya la has leído en esta web: es la misma que en La Seo de Zaragoza, foro romano, iglesia, mezquita, catedral. En España no es una excepción, es la forma normal en que los lugares de culto se han transmitido, y reconocerlo cambia el modo de mirar un edificio: no una fundación, sino la última capa de una serie.

La construcción de la iglesia actual va de la segunda mitad del siglo XII al XIV, y se nota: las partes bajas son románicas, las altas góticas, y el paso ocurre dentro del mismo edificio sin que nadie haya intentado disimularlo.

la fachada de la catedral de Tarragona con su gran rosetón y su portada gótica

El claustro, que es la razón por la que uno se queda

El claustro es la parte que más me retuvo, y también aquella de la que casi ninguna guía hace caso.

Mide unos 46 metros por 46 y es el segundo claustro románico más grande de la península ibérica. Las galerías están cubiertas con bóvedas de crucería, y las arcadas hacia el jardín no son simples: cada tramo agrupa varios arquillos sobre columnillas pareadas, y en el tímpano de encima se abre un óculo calado de dibujo geométrico, distinto de un tramo a otro. Son esos calados los que hacen la luz del claustro, que entra en haces y cae al suelo a manchas.

En medio hay un jardín con una pila y un naranjo. No es un detalle romántico: la pila está donde los canónigos necesitaban agua, y el claustro era el lugar de trabajo del cabildo, no un jardín de aparato.

Una curiosidad: entre los capiteles y los cimacios de la galería sur está la escultura más famosa del edificio, y no es sagrada. Representa el entierro del gato celebrado por las ratas: una procesión de ratas que llevan al gato a enterrar y que, en la escena siguiente, lo descubren vivo. Es una fábula popular esculpida en una catedral, y es la prueba de que la idea de una Edad Media uniformemente solemne es nuestra y no suya.

el jardín del claustro de la catedral de Tarragona, con la pila, el naranjo y los óculos calados

las arcadas del claustro de la catedral de Tarragona vistas desde la galería, con el jardín tras la reja

el claustro de la catedral de Tarragona con el campanario y el cimborrio al fondo

Las caras de las ménsulas, donde el edificio deja de ser serio

Recorriendo las naves conviene mirar arriba a los puntos donde los nervios descargan en el muro, porque varias ménsulas están esculpidas como figuras, y no son figuras devotas.

La que fotografié es una cabeza que se tira de los carrillos con las dos manos, con los ojos desorbitados y la boca abierta, en una mueca a medio camino entre el susto y la burla. Conserva todavía restos de policromía, lo que recuerda algo que se olvida: estas iglesias estaban pintadas, y el gris de la piedra que hoy nos parece austero es el resultado de siglos de lavado, no una intención.

Las ménsulas de mascarón sirven para descargar un peso y para divertir a quien levanta la vista. Quienes las esculpieron trabajaban en la misma obra que quienes hicieron el retablo, y las dos cosas conviven perfectamente.

una ménsula esculpida como mascarón en la catedral de Tarragona, con restos de policromía

Las capillas laterales

En las capillas hay otros retablos, de escala mucho menor y de técnicas distintas, y vale la pena entrar en ellas en vez de cruzar la nave en línea recta.

El que fotografié está compuesto como un damero: tablas pintadas sobre fondo claro dispuestas alrededor de una figura central de la Virgen con el Niño, bajo una cornisa de arquillos trilobulados. Es de otra época y de otro taller que el retablo mayor, y la comparación resulta útil justamente por eso: pone en fila lo que sabía hacer un taller de provincia y lo que sabía hacer Pere Johan.

un retablo pintado en una capilla lateral de la catedral de Tarragona, con la Virgen con el Niño en el centro

Información práctica

Datos verificados el 8 de agosto de 2026 en la web oficial catedraldetarragona.com. Los precios y los horarios cambian: vuelve a comprobarlos antes de viajar.

Entradas. La general cuesta 12,50 euros e incluye la catedral, el claustro y el Museo Diocesano. La reducida cuesta 8,50 euros y corresponde a mayores de 65 años, menores de 18, familias numerosas, familias monoparentales y docentes acreditados. De 7 a 12 años cuesta 5,50 euros. Los grupos a partir de 20 personas pagan 8,50 euros. Gratuidad. La entrada es gratuita para los niños menores de 7 años, para las personas con discapacidad igual o superior al 50 por ciento y sus acompañantes, para los titulares del passi tarragoní, para los guías oficiales y para los socios del ICOM. Horario de verano, del 29 de junio al 30 de agosto. El lunes abre 10.30-20.00, de martes a sábado 9.30-20.00 y el domingo 14.00-20.00. Horario de media temporada, del 2 de marzo al 28 de junio y del 31 de agosto al 1 de noviembre. El lunes abre 10.30-19.00, de martes a sábado 9.30-19.00 y el domingo 14.00-19.00. Horario de invierno, del 1 de enero al 1 de marzo y del 2 de noviembre al 31 de diciembre. El lunes abre 10.30-17.00, de martes a viernes 9.30-17.00, el sábado hasta las 18.00 y el domingo 14.00-18.00. La última entrada es 30 minutos antes del cierre, en todas las temporadas. La trampa del horario. La catedral abre el domingo solo a partir de las 14.00, y el lunes una hora más tarde que el resto de días. Quien tenga una sola mañana en Tarragona y caiga en domingo hará bien en poner el anfiteatro romano por la mañana y la catedral después de comer. Cómo llegar. La catedral está en lo alto de la Part Alta, el casco antiguo, en el Pla de la Seu. Desde Barcelona el tren regional tarda algo más de una hora, y desde la estación de Tarragona se sube a pie en unos veinte minutos, cuesta arriba. Cuánto tiempo. Hora y media, de la que al menos media hora en el claustro. Una advertencia honesta. Si tienes un solo día en Tarragona y lo que te interesa es el mundo romano, el anfiteatro y el circo van primero. Si lo que te interesa es la escultura, la catedral va antes que todo lo demás, y la mayoría de las guías te dirá lo contrario.

La continuación de este artículo está en Aragón: las dos catedrales de Zaragoza guardan el retablo que Pere Johan esculpió después de este, para el mismo comitente. Sin salir de Cataluña, Gerona tiene la nave gótica más ancha del mundo, Barcelona la iglesia más alta y la Seu Vella de Lleida el claustro puesto delante de la iglesia en vez de al lado.