Atención: este post tiene un alto contenido floral.
Te cuento el verdadero motivo por el que fui a Milán y por el que volví tres días después llena de sonrisas.
Y de tulipanes.
Milán, abril de 2017
Siempre estoy aquí hablando de arte, de artistas, de sitios que ver, de lugares de cultura y de historia. En realidad escribo sobre ello porque es lo que me apasiona, pero la verdad es que a veces me voy por motivos que no tienen nada que ver con el arte y la cultura.
Normalmente programo mis visitas y me estudio los itinerarios antes de salir. Últimamente dejo mucho al azar: saboreo los lugares que visito y los descubro poco a poco, sin expectativas. Y luego hay otras cosas que me gustan, es más, hay muchas cosas que me gustan. Me gusta el mar, me gusta mirar los paisajes desde lo alto, me gustan los animales, me gusta nadar y bucear, me gusta el sol y me gustan las flores.
¿Y qué tiene que ver esto con mi viaje a Milán? Te lo digo enseguida.

Mi amiga Raffaella se mudó a Milán hace unos meses para hacer un máster. Un día vi que en Cornaredo, a pocos kilómetros de la capital lombarda, estaban plantando un campo de tulipanes. Le escribí a mi amiga y le pregunté qué le parecía: «son mis flores preferidas», me contestó. El proyecto se llama Tulipani Italiani y nació de la idea de Edwin Koeman, un holandés de una familia de cultivadores de tulipanes que quiso traer a Italia un pedacito de los Países Bajos. No solo se pueden admirar estas flores: ¡también se pueden recoger!
A mí me gustan más o menos todas las flores, pero los tulipanes especialmente. Nunca he estado en Holanda durante la floración (¡y me muero de ganas de ir!) y jamás había visto un campo entero. Así que estuvimos siguiendo el evento y, en cuanto abrió sus puertas el primer campo you pick de tulipanes de Italia, reservé el tren a Milán.
Cuando empecé a decir por ahí que me iba tres días a Lombardía, la pregunta surgió sola entre mis parientes y amigos:
«pero ¿por qué vas a Milán?»
«voy a ver los tulipanes».
En realidad no sabía lo que me esperaba.

El campo de tulipanes hoy: qué ha cambiado
Como esta es la pregunta que más me llega, mejor dejarlo claro desde el principio: el campo ya no está en Cornaredo.
Aquel primer campo abrió en 2017, justo el año en que fui yo, y fue el primer you pick de tulipanes de Italia. En 2019 Tulipani Italiani se trasladó a Arese, siempre en el extrarradio milanés, donde hoy ocupa un par de hectáreas con más de cuatrocientas variedades, y mientras tanto nació un segundo campo en Grugliasco, a las puertas de Turín.
Hay, eso sí, una noticia importante si estás programando la excursión: para la temporada 2026 ambos campos están cerrados, y en la web oficial la cita se da para mediados de marzo de 2027. Así que si has visto las fotos por ahí y te has convencido para ir, consulta antes la web: la floración depende del tiempo y las fechas cambian cada año.
El mecanismo, cuando los campos están abiertos, es sencillo: se paga una entrada, se coge un cestito y se recogen las flores que quieras, pagándolas por tallo. Un par de consejos sueltos aprendidos allí mismo: ve entre semana y pronto por la mañana, porque los fines de semana de plena floración aquello se llena de gente y las hileras de tulipanes más bonitas se quedan peladas enseguida; y ponte zapatos que puedas manchar, porque el campo es tierra de verdad y, si ha llovido, lo notas al instante.
El Salone del Mobile, por casualidad
Llegué a Milán tarde para la feria de turismo BIT y en pleno Salone del Mobile. Nunca me había interesado por este evento, que en cambio atrae cada año a cientos de miles de personas y es la feria del mueble más importante del mundo. Mi amiga además es arquitecta y para su máster tuvo que asistir a varias conferencias y exposiciones también del Fuorisalone.
Sobre esto merece la pena una precisión, porque a quien no es del sector se le escapa: el Salone es la feria propiamente dicha, se celebra en Rho Fiera con entrada y durante años estuvo reservada a los profesionales; el Fuorisalone es, en cambio, todo lo que ocurre en la ciudad durante esos mismos días, entre Brera, Tortona e Isola, y es en gran parte gratuito y abierto a cualquiera. Si te pillan esos días de abril en Milán, el Fuorisalone es de hecho un festival de diseño repartido por la ciudad que se recorre a pie sin pagar nada. El único reverso de la medalla: los hoteles triplican los precios y los trenes se llenan, así que o reservas con mucha antelación o evitas esa semana.
El resultado fue que acabé básicamente colada en un grupo de diseñadores y arquitectos en muchísimos eventos. Ni que decir tiene que, además de divertido, ¡fue increíblemente estimulante! Ver objetos para la casa y piezas de mobiliario innovadoras, originales y diseñadas por artistas fue muy interesante. He amueblado no sé cuántas casas en mis distintas mudanzas, ¡pero nunca me había acercado tanto al mundo del diseño de interiores!
También me cambié y me maquillé en un baño público después de pasar el día por ahí y de haber subido al Duomo de Milán. Admiré exposiciones de arte contemporáneo e instalaciones de luces y mobiliario alucinantes. Probé cócteles cuyo nombre no sé pronunciar.



Algo de información práctica
Visto que este relato lo sigue leyendo quien está organizando un fin de semana en Milán, te dejo las pocas cosas que de verdad hacen falta.
Al campo de tulipanes se llega en coche sin problemas, mientras que en transporte público es más incómodo: desde Milán hacen falta un tren o un metro más un autobús, así que cuenta con una horita larga y comprueba los enlaces.
Sobre las terrazas del Duomo, que siguen siendo en mi opinión lo más bonito que se puede hacer en la ciudad: se sube a pie o en ascensor y se camina de verdad entre las agujas, con la Madonnina sobre la cabeza. Es la única atracción de este relato con colas serias, así que conviene coger la entrada antes; por cierto, el acceso a la catedral exige llevar hombros y rodillas cubiertos, un detalle que en verano pilla a bastante gente.
Por último, la primavera: abril es el mes adecuado para Milán, porque coincide con la floración y con la semana del diseño, pero justo por eso es también el momento más caro y concurrido del año. Si solo te interesan las flores, apunta a finales de marzo.
Salir de la propia zona de confort y moverse, aunque sea solo unos pocos kilómetros, irse de viaje, seguir una pasión, hacer algo solo porque te apetece, siempre trae algo inesperado. Y lo inesperado te hace descubrir cosas de ti que no imaginabas.
Entre tulipanes, iglesias y cócteles, entre aperitivos en sitios increíbles, lámparas espaciales e instalaciones rarísimas, mis tres días en Milán fueron quizá menos artísticos que la media de mis viajes, ¡pero desde luego inolvidables!
Y tú, ¿irías a Milán solo por un campo de flores?

