Nunca como hoy se habla tanto de viajes y ecología, de contaminación y de alarmas ambientales: nuestro estilo de vida está destruyendo el planeta a toda velocidad y convirtiendo este paraíso en un vertedero.

Con unas cuantas precauciones podemos vivir de una forma más respetuosa con el medio ambiente y aportar también nuestro granito de arena, tanto en el día a día como cuando viajamos.

Una advertencia honesta, porque si no este artículo sería hipócrita: la elección que de verdad pesa, cuando se viaja, es el medio de transporte, y hablo de ello más adelante. Todo lo demás son buenos hábitos que cuentan poco en el total de las emisiones pero mucho en los residuos que dejamos atrás, y que además hacen ahorrar. Vale la pena adoptarlos, siempre que no nos contemos que son suficientes.

Estas son mis 5 soluciones para reducir la contaminación cuando viajas, ¿preparado para descubrirlas?

La botella reutilizable

Hablando de viajes y ecología, lo primero que se nos puede venir a la cabeza es el uso desmedido que hacemos del plástico, y en particular de las botellitas de plástico. Hace ya unos años que dejé de comprar botellas de usar y tirar a cambio de mi practiquísima botella reutilizable. Así he reducido radicalmente el desperdicio de botellitas, y también su coste.

En viaje la botella reutilizable es todavía más cómoda que en la vida cotidiana, porque podrás llenarla en las fuentes y tener siempre una reserva de agua fresca.

Dos cosas útiles que conviene saber. La primera: en gran parte de Europa el agua del grifo es potable y muchísimas ciudades tienen fuentes públicas, desde los nasoni de Roma hasta las fuentes de Viena, alimentadas por los manantiales alpinos; existen además aplicaciones y mapas colaborativos que señalan los puntos donde llenarla gratis. La segunda: si vuelas, recuerda que la botella hay que vaciarla antes de los controles y llenarla después, en las fuentes que ya casi todos los aeropuertos ponen a disposición.

¡Vivan las botellas reutilizables!

Una botella reutilizable lista para el viaje

La bolsa reutilizable

Las bolsas de plástico son un accesorio fundamental en los viajes. Yo meto dentro los zapatos, la ropa sucia, las lleno a menudo de recuerdos que no caben en la maleta y cosas así. Pero ¿por qué, en lugar de las bolsitas de plástico, no usamos las reutilizables de tela?

Se lavan en vez de acabar dispersas en el medio ambiente, ocupan igualmente poco espacio y además son más bonitas a la vista.

En esto, por cierto, Europa se ha movido: la directiva UE 2019/904 sobre el plástico de un solo uso, en vigor desde julio de 2021, prohibió en toda la Unión los cubiertos, platos, pajitas, bastoncillos, agitadores y recipientes de poliestireno desechables. Muchos países han metido mano después también a las bolsas. En resumen, la bolsa de tela ya no es solo una elección virtuosa: en bastantes sitios es sencillamente lo único que te dan.

¡Desde hace unos años llevo siempre dos o tres conmigo en la maleta!

Una bolsa de tela reutilizable para la compra

Las toallas de los hoteles

Si pensamos en viajes y ecología no podemos dejar de detenernos en el problema de los hoteles, obligados a cambiar la ropa de cama a un ritmo exagerado: sábanas que, incluso después de una sola noche de estancia, se lavan.

¿Y si nos quedamos más tiempo?

¿Es realmente necesario cambiar la cama cada dos días? ¿Y las toallas, que exigimos que nos cambien todos los días? ¿De verdad hace falta?

Para evitar contaminar y reducir despilfarros inútiles, quedémonos las toallas y las sábanas varios días, pidiendo que no las cambien. El mecanismo casi siempre está ya previsto: el cartelito del baño suele explicar que la toalla que se deja colgada no se sustituye, mientras que la que se tira al suelo sí. Es una petición normalísima, y en muchos hoteles existe también la opción de saltarse del todo la limpieza diaria.

¡El cambio empieza por los pequeños gestos!

Toallas limpias en una habitación de hotel

Elige bien el medio: tren y carpooling

Aquí llegamos al apartado que pesa más que todos los demás juntos.

Trenes, aviones, coches, barcos: todos los medios que cogemos contribuyen a contaminar, pero no en la misma medida, y la diferencia es enorme. Según las estimaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente, el tren es con diferencia el medio más eficiente por pasajero: en un trayecto comparable, un viaje en tren puede emitir una fracción del CO2 de un vuelo, con reducciones que según los cálculos van del ochenta al noventa y tantos por ciento. En números redondos, se habla de decenas de gramos de CO2 por pasajero y kilómetro en tren frente a un par de centenares en un vuelo nacional.

Traducido: si un destino se puede alcanzar en tren en un tiempo razonable, coger el tren en lugar del avión es el gesto ecológico más eficaz de toda esta lista. Todo lo demás viene después.

Cuando en cambio el coche es inevitable, desde hace un tiempo he empezado a compartir el viaje con otras personas cuando me encuentro con el coche medio vacío. Uno de los servicios más cómodos que uso habitualmente es BlaBlaCar: ojo con el nombre de las cosas, eso sí, porque no es car sharing (es decir, el alquiler de coches a corto plazo) sino carpooling, o sea compartir las plazas libres de un viaje que harías de todas formas. No solo le hago un bien al medio ambiente, sino que además consigo ahorrar algo de dinero para invertirlo durante mis viajes.

Ten en cuenta también otras formas de turismo lento, consciente y relajado, como los caminos o las rutas en bicicleta.

¡Son buenos para la salud, para el medio ambiente y para la mente!

Un coche compartido en viaje, en carpooling

Para señoras y señoritas: ¿sabéis cuánto contaminan las compresas?

Hablemos de ello: casi todas las mujeres del mundo tienen la menstruación durante unos cuarenta años de su vida, cada mes, una semana. Unas más y otras menos, pero en cualquier caso la contaminación por compresas es algo que ya no podemos ignorar. Pensad en la cantidad de compresas que se tiran, multiplicada por todas las mujeres del planeta, una semana al mes durante cuarenta años.

A mí me da miedo.

Y no es solo una sensación: las compresas y los salvaslips están hechos en buena parte de plástico, hasta el punto de que la propia directiva europea sobre el usar y tirar los ha incluido entre los productos que deben llevar en la etiqueta la advertencia sobre la eliminación correcta y sobre la presencia de plástico.

Aparte del coste de las compresas, que en cualquier caso es alto, hoy existen alternativas eficaces, no contaminantes y cómodas que os harán ahorrar dinero, irritaciones de la piel y tiempo.

Se trata de las copas menstruales, un pequeño objeto que tiene el poder de cambiarnos la vida y de ayudarnos a reducir bastantes residuos. Una copa de silicona médica, si se cuida bien, dura años, lo que da una idea de cuántos paquetes no acaban en la basura.

Desde que la descubrí estoy tan entusiasmada que no volvería atrás por nada del mundo.

A mí me resulta comodísima. A menudo me olvido de que la llevo y me permite bañarme en el mar sin problemas, hacer excursiones a caballo sin tener continuamente el pensamiento de la compresa.

Este es un tema que hay que abordar sin duda cuando se habla de viajes y ecología, entre otras cosas porque otro punto a favor de la copa menstrual es que ocupa poquísimo espacio en la maleta. Una nota práctica para quien viaja: hay que esterilizarla en agua hirviendo al principio y al final del ciclo, algo no siempre cómodo en un albergue o en un camping, y en los países donde el agua del grifo no es potable hay que enjuagarla con agua embotellada. Si esto te parece un obstáculo, existen también compresas lavables y bragas menstruales, que resuelven el mismo problema de otra manera.

A quien dice que es incómoda, que da asco, que es asquerosa, solo le respondo que este es nuestro cuerpo y que si te da asco tu propia sangre tienes que trabajártelo, porque hay algo que no va bien.

¿Mejor lavarse las manos una vez más o contaminar el planeta?

Tú eliges.

Alternativas reutilizables a las compresas de usar y tirar

Viajes y ecología: ¡os toca a vosotros!

Espero que este post te pueda ser útil y te dé algún motivo de reflexión sobre nuestra vida y nuestras costumbres.

Ninguno de estos cinco hábitos, por sí solo, salva el planeta, y quien te lo prometa te está vendiendo algo. Pero meter en la maleta una botella reutilizable y una bolsa de tela no cuesta nada, pedir que no cambien las toallas tampoco, y elegir el tren cuando es posible sí que mueve de verdad la aguja de la balanza.

¿Y tú, cuál de estos hábitos has adoptado ya? ¿Hay alguno que se me esté escapando?