El pabellón que ves al pie de Montjuïc no es el de 1929. Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich lo proyectaron para Alemania en la Exposición Internacional de Barcelona, y al terminar la Exposición, en 1930, se desmontó. Lo que visitas es una reconstrucción, inaugurada en 1986 en el mismo lugar, con piedras de la misma calidad y la misma procedencia que las originales.
No contiene nada que mirar, en el sentido en que se mira un museo: ni salas ni vitrinas. Hay una cubierta plana, unas pocas paredes de piedra y de vidrio que nunca llegan a cerrar del todo el espacio, dos estanques y una estatua. Se entra con una entrada de 9 euros, pero en noviembre de 2026 el pabellón tiene un calendario propio, con dos cierres y once días en los que solo se entra para una instalación artística.
¿Qué hay que ver en un edificio que no contiene nada?
Un pabellón para Alemania, en 1929
La Exposición Internacional de 1929 ocupaba la montaña de Montjuïc, y los países participantes construyeron allí sus pabellones nacionales. El alemán lo diseñaron Mies van der Rohe y Lilly Reich, que en 1928 había sido nombrada directora artística de la sección alemana, el mismo cargo que Mies.
¿Para qué servía un pabellón sin nada que exponer?
Para recibir. Era el escaparate oficial de Alemania, y allí se celebró la recepción oficial presidida por el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, junto con las autoridades alemanas.

Terminada la Exposición, en 1930, el pabellón se desmontó, y durante más de cincuenta años dejó de existir.
Cuatro piedras, el acero y el vidrio
El espacio está hecho de pocos elementos, y cada uno tiene un material distinto. La cubierta es una losa plana y blanca, y debajo ves unos pocos pilares finos de acero y paredes que nunca llegan a formar una habitación cerrada: se pasa de dentro afuera sin notar el umbral.
Las piedras son cuatro: travertino romano, mármol verde de los Alpes, mármol verde antiguo de Grecia y ónice dorado del Atlas. Con ellas están el acero de los pilares y de las carpinterías y el vidrio de las grandes paredes transparentes.

El muro de ónice
Bajo la cubierta se levanta un muro exento, que no cierra ningún espacio: el muro de ónice dorado. Acércate y mira las vetas. Las placas se cortaron y se colocaron una junto a otra de modo que las líneas se repitan como en un espejo de una placa a la siguiente, como las alas de una mariposa.

En el pabellón encuentras también los asientos que Mies y Reich diseñaron para este edificio, la silla Barcelona y su taburete: una estructura de metal en forma de X y un cojín de cuero. Se siguen fabricando hoy, y probablemente ya has visto una sin saber de dónde venía.

Los dos estanques y la estatua de Kolbe
El pabellón tiene dos estanques. El más grande está al aire libre, cerrado por muros de travertino, y a través del agua poco profunda se ve el fondo cubierto de guijarros.

El más pequeño está en un patio cerrado por paredes de mármol verde, y en una esquina hay una estatua de bronce: una mujer con los brazos levantados sobre la cabeza. Es una reproducción de El amanecer del escultor alemán Georg Kolbe.

La reconstrucción de 1986
¿Por qué volver a levantar un edificio que había durado tan poco?
Porque ese poco había bastado para convertirlo en un modelo. En 1980 Oriol Bohigas, que dirigía el urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona, puso en marcha el proyecto de reconstrucción; los arquitectos Ignasi de Solà-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos estudiaron las fuentes, diseñaron y dirigieron las obras, que empezaron en 1983. El nuevo pabellón se inauguró en 1986, en el emplazamiento original.
Hoy lo gestiona la Fundació Mies van der Rohe, que lo usa también para exposiciones e instalaciones artísticas temporales: por eso su calendario está lleno de días especiales, y siempre conviene mirarlo antes de ir.
Información práctica
Datos verificados el 28 de octubre de 2026 en la web oficial miesbcn.com. Los precios y los horarios cambian: vuelve a comprobarlos antes de viajar.
El pabellón es el primero de tres edificios cercanos en la montaña. Un poco más arriba está el Poble Espanyol, el pueblo construido para la misma Exposición de 1929, y más arriba la Fundació Joan Miró, un edificio moderno construido expresamente para albergar arte. Para ver qué construía Barcelona con ideas muy distintas, la comparación es con la Casa Batlló de Gaudí, terminada más de veinte años antes.
Fotografías de Wikimedia Commons: el pabellón con los muros de travertino, de Christian Gänshirt, CC BY-SA 4.0; el mármol verde y las cristaleras, el muro de ónice y el estanque grande, de Ardfern, CC BY-SA 3.0; los taburetes delante del ónice, de Cl3phact0, CC BY-SA 4.0; la estatua de Kolbe, de 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0.